Foto: Marcel Bonilla /LÍDERES
Mónica Orozco Redaccion Quito / LÍDERES
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Mónica González, una apasionada por el ambiente

Mónica González transporta su oficina a 'lomo de mula': una laptop, un proyector y, a veces, una guitarra. Los insumos son el soporte de los talleres de educación ambiental que dicta desde hace nueve años en 12 comunidades, ubicadas en la Reserva Mache-Chindul, Esmeraldas.

Este bosque húmedo es parte del Chocó, una de las zonas más biodiversas del planeta y hábitat del 'pájaro paraguas'. Con un curioso penacho que parece una sombrilla y una bolsa de piel emplumada bajo el cuello, esta ave juega un papel crítico para mantener a los bosques saludables, a través de la dispersión de semillas. Pero la deforestación se produce a un ritmo alarmante en el noroeste del país y esta ave está desapareciendo, mientras el bosque se fragmenta.

González planteó un proyecto de conservación de esta especie, que le hizo merecedora del llamado 'Oscar verde' de la Ecología. La bióloga se convirtió en la primera ecuatoriana en recibir este reconocimiento que entrega la Fundación Whitley para la Naturaleza (WFN por sus siglas en inglés), de Reino Unido, y que premia a los líderes en conservación más importantes del mundo.

La iniciativa incluye investigación, trabajo comunitario, educación ambiental y desarrollo de alternativas económicas para las comunidades.

González ama lo que hace y no le importa llegar a su lugar de trabajo desde hace nueve años, como lo hacían los primeros colonos a esta zona.

Esta imbabureña se enamoró de la naturaleza al cumplir cinco años, cuando para ir a la escuela debía recorrer senderos y caminos entre Atuntaqui, lugar donde nació, y Natabuela. En el trayecto, su madre le hablaba de las formas, olores y colores de las plantas que encontraba.

Además, su madre había convertido la sala de su casa en un verdadero vivero.

Al llegar a la universidad no dudó en estudiar Biología. Empezó con un proyecto de conservación de aves, pero luego decidió sumergirse en el área de educación ambiental. "Creo que aprender a amar la naturaleza desde niño es clave para la conservación".

Luego, se capacitó en algunas metodologías de educación ambiental, en especial en una denominada "la enseñanza de la ecología en el patio de la escuela".

En aquel tiempo nadie visitaba a estas comunidades. "Ella les llevaba videos divertidos que presentaba en un proyecto, los niños nunca habían visto algo así antes. Ello despertaba el interés en la comunidad para aprender todo lo que Mónica les enseñaba", comenta el biólogo Luis Carrasco, quien la conoce desde hace más de 9 años.

Después conoció al profesor de la Universidad de Tulane de Nueva Orleans, Jordan Karubian, quien ya tenía un proyecto de investigación de aves en la zona. "Me vinculé con él para que, desde la educación ambiental, se conozca el trabajo que se estaba haciendo en el área. Hicimos un equipo fuerte", dice Mónica.

El 'pájaro paraguas' tiene un ritual especial de apareamiento. Los machos se reúnen y realizan una especie de 'baile', para conquistar a las hembras y aparearse.

"Cuando ella vio ese espectáculo, estaba tan emocionada que recuerdo que lloró. Le impresionó y se abanderó del asunto de educación ambiental, para la conservación de esta especie", comenta Carrasco, quien por ese entonces investigaba al 'pájaro paraguas'.

Para coordinar mejor las acciones de conservación, decidieron fusionar a todos quienes trabajaban en temas de ambiente en la zona y abrir la Fundación para la Conservación de los Andes Tropicales (FCAT), de la cual es miembro Carrasco. Una de las fortalezas de la organización es que integra a gente local.

Ricardo Romero conoció a Mónica hace 15 años mientras realizaban un doctorado en Biología en la Universidad Central del Ecuador.

Desde el inicio, él percibió el amor de esta bióloga por el trabajo en campo. "Incluso nos involucró a algunos amigos y compañeros a observaciones de aves y otras salidas, un trabajo de campo que hoy logró conquistar".

Romero la describe como una luchadora. "Siempre que la veo me habla de sus proyectos para buscar fondos".

Carrasco recuerda que en sus viajes por el interior de Esmeraldas, una mula le pateó y le fracturó la pierna. En otro viaje se cayó y se rompió el brazo. Pese a ello, Mónica nunca perdió su entusiasmo. "Fueron accidentes graves, pero ella continuó enseñando. Eso habla de su compromiso e, incluso, altruismo porque puso su salud en segundo lugar y no dejó de lado su compromiso con las comunidades", recuerda Carrasco.

El premio de la WFN es de unos USD 56 000. Aunque los recursos ayudarán al proyecto, no son suficientes.

Mónica cree que el reconocimiento permitirá difundir la importancia de conservar la zona y a levantar 50 000 más requiere el proyecto. "El premio está a mi nombre, pero atrás está el trabajo de maestros, niños y niñas, de la Fundación y de gente de la Reserva".Datos extras

2014 PREMIO MUNDIAL Mónica González obtuvo el premio Whitley Awards. La Fundación Whitley para la Naturaleza entrega estos reconocimientos a proyectos de líderes conservacionistas que trabajan en países en desarrollo.

2012 TRABAJO COMUNITARIO Desde hace 9 años, Mónica González trabaja en comunidades de la Reserva Mache-Chindul, en Esmeraldas. Apoyada en talleres, presenta videos y otras actividades, enseña la importancia del ecosistema a niños y adultos.

TAREA POR EL AMBIENTE:

La preparación.  Mónica González estudio Biología en la Universidad Central del Ecuador y en el 2000 hizo un doctorado en este campo y en este mismo centro universitario del país.

La experiencia. Desde que concluyó la universidad se vinculó al trabajo de campo, realizó voluntariado en estudio de aves. Trabajó en Jatun Sacha.

"El premio está a mi nombre, pero atrás de él están el trabajo de maestros, de niños y niñas, de la Fundación y de mucha gente de la Reserva"