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Tres facetas en la vida de este ejecutivo: a la izquierda, en la ceremonia de jura de la Bandera en la época escolar; en una actividad comunitaria de la compañía; y en un campo petrolero en Lago Agrio. Foto: Fotos: Patricio Terán / LÍDERES

Tres facetas en la vida de este ejecutivo: a la izquierda, en la ceremonia de jura de la Bandera en la época escolar; en una actividad comunitaria de la compañía; y en un campo petrolero en Lago Agrio. Foto: Fotos: Patricio Terán / LÍDERES

La misión es llevar adelante a su equipo petrolero

13 de diciembre de 2015 12:40

El ‘Día D’ es una fecha inolvidable en la memoria de Carlos Sarmiento (Ibarra, 1971). Esa jornada “se pareció a una de esas películas de Hollywood”, en donde un operativo de rescate es el hilo conductor de esta historia, cuyo objetivo era liberar a un equipo de técnicos petroleros de Schlumberger. Ellos estaban trabajando en El Yopal (llanos orientales de Colombia), y ante las constantes amenazas de las fuerzas irregulares en esa zona, la única opción era salir. Dejar ese sitio, como sea, era la consigna de quien se desempeñaba como ingeniero de campo.

Él debía cumplir un rol en esa actuación: advertir que no se podía ejecutar ninguna operación debido a fallas en los equipos, por lo que era necesario renovar esa maquinaria y aprovechar la logística prevista, para dejar el lugar. Fueron horas de suspenso, pero al final se dejó un sitio, en el que esta multinacional de origen francés tiene operaciones en Colombia.

La nación cafetera trae gratos recuerdos en este Ingeniero Mecánico graduado en la Politécnica Nacional (EPN) y educado en el Colegio Municipal Sebastián de Benalcázar (Quito), que desde hace siete años es el CEO de esta firma en el país y es el primer ecuatoriano en ocupar el cargo.

Desde que firmó su contrato en Caracas, Venezuela, en 1994, su carrera en la empresa de servicios petroleros ha sido de permanente ascenso. Aunque los primeros cuatro meses de entrenamiento en la Escuela de Livingston de Schlumberger, en Escocia, fueron su “primer infierno”. Sin conocer el idioma inglés, recibía clases en ese idioma, en jornadas diarias desde las 07:00 hasta las 21:00.

Tenía que retornar a su pequeña habitación, para comprender lo que no había entendido durante esas 14 horas de clase. Estuvo a punto de retornar al Ecuador, pero, al final, el deseo de cumplir uno de los objetivos que se había trazado en su vida pesó más y así se constituyó en uno de los 12 ingenieros júnior que se incorporaron, de los 23 aspirantes iniciales.

Por ejemplos como estos es que la “tenacidad” es la fortaleza que más destaca de él su tío Manuel.

Cumplida esta meta, el destino lo esperaba en el campo de Las Morochas, Venezuela. Allí desempeñó cargos en tres ocasiones. Una, antes de la llegada de Hugo Chávez al poder y en otras dos, cuando el expresidente impulsaba su estilo de Gobierno sustentada en el socialismo del siglo XXI.

Su primera experiencia allá, entre 1995 y 1996, fue la que más disfrutó profesional y personalmente. Las siguientes dos ocasiones entre el 2002 y el 2006, en cambio, le trajeron un sinnúmero de dolores de cabeza, debido a las crisis petroleras que le tocó enfrentar desde la Gerencia, tanto desde la gestión técnica como en el manejo del recurso humano.

En estas dos décadas de permanente ascenso en la firma, ha dirigido operaciones desde Río de Janeiro, para Brasil, Argentina, Bolivia y Chile. También, desde Houston, en EE.UU., estuvo a cargo del área de Entrenamiento y Desarrollo, con una cobertura en todo el territorio americano, desde Alaska hasta la Patagonia. “Tenía en ese momento a mi cargo, entre tareas de entrenamiento y desarrollo, a unos 1 800 ingenieros, 1 000 especialistas, en 65 locaciones de todo el continente”.

Está convencido que una de sus misiones es apoyar a quienes buscan alcanzar objetivos en la vida. Ese es uno de los soportes de su visión del liderazgo. Ser líder, dice, es dejar un legado e implica desarrollar tres ámbitos: primero, siempre ponerse retos complicados, pero no inalcanzables. Segundo, que nunca gana el individuo sino el equipo; y, tercero y fundamental, nunca tomar atajos.

Carlos Baldeón, presidente del Colegio de Ingenieros Mecánicos de Pichincha, lo conoce desde que fue su alumno en la EPN, en las materias de Resistencia de materiales y Estructuras metálicas. “Como estudiante era de los mejores. Se graduó con honores”. Además, resalta su amabilidad y solidaridad. “Es un orgullo para nosotros y, cómo no, lo veo más lejos en su carrera profesional”.

¿Qué tan complejo es manejar en la actualidad una empresa de servicios petroleros en Ecuador? Reflexiona, se toma unos segundos, para cuidar el mensaje de cada una de sus palabras: “Hemos venido contribuyendo, creemos que en situaciones de crisis podemos contribuir al país. Parte de ser responsables es estar donde se puede contribuir. Estamos trabajando en eso. Tratando de ser ‘resilientes’ y más que hablar de crisis, hablemos de cómo ayudar a seguir cumpliendo los objetivos”.

Estos días son ajetreados en su agenda, aunque trata de darse modos por llegar temprano a casa y disfrutar de sus hijos Sofía, Filipe y Arantxa, junto a su esposa Daysi, a quien conoció en Colombia, y recuerda cada detalle del ‘Día D’.