placeholder
La planta de producción de Rikocom Alimentos está en Amaguaña, al oriente de Quito. Allí se elaboran salsa de tomate, mayonesa,  mermeladas y más productos. Fotos: Pavel Calahorrano / LÍDERES

La planta de producción de Rikocom Alimentos está en Amaguaña, al oriente de Quito. Allí se elaboran salsa de tomate, mayonesa, mermeladas y más productos. Fotos: Pavel Calahorrano / LÍDERES

La marca que volvió para crecer

19 de diciembre de 2017 16:48

La marca Pinandro está aprovechando una segunda oportunidad y lo está haciendo bien. Creada en 1967, esta salsa de tomate industrializada parecía que tuvo sus días contados a finales de las década de 1980 e inicios de los años 90.

Creada por la familia Restrepo, en Pimampiro (Imbabura), Pinandro creció en el mercado nacional en los años 70 y 80. Pero la llegada de nuevos competidores, nacionales y extranjeros, frenó su crecimiento y sus creadores decidieron retirarla del mercado. Todo hacía pensar que estaba condenada a desaparecer.

Pero la marca ‘resucitó’ en el 2013 cuando la familia Alarcón la adquirió, junto con la receta de la salsa de tomate. Así nació Rikocom Alimentos, una empresa que apostó por la producción de salsas, aderezos, mermeladas y otros productos de la industria de alimentos.

Lo primero que hicieron los nuevos dueños -en el 2014- fue adecuar un galpón ubicado en Amaguaña, al oriente de Quito. Fue necesario invertir en maquinaria y contratar personal. Al principio no eran más de seis personas las que empezaron a elaborar la salsa de tomate.
Los nuevos dueños de la marca expandieron el portafolio y actualizaron las presentaciones.

Del frasco de vidrio se pasó a sachets y botellas pet. Además, se empezó a producir ají, mayonesa, mostaza, mermeladas, entre otros productos alimenticios.

“Tratamos de rescatar la marca que estaba casi perdida y que tenía recordación en personas mayores de 60 años”, dice Andrés Alarcón, director de Rikocom Alimentos.

Hoy en día, la empresa tiene 17 ítems en distintas presentaciones que se elaboran en 10 líneas de producción. El trabajo se cumple en una planta que cuenta con maquinaria importada de Estados Unidos, China y Argentina. También se utilizan marmitas (una especie de ollas industriales) fabricadas en Ecuador.

El proceso para la elaboración de los productos se cuida en cada detalle: desde la llegada de la materia prima, hasta la programación y revisión de los equipos. Empacadaoras y selladoras automáticas con pantallas digitales se mezclan con tuberías aéreas y batidoras industriales.

El trabajo se cumple en un espacio de 1 500 metros cuadrados. El ritmo de trabajo al interior de la planta de producción es bastante movido y se cumple en turnos y contrasta con la tranquilidad del sector, en donde luce imponente el cerro Pasochoa.

Alarcón dice que comenzar una empresa tiene sus puntos a favor y en contra. “Lo bueno de arrancar desde cero es que podemos crecer mucho. De no vender nada a vender algo significa que las ventas ya se duplicaron”.

Las dificultades han pasado por el tema de la competencia y la situación económica del país. “Hay competidores fuertes y bien posicionados con más años de experiencia. Ha sido duro, complejo, un tema de mucha paciencia”.

Hoy los productos llegan a cadenas de supermercados, autoservicios, tiendas a escala nacional. En Pichincha, uno de los distribuidores es Armar. Su gerente, Freddy Arellano, explica que trabajan con Rikocom desde hace cinco meses.

En este tiempo Armar ha distribuido los productos de Rikocom en el sur de Quito, así como en el valle de Los Chillos. Arellano dice que son productos de calidad y con variedad, por lo que los pedidos se incrementan cada mes.

Los puntos a los que Armar entrega son principalmente tiendas de barrio, minimercados, panaderías y abastos. “Para nosotros Rikocom es un socio estratégico”.

Alarcón reconoce que el trabajo es complicado, pero también indica que el esfuerzo da frutos. La empresa maquila y elabora marcas blancas para grandes industrias del sector de alimentos y continúa preparando nuevos productos (como una especie de papilla de frutas) para lanzarlos al mercado. Todo esto permite calcular que las ventas de la compañía crecerán en el 2018 un 30% en comparación con este año, según cuenta Alarcón en su oficina, desde donde observa y supervisa el trabajo de la planta y del área administrativa.

Uno de los retos inmediatos que tiene la empresa y su equipo de colaboradores es ampliar la planta de producción en Amaguaña, adecuar nuevos espacios para facilitar las tareas y los procesos y abrirse nuevos mercados dentro y fuera del país. Así continúa el resurgimiento de esta marca.

Andrés Alarcón

En estos cuatro años de trabajo desarrollamos varias estrategias. Conseguimos distribuidores y apostamos por la maquila y marcas blancas para grandes firmas del sector de alimentos. La maquila y las marcas blancas representan el 70% de nuestros ingresos. También empezamos a exportar desde el año pasado a EE.UU. y Honduras. Estamos produciendo unas 400 toneladas al mes y de esa cifra se exportan unas 40 toneladas a los países mencionados.