Julissa Villanueva / Redacción Guayaquil
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José Furoiani lleva medio siglo en la arquitectura local

En la oficina de José Antonio Furoiani Villagómez resaltan planos, maquetas, placas de reconocimiento y un gallo de 60 centímetros, que es la insignia de Ciudad Santiago, una de las urbanizaciones que levanta en el norte de Guayaquil.

Un nuevo amanecer’ es el eslogan del proyecto. “Y qué mejor que despertar con el canto de un gallo”, dice Furoiani, el arquitecto número 12 que registró Ecuador en los años sesenta, cuando se creó el Colegio de Arquitectos del Guayas. Era tan poco común esta profesión, que en sus inicios le decían ‘ingeniero’. Fue cuestión de tiempo, para aclarar en qué consistía su trabajo y ser llamado por su título.

Cincuenta años después de crear cientos de diseños arquitectónicos, muchos de ellos insignes de la ciudad y del país, Furoiani es un referente en el mundo de la construcción local. Su apellido es la marca de la constructora que dirige con dos de sus hijos: José Luis y Ana María.

El Planetario de la Armada, la Federación Ecuatoriana de Fútbol, la Politécnica del Litoral, el Hospital de Niños Roberto Gilbert Elizalde, en Guayaquil, y el Hospital de Solca, en Manabí, son parte de las obras que perennizan su nombre.

Se dice fiel admirador de las familias ecuatorianas, especialmente de las guayaquileñas que son con quienes ha tenido más contacto, porque entre sus prioridades siempre está tener un techo. Y cuando finalmente adquieren uno, generalmente a crédito, luchan por pagarla a tiempo y cuidarla con su vida.

En ese contexto, dice que la gente es aspiracional. “Ofrecemos casas de todo precio, pero me puede creer que cuando se da a elegir entre una y otra, generalmente eligen las de mayor precio, porque tiene mayor confort”.

Eso y la gran mano de obra que genera en cada uno de sus proyectos lo motivan a seguir en el mundo de la construcción, según ha podido advertir Alfredo Navarrete, proveedor de la firma Graiman. Cuando él ve a tanta gente trabajando como gasfitero, albañiles o en demás oficios se le nota su satisfacción.

Como excelente profesional y algo reservado caracteriza Navarrete a Furoiani.

El Hospital Roberto Gilbert es una de las obras que marcó a este manabita, que nació en 1935 en su Bahía de Caráquez. El centro hospitalario para niños fue inaugurado en octubre del año 2000 y atiende a unos 78 000 pacientes al año.

“Esta obra se hizo en una época en la cual la construcción estaba un poco deprimida, porque esto es cíclico. Pero es una actividad noble que se recupera con mucha facilidad, porque depende mucho de la gente”, advierte.

José Antonio Furoiani confiesa que siempre prefirió un perfil bajo, pero sus amigos se empeñan en mantenerlo en la palestra pública, bromea y sonríe.

La Asociación de Promotores Inmobiliarios de Vivienda del Ecuador (Apive), le concedió el mes pasado el nombramiento de director vitalicio de la institución. “Es un reconocimiento destacando su labor profesional en beneficio del país”, comenta el presidente del gremio, Jaime Rumbea.

Constructora Furoiani tiene en proceso levantar 5 600 casas para gente de diferentes niveles socioeconómicos entre los proyectos Ciudad Santiago, Milann y Napoli I. En su trayectoria al frente de la empresa ha construido unas 13 000 viviendas en Guayaquil.

Grecia Cando, presidenta del Colegio de Arquitectos del Guayas, dice que este gremio vive básicamente por el aporte profesional y el conocimiento de socios como Furoiani Villagómez, Antonio Loor, Roberto Béjar, Juan Péndola, entre otros, que con su trayectoria cimentan las bases de una organización que cada vez se va innovando. Todos ellos han tenido en sus manos, alguna vez, la dirección del Colegio de Arquitectos y la han llevado siempre por buen camino.

Cando, quien además es concejala de Guayaquil, destaca a Ciudad Santiago como un proyecto inmobiliario con mucha connotación social, con 4 000 viviendas en el primer grupo y otras 4 000, en el segundo. Hay casas desde USD 20 000.

Pero un dato curioso que, a criterio de Cando dice mucho de él como persona, es que es reconocido en el gremio por poseer un espíritu de unidad que inspira entre sus colaboradores. “Constructora Furoiani tiene un grupo coral angelical, que está conformado por su personal administrativo. Tiene que ver una de sus presentaciones para saber de lo que hablo”.

La evolución de la construcción ha definido claramente algo: antes el principal cliente era el Gobierno, con obra pública, ahora son los empresarios privados y la gente. Para él, la adquisición de vivienda propia se fue democratizando a partir de una serie de incentivos que iniciaron en el gobierno de León Febres Cordero, y se afianzó con el actual Régimen.

Definitivamente la participación del Biess inyectó esa dinamia en la construcción, advierte Furoiani. Y la entrega de bonos también, aunque lamentablemente ese beneficio se suspendió. Es algo que sugiere que el Gobierno debiera revisar.

Ya con su medio siglo de trayectoria, este arquitecto de 77 años está en un proceso de transición que consiste en dejar las riendas del negocio a sus hijos. De tres, dos trabajan en la marca Furoiani.

Un poco más sobre su trayectoria

  • Sus obras. Estas pueden ser encontradas en Quito, Guayaquil, Cuenca, Manta, Portoviejo, Daule y Samborondón, por mencionar algunas localidades en las que junto a su empresa, Furoiani Obras y Proyectos, ha desarrollado todo tipo de construcción.
  • Reconocimiento. Fue nombrado director vitalicio de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Viviendas.