Arturo Castillo. Motivador y prof. de técnicas psicorelajantes
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'Líderes, nacen o se hacen a sí mismos'

El Especialista

Se habla insistentemente acerca de diferentes tipos de liderazgo, cada uno con sus fortalezas y debilidades. Debe entenderse, sin embargo, que estas tipologías se desprenden o son consecuencia de las diversas personalidades existentes. Sería más coherente, entonces, referirse a los caracteres y sus manifestaciones en las interacciones sociales.

Pensar que el liderazgo inspirador y carismático, el dominante y egocéntrico; el tecnócrata y el humanista, son expresiones aisladas, escindidas, de la conducta total de los sujetos, es un signo de incomprensión de cómo funciona la psique, de cómo incide el factor ambiental en el desarrollo de la personalidad.

De otra parte, es seguir insistiendo en la idea de que el trabajo está divorciado de la vida. Es concebir la existencia desenvolviéndose en dos escenarios, disímiles y confrontados.

¿Cuál es, por ejemplo, el sustento anímico y psicológico del líder inspirador? ¿Qué experiencias tempranas vivió que hicieron de él un sujeto solidario? En el otro extremo, ¿qué entorno, qué situaciones gestaron al líder impositivo, egocéntrico? Pensar que el solo proceso profesional, la adquisición de títulos académicos o el aprendizaje de 'técnicas para ejecutivos exitosos' tienen el poder para fabricar tal o cual tipo de liderazgo, a manera de una súper estructura capaz de subsumir a la psiquis, constituye un atajo conceptual, que permite etiquetar a los individuos. El punto es, entonces, si los líderes, de diferentes características, nacen o se hacen, si se construyen con disciplina y esfuerzo, o si hay tendencias de la personalidad que terminan imponiéndose.

La respuesta es que jamás opera un solo factor en la constitución de la personalidad, que se trata más bien de un proceso multicausal, de eventos interactuantes, internos y externos. ¿Se puede elegir qué clase de líder se desea ser? Claro que sí. Ello podría entrañar, sin embargo, vencer la propia naturaleza, librar una batalla feroz con el ego, siempre obstinado y rotundamente opuesto a todo lo que implique cambio, evolución.

Finalmente, quizás la clásica tipología de los cuatro temperamentos (sanguíneo, melancólico, colérico, flemático), ayude a sustentar la antojadiza clasificación de los distintos tipos de liderazgo.