Redacción Quito
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En su iniciativa se gana con el picante del ají

Los paladares de amigos y familiares de Christian Báez empezaron a sentir el picante de los ajíes de Chiliflame, en el 2010. Este emprendedor, que invirtió USD 800 para levantar su negocio, solicitaba la opinión de sus conocidos sobre la calidad del producto.

En principio Báez intentó emprender un negocio de elaboración de mermeladas gourmet. Fue Catalina Yacelga quien le sugirió optar por las especerías picantes. Con ella formó una sociedad que terminó a los pocos meses por diferencias en la imagen corporativa del emprendimiento.

Luego de analizar el mercado local, este emprendedor optó por especializarse en los diferentes aromas y sabores de los ajíes criollos. “Necesitaba una fuente de ingresos porque estaba desempleado. Tardé tres meses en investigar sobre su cultivo y las particularidades del fruto”.

Hoy, con una producción mensual de 960 frascos de ají gourmet y jalapeños encurtidos, Chiliflame mantiene ventas que oscilan entre USD 800 y 1 200 al mes.

La coloración del ají se relaciona con su estado de maduración. El ají amarillo corresponde a frutos de cuatro meses de cultivados; el naranja a los de cinco meses; y los rojos, los más picantes, son los que han sido cosechadas a los seis meses.

Armando Morales se confiesa como un adicto a los picantes. Él consume Chiliflame desde hace un año y sugiere los ajíes gourmet con pizza. “Le he pedido a Christian Báez que haga conservas más picantes. Es una conserva para iniciarse en el consumo de picantes”, señala este cliente que consume hasta 10 frascos al mes.

La diferencia en el picante de los ajíes -que se mide en grados Scoville- es parte de la oferta. Los chiles amarillos están sobre los 1 500 grados, los naranjas en los 10 000 mientras que los rojos alcanzan los 50 000 grados Scoville.

Una de las tiendas gourmet, a escala nacional, donde se comercializa Chiliflame es la de Fundación Chankuap. Alex Andrade, responsable de la filial en Quito, manifiesta que se venden unos 60 frascos de Chiliflame en sus dos presentaciones, al mes. “Las certificaciones de calidad motivan a que los clientes los compren”.

El emprendimiento ubicado en el norte de Quito emplea a dos personas. “Mi madre, Julieta Jácome, es un pilar fundamental en el negocio”, señala Báez.

La combinación predilecta para Eduardo Aguilera, consumidor desde hace dos años, es el Chiliflame gourmet y jalapeño con pulpo en conserva.

Datos

Los estudios. Christian Báez, ingeniero agrónomo, se encarga del control microbiológico de las plantaciones que le proveen el fruto.
La inversión. Para comprar una cortadora industrial destinó USD
2 800. Procesa 10 kilos de ají por minuto.