placeholder

El paisaje urbano crece al norte y al oeste

En el 2011, según datos del Instituto Ecuatoriano del Cemento y Hormigón, se vendieron 1,27 millones de toneladas de gris cemento. Aquella cifra superó al comercializado en Pichincha de un total de 5,7 millones.

Aquel dato referente a la comercialización se materializa en los más de 60 proyectos urbanísticos que tejen nuevas urbes en estos dos polos: vía a la Costa, al oeste de la urbe y Samborondón (norte).

Según datos del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (Biess), el 2012 en Guayas se realizaron 4 259 operaciones netas de crédito para adquisición de vivienda terminada. Este rubro, equivale a más de USD 204,3 millones entregados por la entidad pública. Aquello es una muestra evidente del cada vez más sentido aspiracional de la familia porteña: conseguir y habitar en un inmueble propio.

Así lo considera Héctor Macías, presidente de la Asociación de Corredores de Bienes Raíces del Guayas (Acbir), gremio que cuenta con más de tres décadas en el mercado local. Macías añade que la facilidad en el acceso a un financiamiento ha motivado esta nueva realidad.

Aquella tendencia tiene un punto de despegue en la sociedad guayaquileña desde hace dos años. Esto, marcado con el ingreso de la entidad pública en el sistema financiero ecuatoriano.

La actuación del Biess ha generado cambios en los otros actores del sistema financiero, como bancos privados y cooperativas de ahorro y crédito, en las condiciones del crédito para sus clientes.

Carlos Calderón, quien se desempeña como mediano importador en Guayaquil, cuenta que optó por un crédito del Biess ante la constante negativa de las entidades privadas. Intentó por cuatro veces aplicar a un crédito hipotecario desde hace una década sin éxito alguno.

Hoy, tras acceder a una vivienda en una urbanización del km. 10 de la vía a la Costa, con un préstamo del Biess que aspira cancelar en los próximos 25 años, explica que su principal preocupación fue la de no sobrepasar su capacidad de endeudamiento.

Otra de las preocupaciones del cliente -añade Macías- más allá de las relacionadas con la ubicación geográfica de la urbanización o condominio, es el cumplimiento de los plazos por parte de las empresas inmobiliarias.

Para el caso de la familia de Calderón, entre el inicio del proceso para la aplicación al préstamo hipotecario, la entrega del inmueble y el respectivo festejo familiar por la adquisición de la nueva vivienda, transcurrieron ocho meses.

La importancia cultural de conseguir un inmueble propio es, según lo considera Walter Idrovo, gerente general de la firma de negocios inmobiliarios Solvem, la ventaja para este latente sector.