El otavaleño César Flores incursionó en la confección de zapatos, de variadas formas pero con toque andino. Foto: Francisco Espinoza / LÍDERES

El otavaleño César Flores incursionó en la confección de zapatos, de variadas formas pero con toque andino. Foto: Francisco Espinoza / LÍDERES

José Luis Rosales
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Kory Malku, la marca del calzado andino

22 de agosto de 2016 10:07

Cuando tenía 15 años, el kichwa otavalo César Flores dejó su ciudad natal y viajó a Europa. Al principio, como varios de sus coterráneos, se dedicó a la venta de artesanías andinas, en varias ciudades de Bélgica y Holanda.

Al año retornó al país, pero fue por un período corto. Luego, hizo otros viajes y estadías más prolongadas en el Viejo Continente.

Residió en Verona, Italia, durante 15 años. En esa ciudad trabajó en factorías especializadas en la producción de papel y de calzado. Pero Hace dos años retornó a Otavalo, en donde vive su familia.

Flores, que viste de pantalón jean y camisa y tiene su cabello largo, recogido en trenza, como se identifica a los indígenas otavaleños, le apostó a la confección de zapatos con un toque andino.

Así creó la marca Kory Malku (Cóndor de Oro, en español). El nombre proviene de dos vocablos: kory (oro), de la lengua quechua, de Perú, y Malku (cóndor), del aymara, de Bolivia. “Es un recuerdo de amigos de esos países que hice en mis viajes”.

Antes de arrancar con este emprendimiento, este músico de profesión probó suerte en la confección de aretes, manillas y collares, con mullos y corales.

Pero por su vocación de innovador buscaba un tipo de negocio que permita plasmar sus conocimientos. Flores explica que le surgió la idea de fabricar zapatos, de forma artesanal. Para ello, decidió experimentar con la técnica tradicional de elaborar las alpargatas, como las hacía su padre, con diseños contemporáneos.

En esta iniciativa no estuvo solo. Sus hermanos, Luis y Dolores, se sumaron para impulsar el negocio.

Para equipar el pequeño taller, que instalaron en la comunidad de Peguche, a cinco minutos de Otavalo, invirtieron alrededor de USD 7 000. La mayoría, explica Flores, provino de sus ahorros.

Con este dinero adquirieron tres máquinas. En una se hacen los cortes de las piezas, la otra es de costura. Mientras que la tercera permite realizar las molduras del calzado.
En el pequeño taller artesanal

trabajan dos personas. Cada mes producen unos 100 pares. Pueden triplicar esa producción, pero depende de la cantidad de pedidos que reciben.

Hasta el momento, Kory Mal­ku ha desarrollado 10 modelos entre botines, botas, baletas, sandalias, mocasines y deportivos, para adultos y niños. De los diseños se encarga César.
El detalle principal de esta marca es que para el corte emplean telas, de vistosos colores, que son hechas en los telares de la parcialidad de Peguche. Estos tejidos de hilos, que son conocidos como pescaditos, se alternan con piezas de cuero y plantillas de goma y caucho.

La variedad de modelos, colocados en orden en estanterías, se exhibe en un almacén que abrieron cerca al Mercado Centenario, en Otavalo, más conocida como Plaza de Ponchos.
En el calzado de damas hay desde la talla 34 hasta la 40. En los modelos para varones, de la 34 a la 43. Mientras que para los niños del número 28 a 32.

La mayoría de clientes son turistas extranjeros, explica Dolores Flores, que se encarga de la atención del almacén.

Aunque también comenta que el producto seduce a los vecinos y visitantes nacionales. Telmo Perugachi, de Quito, comenta que le atraen los colores fuertes de las zapatillas.

Otra de las estrategias para hacer conocer su producto son los comerciantes otavaleños que viajan por el mundo. Por eso, durante la festividad del Pawkar Raymi (Fiesta del Florecimiento), en donde la mayoría de migrantes está de retorno, aprovechan para promocionar sus diseños. Así han llegado a Canadá, México, España, Francia.

También promoción la marca en redes sociales como Facebook. Allí suben fotografías de los diferentes diseños de zapatos.

La microempresa familiar apunta al mercado internacional. Buscan más contactos con los viajeros otavaleños.