placeholder

Nulo desarrollo de la oferta exportable

Mejorar el acceso preferencial a EE.UU. y la Unión Europea (UE), disminuir el arancel del banano en el mercado europeo, proceso de integración y convergencia con el Mercosur, eje multimodal Manta-Manaos, entre otros, constituían parte de la matriz de objetivos del Régimen incluidos en el Plan de Desarrollo.

De este puñado de estrategias a cumplirse, apenas el eje Manta-Manaos se activó, aunque con marginal impacto para el comercio con Brasil. Las agendas con EE.UU. y la UE siguen estancadas y los exportadores ecuatorianos han logrado “salvar” los platos, siempre a último momento, con la renovación de las preferencias arancelarias de la Atpdea. Mientras lo de la integración con el Mercosur continúa siendo una tarea que no se concreta ni se tiene claridad en el objetivo.

El país en todos estos seis años solo ha logrado concretar un Acuerdo de Complementación con Nicaragua y fomentar las transacción comerciales a través del Sistema Unitario de Compensación Regional (Sucre) con los países de la Alba.

Y pare de contar. En materia exportadora, el país sigue sometido a los productos tradicionales primarios. Sin embargo, el ancla se ha reducido en términos de volumen, aunque en montos haya habido un ascenso debido a los altos precios de las materias primas en el mundo.

Para el exportador Francisco Díaz, la situación del país es incierta en materia comercial, lo que afecta a su vez a la competitividad del sector privado.

“No hay apuestas a largo plazo. Seguimos vendiendo bananos, camarones, café... Son negocios que no representan riesgo, salvo la lógica producción agrícola que depende del clima y otros factores. Pero no hemos podido cambiar ese ‘chip’ y pensar en que podemos, por qué no, exportar productos con mayor valor agregado. Lo del chocolate es un caso en un millón. Hay muchas más cosas que se pueden desarrollar, pero parte de una convergencia del sector público y privado que lamentablemente no se da”.

En esa misma línea coincide el catedrático Alberto Barahona, para quien la desconexión privado-pública coadyuva a mantener al país estancado en materia comercial y productiva. “El anuncio del cambio de la matriz productiva no está enmarcada en un contexto mundial. Se habla de generar nuevos productos y crear más infraestructura. Pero mi pregunta es, si se lograra todo eso, ¿a qué países se exportaría? Estamos desconectados en materia comercial y eso puede ser un problema a la hora de impulsar la productividad y competitividad”.

Según ambos personajes, en caso de empezar ahora con este cambio, al país le tomaría unas dos décadas empezar a ver los resultados y los beneficios.

Algo en lo que concuerda, de alguna manera, el secretario de Planificación y Desarrollo (Senplades), Fander Falconí. Según el funcionario, si bien se han diversificado los destinos de exportación hacia el Asia y a los países latinoamericanos, no ha habido variación en la estructura de productos que se venden. Para él, no es un problema que los volúmenes hayan decaído, porque hay un ‘boom’ de precios que generan más ingresos.

“En esos cuatro años se darán las bases sustantivas para el cambio en la matriz productiva. La forma de estructurar el aparato productivo del país lleva siglos. Ecuador se especializó en exportar cacao, banano, flores, petróleo, etc. y ha sido la forma de especialización que hemos heredado. Hablamos de una transición, hemos sido claros en usar esa palabra. Eso no significa que se cambia de la noche a la mañana una problema que lleva más de un siglo”.