Matilde Villarreal y Óscar Luna son propietarios del emprendimiento que elabora ají artesanal. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Matilde Villarreal y Óscar Luna son propietarios del emprendimiento que elabora ají artesanal. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO.

Redacción Quito (I)
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Un huerto casero dio paso a su ají artesanal

17 de enero de 2016 15:27

‘Yo soy como el chile verde, llorona. Picante pero sabroso”, es una de las estrofas interpretadas por la can­tau­tora mexicana, Chavela Vargas. Esta pieza musical titulada La Llorona inspiró a Óscar Luna y a Matilde Villarreal, para la elaboración del ají artesanal tipo encurtido, que lleva el mismo nombre de la canción.

El refrito que contiene este alimento “es una receta secreta”, que traspasó por generaciones en la familia de Óscar Luna, copropietario del proyecto.

El centro de abastecimiento para elaborar esta salsa picante es el huerto casero de la vivienda de Luna, ubicada en el sector de Pusuquí, en el norte de Quito. En el lugar se cosecha chile rojo, jalapeño, orégano, etc. Pero este emprendimiento también tiene proveedores que exponen los alimentos en ferias ecológicas.

La Llorona también compra insumos a los productores locales, quienes tienen contacto en las
seis ferias ecológicas en las que participa el emprendimiento.

En esta iniciativa, la producción agroecológica es un componente importante: el principal el objetivo es ofrecer un alimento sano, libre de preservantes y colorantes, explica León.

Además, con la elaboración del ají artesanal, la idea es resaltar la diversidad que tiene la gastro­nomía ecuatoriana y las combinaciones que se pueden llevar a cabo con el ají.

En agosto del año pasado, Luna y Villarreal invirtieron un capital de USD 2 000, para adquirir el equipo necesario para procesar el ají, entre ollas y otros instru­mentos de cocina básica.

Para la preparación, esta pareja emprendedora se toma cuatro horas todos los fines de semana para preparar el refrito. Luego lo envasan en frascos de 212 gramos. Para la importación del empaque desde Perú y Colombia, como para la compra de ingredientes, La Llorona invierte USD 300 al mes.

Erick Orbe, diseñador multimedia independiente, trabajó en la parte gráfica del emprendimiento. La idea del diseño era resaltar la elaboración artesanal del ají, explica. Por eso, escogieron colores en tonalidades café y crema.

Además, en el logo agregaron la silueta de la Cordillera de los Andes, por ser parte del paisaje del Ecuador. Para la comercialización del ají artesanal, La Llorona participó en la feria del Mercadillo del Patio del Arupo, que está ubicado en el sector de la Av. América, en el norte de Quito.

En octubre del 2015, la exhibición de la marca en las ferias orgánicas de alimentos permitió que la cafetería Teo & Tea adquiera el producto para preparar empanadas artesanales, además de exponerlo en las perchas de su tienda orgánica. Érica Ruiz, propietaria del local, menciona que La Llorona es diferente a los demás por el sabor consistente que ofrece.

A diciembre de este año, la idea es aumentar la producción a unos 400 frascos mensuales, dice Matilde Villarreal, socia del proyecto. Y también es llegar a tiendas ecológicas de la capital.

Mientras tanto comercializarán el ají personal a domicilio si se hacen pedidos de más de una docena o por unidad a través del portal YaEstá.com, que desde noviembre del 2015 vende La Llorona.

Diego Crespo, gerente comercial de este portal, señala que La Llorona tiene aceptación en sus usuarios. “Una vez que lo consumen compran de nuevo”, dice.