Arturo Castillo, Motivador y Prof. de técnicas psicorrelajantes
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Mayor conectividad, ¿para qué?

El especialista

La nueva lógica del mundo de los negocios se plantea enteramente desde la utilización de la tecnología; no hay un solo aspecto del proceso de la producción de bienes y de la generación de servicios que no esté modulado por la informática, concretamente.

Consecuentemente, resulta imprescindible para las empresas mantenerse al día con los avances tecnológicos. Sin embargo, hay que entender que la adquisición de herramientas no constituye, per se, una garantía de eficacia. Lo instrumental no da frutos, a menos que se sepa exactamente en qué y para qué utilizar las máquinas. El éxito radica en la contextualización, en la comprensión adecuada del e-commerce, del e-marketing, por ejemplo.

No se trata, entonces, de simplemente dotar al personal de toda oferta tecnológica disponible en el mercado. Si el área comercial y el departamento de sistemas no trabajan de manera conjunta, con un programa perfectamente delineado desde la gerencia general, la inversión tecnológica será un desperdicio de recursos.

De otra parte, más conectividad no significa mejor comunicación. Los adminículos facilitan el acercamiento al cliente, pero no hacen el proceso de venta, el cierre del negocio; esas son destrezas humanas.

Evidentemente, disponer de un 'software' que permita acceder al inventario de productos disponibles, que ayude a programar los pedidos de los clientes sin pasar por filtros innecesarios, es absolutamente ventajoso. Si se usa la tecnología para posicionar la imagen de la compañía, haciendo 'e-branding' estratégico, la conectividad tiene sentido.

El equívoco radica en creer que la falta de criterio para gestionar la empresa puede resolverse con una sobrecarga de aparatos. El asunto no termina ahí: el arsenal tecnológico puede volverse contra la organización; los 'juguetes' electrónicos quizás solo sirvan para distraer la atención de los trabajadores.

En fin, hay dos aspectos fundamentales: antes de contratar y comprar tecnología, deben establecerse estrategias operativas y comerciales. El departamento de informática está llamado a determinar qué tecnología se necesita y a formular políticas para su uso.

"hay que entender que la adquisición  de herramientas no constituye, per se, una garantía de eficacia".