La clínica, ubicada en Quito, cuenta con 16 empleados entre médicos y administrativos. Fotos: Vicente Costales/LÍDERES
Mónica Orozco. Redacción Quito / LÍDERES
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Larco visión hizo de la tradición familiar un servicio con alta tecnología

En 1950, el oftalmólogo Hugo Larco abrió el primer consultorio de esta especialidad en Ibarra. El servicio profesional y el trato humano hizo que su nombre se difundiera en la zona. A su consulta, ubicada en pleno centro, llegaban pacientes del norte del país e incluso de Ipiales, Colombia.

Una de sus hijas, Elizabeth Larco, dice que prácticamente creció en medio de los pacientes. Cuando tenía 10 años, recuerda que su padre operó a una paciente de escasos recursos que, por un problema de catarata, no había podido conocer a sus nietos. "Cuando mi padre le devolvió la vista, lloraban médicos, enfermeras, familiares, porque al fin pudo conocerlos".

Inspirados en su ejemplo, la oftómetra Elizabeth Larco y sus tres hermanos (Marcelo, Pablo y Roberto), quienes son oftalmólogos, construyeron lo que hoy es Larco Visión, una clínica especializada en cirugía ocular. Marcelo, quien gerencia la firma, comenta que la medicina ocular y los pacientes han evolucionado.

"Hoy los pacientes no solo quieren quitarse la catarata, son muy exigentes, quieren volver a trabajar pronto, quieren ver con nitidez porque hacen deporte, usan computador...".

Marcelo, junto a sus hermanos Pablo y Roberto, se especializaron en la Escuela Paulista de Medicina de Brasil.

Terminada su carrera y luego de trabajar en hospitales públicos y privados, formaron una asociación bajo el nombre de Clideol. De manera paralela, en el 2000 decidieron reabrir el consultorio que tenía su padre en Ibarra, cerrado tras su fallecimiento.

Recuerda que, incluso, realizaban "postas" los fines de semana: en una furgoneta colocaban los equipos y se trasladaban a centros urbanos y poblados en el norte del país.

"Operábamos a gente de escasos recursos, no gratis porque los insumos son costosos, pero a precios asequibles y eso nos permitió, además de ayudar a la gente, darnos a conocer", rememora.

En el 2010, con el fin de innovar sus servicios y mejorar la atención a los pacientes, decidieron arriesgarse y darle un carácter empresarial al emprendimiento.

Este giro incluyó un cambio en el nombre comercial de la clínica que pasó a llamarse Larco Visión.

"Gastábamos mucho en utilizar quirófanos de clínicas privadas y dijimos por qué no tener el nuestro propio".

El proveedor de los equipos confió en su perfil profesional y en ese año adquirieron lo más reciente en tecnología, con una inversión inicial de USD 300 000.

Pero la oftalmología sufrió una transformación tras el desarrollo de los equipos láser en el 2012. Antes, los cortes se hacían con cuchilletas. Larco Visión decidió no quedarse a la zaga y desde entonces cada año renueva sus equipos.

"Son equipos muy costosos, pero vale la pena la inversión porque permite una adecuada recuperación del paciente, un servicio de más calidad, una cirugía mucho más precisa y segura", dice Marcelo Larco mientras muestra videos donde explica los procedimientos quirúrgicos.

Los equipos láser permiten realizar intervenciones oculares como transplantes de córnea, cirugías refractivas (para corregir astigmatismo, miopía), cirugías de catarata asistidas con láser, etc.

Hernán Rodríguez Castelo, escritor y subdirector de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, fue uno de sus pacientes. Acudió por un problema de catarata en ambos ojos y miopía avanzada en el ojo derecho, y requería una intervención. "Llevo 50 años de leer sin parar, a veces en condiciones poco apropiadas sobre todo en mi época de juventud".

Destaca los equipos de última generación con los que dispone la clínica. "Todo culminó perfectamente y mejoró totalmente la condición de la visión".

El diseñador Germán Jácome es otro paciente, quien destaca el servicio postoperatorio. "Dieron un buen seguimiento a mi recuperación".

Entre el 2010 e inicios de este año, Larco Visión invirtió USD 2,15 millones, a través de endeudamiento bancario.

La empresa, que empezó con los hermanos Larco, hoy dispone de 16 personas, entre médicos y administrativos.

La insignia

Ana Ruiz. Relacionista pública de Larco Visión

Yo trabajo desde el 2010 cuando la empresa renovó su imagen. La principal experiencia que uno aprende acá es el bienestar de los clientes y ayudar a la persona que lo necesita. También se desarrolla empatía con el cliente. He adquirido habilidades que no sabía que tenía como capacidad de organización, gestión administrativa, trato con clientes, etc. Esta es una empresa que ha ido creciendo con base en la experiencia. Cuando arrancamos en las nuevas oficinas en el 2010 era, junto a una secretaria, la única empleada. Ahora somos 16 personas. Los principales valores de la empresa son la unión y que trabajamos como una familia. Las fortalezas de la empresa son el trato humano, la calidad del servicio y el trabajo profesional de los médicos. Cuando yo empecé, ya teníamos bastante clientela y hemos ido creciendo más.