Tenis

Álex Peña junto a tres de los alumnos que llegan a las canchas del Círculo Militar. Foto: María Isabel Valarezo / LÍDERES

Pedro Maldonado (I)
Twitter: @pedromal
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‘Con ganas e intensidad se logra todo en la vida’

25 de enero de 2015 16:48

“Mi vida es el tenis. Mi papá y mis hermanos lo juegan. Yo aprendí a jugar en Cuenca, mi tierra natal a los 4 años de edad, ahora tengo 49.

Fui jugador profesional, ahora soy entrenador y por el deporte viajé por el mundo. Estuve involucrado en torneos como los Challenger, la Copa Davis, etc.

Pero la noche del 1 de abril del 2000 mi vida dio un giro. Al salir del Club Buena Vista, en Quito, luego de jugar, me intentaron asaltar. Unos delincuentes me persiguieron en otro vehículo. Fue un error no haber dejado que se lleven mi auto. Me chocaron y me volqué.

Un conocido que me socorrió llamó a mi hermana y me llevaron a una clínica privada. Estaba consciente y llegué caminando. Me acosté en una camilla para que un médico me revise.

Estuve cuatro días en coma, dos semanas en cuidados intensivos y dos meses hospitalizado. Sufrí un hematoma craneoencefálico y mis esperanzas de vida se complicaron. Mi pierna y brazo izquierdos se paralizaron seis meses. Las probabilidades de volver a caminar eran mínimas.

Empecé a estudiar cómo se jugaba el tenis en silla de ruedas. Pensé que ese iba a ser mi futuro.

Seis meses después recuperé la movilidad del brazo y la pierna. Tuve una nueva oportunidad y me dediqué intensamente al deporte. A raíz del accidente valoré mucho más la vida. Hago bicicleta, juego tenis, racquet…

Con esta nueva oportunidad de vivir formé la fundación Escuela Ecuatoriana Tenis en Ruedas, pensada en personas con discapacidades. Fue una aventura y surgió en el 2006 gracias a los amigos en el mundo del tenis.

El Círculo Militar me ayudó con canchas y baños habilitados para personas en sillas de ruedas. Otros clubes también quisieron ayudar, pero por distintas circunstancias no pudieron.
Las cosas se fueron dando y nos especializamos en niños con distintas discapacidades. Ellos están llenos de ternura; para mí son una inyección de ganas para seguir trabajando y viviendo.

Más de 80 niños y adultos han pasado por la fundación. Menores con síndrome de Down, discapacidad visual y auditiva… Por ellos estoy estudiando lenguaje de señas. A ellos les damos cariño y comprensión.

Nos apoya la empresa privada. Con sus auspicios compramos sillas de ruedas, implementos, uniformes…. Cada empresa se compromete y nos apoya. Mientras más se sumen podremos ayudar a más personas.

Los niños me piden que firme sus libretas de calificaciones, que sea su padrino de confirmación, me escriben a diario, me llaman, me cuentan cómo va su vida... ¡Cómo no voy a sentirme realizado! Aquí todos encuentran motivos para seguir adelante. Conversamos, nos reímos, nos molestamos y disfrutamos de cada momento.

También doy charlas motivacionales en empresas. Me enojo cuando llega la noche, porque es un día menos. Mi vida cambió en todo sentido, en mi manera de pensar, en el ánimo, en todo. Ahora estamos por construir en Quito un complejo deportivo solo para personas con discapacidades. Está avanzando con apoyo de las autoridades”.

Ponerle ganas

Lo que me pasó fue una situación muy difícil y complicada. Me dieron los santos óleos y yo me dije que no podía terminar así mi vida. Pensaba en mi hijo, en mi papá, en toda mi familia. Pasé cerca de tres años en un proceso de recuperación física y mental. Cuando me recuperé, la fórmula que utilicé y utilizo día a día es ponerle ganas a todo. Por eso ahora vivo con intensidad cada momento.

Ser un ejemplo
Mis pasiones son dos: los niños y el tenis. Hoy vivo para los pequeños y soy feliz al ver el entusiasmo y la alegría que tienen cuando llegan al entrenamiento, cuando toman la raqueta en sus manos, cuando dan un golpe y gritan emocionados. Además, ser su entrenador es una gran responsabilidad. Tengo que ser un ejemplo para estos chicos con quienes comparto mi vida.

No tener límites
El eslogan de la escuela es “Lo difícil lo hacemos inmediatamente y lo imposible nos demoramos un poco”. Con esto queremos transmitir el mensaje de que si niños ciegos o cuadrapléjicos quieren jugar tenis, todos podemos. No importa qué actividad sea, lo que cuenta es el deseo. No tenemos que pensar en los límites, de esa manera todos podemos encontrar motivos para seguir adelante a pesar de cualquier dificultad.