Santiago Ayala Sarmiento y Xavier Montero
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Los 7 pecados que cometió el BEV en cinco décadas de vida

Después de 52 años de existencia, el cierre del Banco Ecuatoriano de la Vivienda (BEV) servirá sin duda como un caso de estudio para quienes manejen la administración pública en los próximos años. Tras casi dos décadas de esplendor, su brillo fue opacándose paulatinamente. Hoy no es ni la sombra de lo que fue: una entidad vigorosa, timón del desarrollo habitacional y con más de 30 oficinas a lo largo del país.

Los 200 funcionarios ahora esperan el proceso de liquidación voluntaria de la entidad que, según el superintendente de Bancos, Pedro Solines, empezará dentro de seis meses, una vez que el total de su cartera de créditos para vivienda sea asumido por el Banco del Estado (BEDE).

Esto empezó a gestarse con la adquisición de 23 proyectos de vivienda popular a finales del mes pasado. Quedan aún 109 proyectos que tienen distinta calificación de riesgo. Según la gerenta del BEDE, María Soledad Barrera, los proyectos tienen distintas calificaciones de riesgo. "Hay de todo, desde unos de baja calificación hasta otros de mediana y alta. Esto, sin embargo, no afectará las cuentas del BEDE, porque el BEV es un banco pequeño y nosotros un grande".

La extinción del BEV, a decir de Barrera, se enmarca dentro de un programa integral de reordenamiento del desarrollo urbanístico. Y como el BEDE centra su trabajo en ello, entonces caerá adecuadamente esta nueva actividad.

Sin embargo, la decisión del Régimen de cerrar el BEV ya viene trabajándose desde hace un año y se debió a un reflejo poco positivo de sus principales indicadores de gestión, en especial en lo que se refiere a los proyectos de vivienda en proceso. Entre los informes internos que se manejan dentro del área económica del Gobierno se señala que el banco generó proyectos con bajas calificaciones (C y D), así como inadecuados procesos de precalifiación, monitoreo y análisis.

Según especialistas del sector vivienda, a lo largo de la vida del BEV se puede determinar que se cometieron siete pecados (ver página 13) que terminaron por sepultar a un ente que era un referente.

El principal de la Cámara de la Construcción de Guayaquil, José Centeno, señala que una de las falencias en las operaciones del BEV fue intentar acaparar todo el mercado. El banco apuntaba a todas las facetas del sector y tal vez eso afectó su modernización e innovación como institución. "El BEV compraba los terrenos, construía sus propios materiales, hacía sus propios proyectos, se encargaba de venderlos, de financiarlos y de cobrarlos. Eso le restó competitividad frente a firmas privadas".

En lo positivo, Gustavo García Caputi, presidente del Instituto Ecuatoriano de la Construcción (IEC), señala que "el BEV atendió la demanda de las pujantes clases media y alta de la década de los setenta. De esta forma, tanto los costos de entrada para una vivienda como los requisitos al solicitante estaban pensados en gente con ingresos fijos".

En sus años de gloria, la entidad edificaba y asignaba hasta 6 000 viviendas anuales. Algo que disminuyó drásticamente cada año, luego de los errores que a continuación se detallan y que mermaron la capacidad de la entidad para atender a los sectores más vulnerables. Esa tarea ahora está en otras manos...