Joaquín Rodríguez y Eduardo Tapia están el frente de la firma Ovosan. Fotos: Alfredo Lagla / LÍDERES
Pedro Maldonado O. Redacción Quito / LÍDERES
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Ovosan, el huevo pasteurizado es la apuesta de esta pequeña industria

Un camión circula lentamente por una calle del sector de Amaguaña, al este de Quito. El conductor se estaciona con cuidado: es responsable de entregar un total de 45 000 huevos en cubetas en las instalaciones de Ovosan.

Es un martes por la mañana y el ritmo de trabajo se dinamiza luego de la entrega de la materia prima. Los huevos son seleccionados y lavados con cuidado. Este emprendimiento trabaja desde el 2003 en una línea poco explorada: la pasteurización de huevos. La tarea se cumple en su planta que tiene 300 metros cuadrados de construcción.

La pasteurización elimina microorganismos riesgosos para la salud y se desarrolla bajo estrictas normas de bioseguridad. Los empleados que trabajan en el proceso visten botas de caucho, mascarillas, mandiles y guantes; asean sus manos cada vez que ingresan a uno de los espacios de trabajo. Contados trabajadores acceden al espacio en donde los huevos son cascados o quebrados con una maquinaria específica para esa tarea; las mismas restricciones se cumplen en la zona de pasteurizado, así como en el congelado y en la entrega, que se realizan bajo una cadena de frío.

Esta firma surgió en el 2003 por requerimiento de empresas nacionales del sector de salsas y aderezos. En ese entonces, el proceso era una novedad en el mercado y explicar los beneficios del huevo pasteurizado fue el primer reto que enfrentaron Joaquín Rodríguez y Eduardo Tapia, los socios de este emprendimiento ecuatoriano.

Entre ambos invirtieron alrededor de USD 50 000 para instalar la planta en un espacio de propiedad de Rodríguez, en la zona de Amaguaña. El dinero sirvió para comprar maquinaria y para distintas adecuaciones. El equipo inicial estaba conformado por cuatro trabajadores de planta y tres administrativos.

El huevo pasteurizado, explica Tapia, se utiliza en industrias como hoteles, restaurantes, servicios de catering, entre otras. "En otros países como Argentina o México, cada vez se exige más el uso de huevo pasteurizado y en Ecuador la tendencia va creciendo, lo que nos ayuda en el crecimiento del negocio".

Tapia es doctor en bioquímica y conoce a detalle los cuidados que requiere el huevo para que mantenga sus características nutritivas. El huevo líquido, es decir la yema y la clara fuera del cascarón, tiene una vida útil de máximo 25 días en refrigeración. "Vender la idea del huevo líquido ha sido un trabajo difícil, pero los clientes lo van aceptando".

Uno de los clientes con los que Ovosan trabaja desde sus primeros días es la empresa de salsas y aderezos Marcseal. Natalia Zambrano, representante de la compañía, recuerda que trabajan con Ovosan desde el 2003. "Esa empresa nació básicamente por un requerimiento que les hicimos. El huevo pasteurizado es clave para nuestros procesos".

Marcseal compra alrededor de 10 a 12 toneladas mensuales de huevo pasteurizado a Ovosan. "Nos han respondido con calidad y con rapidez en los pedidos en todo este tiempo. Es un producto innovador y la relación entre las dos empresas avanza muy bien", añade Zambrano.

Ovosan cuenta en la actualidad con una cartera de seis clientes entre los que están un hotel cinco estrellas, empresas de salsas y de pastas. Para esto procesa alrededor de 16 000 kilogramos de huevos al mes, en promedio.

Para cumplir con la producción, la empresa cuenta con proveedores, entre los que consta Laura Torres. Ella indica que entrega cada semana cerca de 90 000 huevos que llegan desde Puéllaro, en el norte de Pichincha. "Trabajo con Ovosan hace dos años y puedo decir que son puntuales en los pagos".

El trabajo se desarrolla de lunes a viernes y los socios de la empresa ya piensan en nuevas líneas. Una de ellas es el huevo en polvo. "Se asemeja a la leche en polvo y se puede almacenar, como un ingrediente más de la cocina", dice Tapia.

También está en mente la producción de barras energéticas para niños, deportistas y adultos utilizando la proteína que tiene la yema del huevo. En estos procesos la inversión (unos USD 300 000 en 10 años) y la confianza en los colaboradores (10 en la actualidad) son parte de la estrategia de esta empresa cuyas ventas crecen año tras año.

EL INSIGNIA
ÁNGEL LLUMIQUINGA. El empleado más antiguo

Tengo 42 años y conozco a Eduardo Tapia desde hace 18 años. Él me llamó para trabajar en Ovosan hace unos nueve años, cuando la planta recién estaba operando.

Recuerdo que cuando llegué el trabajo de quebrado o cascado de huevos era manual. Pero los demás procesos ya estaban tecnificados.

Actualmente, todos los procesos están automatizados y siempre se trata de innovar. A pesar del tiempo que llevo en la empresa, cada etapa del trabajo me sigue llamando la atención.

Con los demás compañeros nos llevamos bien, cada uno cumple con su tarea de manera responsable.

No nos vemos tanto, porque paso la mayor parte de mi jornada en el cuarto de pasteurizado; sin embargo, me llevo bien con todos, nos respetamos. Estoy contento con mi trabajo, es equipo muy colaborador.