Santiago Ayala S. / Redacción Quito
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Pablo Carrera abre los ojos a los ejecutivos que caminan sin brújula

Muy pocos son quienes se atreven a trabajar gratis con tal de hacer la actividad que más les gusta. Para este guayaquileño de nacimiento, pero quiteño por naturalización (llegó a la ciudad a los seis años), dirigir el TEC de Monterrey era su sueño. Y por eso se ofreció a trabajar sin sueldo.

Corría el año 1996. Pablo Carrera Narváez, a sus 21 años y recién graduado de su licenciatura en comunicación organizacional en la Universidad San Francisco, recibía un empujón del destino: empezó a laborar en la Corporación Gerenciar, justo la organización que pactó con el TEC de Monterrey un convenio para desarrollar programas de capacitación ejecutiva, un nicho aún en pañales en el Ecuador.

Fue durante esta primera experiencia laboral cuando conoció a Ismael Vélez, el primer director del TEC. Su sueño estaba a punto de cumplirse. Sin dudarlo, se lanzó y le planteó trabajar para el instituto sin salario. Hacía de todo, hasta que se le encargó que haga el contacto con las empresas, que “venda” el concepto de capacitaciones ejecutivas de alto nivel. Allí despuntó y, en solamente seis meses, su trabajo era tan productivo, que no solo que empezó a recibir paga, sino que se le planteó que fuera a coordinar el Instituto TEC, ¡en el mismísimo México!

No lo dudó. Armó maletas y se fue a Toluca, desde donde dirigió los programas de posgrado para la zona central de México (el DF, Pachuca, Morelia y Puebla). El éxito le sonreía a su corta edad. Estaba logrando que los ejecutivos de las empresas asistieran masivamente a los programas. Y, a la par, empezó también a capacitar.

Cuando le tocó dictar su primera cátedra, a jóvenes mexicanos de alrededor de 20 años, no durmió la noche anterior. Estaba nervioso, pese a la autoconfianza que se tenía. No sabía cómo iban a responder sus alumnos. Es más, se veía como uno de ellos. Pero logró sortear con uno que otro tropezón este escollo.

Tras cuatro años, su fama dentro del TEC se había ampliado. Por ello, la institución decidió dejar en sus manos un nuevo reto: ser el director en Argentina y abrir el mercado en ese difícil escenario. Un año y medio duró este nuevo periplo. Razones de orden administrativo le obligaron a alejarse del TEC y volver al país, en el 2010. Para ello, ya se había casado con la mexicana Eva Benítez y había engendrado dos hijos: Galilea y Aldo.

Fue momento de evaluar su situación y levantar su propia organización. Junto a dos socios latinoamericanos, formó Sicurello Educación Corporativa, que ahora opera en cuatro países: Brasil, Argentina, Perú y, obviamente, Ecuador. Desde este lado, ha logrado crear programas prácticos e innovadores para los ejecutivos.

Por ello, tanto empresas privadas como públicas están requiriendo sus servicios cada vez más. Según Francisco Ante, un ejecutivo que recibió una capacitación con Carrera, “estos cursos son radiografías corporativas y personales. Eso le da un valor agregado y, realmente, hace que los ejecutivos salgamos de un programa con las ganas de cambiar paradigmas”.

En los pasillos de la Universidad de las Américas (UDLA), donde dicta clases a los jóvenes universitarios, enfocadas en innovación, liderazgo y trabajo en equipo, su carisma también le ha ganado el respeto. “Inyecta mucha energía. Siempre nos dice que las cosas están bien y pueden ser mejores. Pero también es estricto”, señala Andrea, una joven de ese centro.

Pero quizás su aporte más valioso que brinda a los ejecutivos, son sus experiencias obtenidas y compartidas con ejecutivos de otros países. Carrera lo tiene claro. Para él, lo valioso del empresario mexicano tiene entusiasmo, alegría, y por eso le apuesta a proyectos grandes. En conclusión, son más visionarios.

De los argentinos, resalta el hecho de que son muy eficientes con el uso de su tiempo. “Valoran mucho lo que es la calidad de vida. Ellos trabajan para vivir. Nosotros vivimos para trabajar. Acá, aún hay jefes que te valoran en función de cuantas horas/nalga tienes en el escritorio”.

Finalmente, de los empresarios ecuatorianos elogia su capacidad para reaccionar frente a las crisis, no se dan por vencidos y busca soluciones, aunque no sean necesariamente respuestas profesionales.

Sin embargo, explica que el principal problema del empresario ecuatoriano es su falta de humildad para aceptar que están haciendo las cosas mal. “Es difícil romper viejas formas de trabajo. Y no consultan a los mandos operativos”.

Carrera enfocada en el trato humano

En la Universidad San Francisco. Obtuvo el título de Bachelor Organizational Comunication.
En Holanda. Cursó un programa en metodología en Maastricht University.
En el TEC. Fue Director en Argentina, Quito y Guayaquil.

Más de su perfil

A través de un programa de radio, enseña a las personas a manejar sus finanzas personales.
Actualmente también dicta cátedra a los alumno s de la Universidad de las Américas (UDLA), en Quito.