Archivo particular de Piedad Rivera
Pedro Maldonado Ordóñez (I) Redacción Quito / LÍDERES
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Piedad Rivera, Milán activa su vena empresarial

Hace 14 años viajó a Italia. No lo hizo por necesidad, a pesar de que en el 2000 Ecuador vivía una severa crisis económica y social.

Simplemente decidió salir del Ecuador, porque tenía ganas de probar suerte en otros países. Piedad Rivera, conocida como Pía, nació en Morona Santiago, pero se radicó en Cuenca desde su niñez. En la capital azuaya se formó y terminó su carrera de administración de empresas en la Universidad del Azuay.

Ahora en Milán, una de las ciudades íconos de la moda y el lujo europeo, maneja la empresa Joyflor, una importadora de flores que facturó algo más de dos millones de euros (cerca de USD 3,2 millones), el año pasado.

En Cuenca, Rivera trabajó durante ocho años en la empresa floricultora Malima. Allí hizo de todo, desde revisar los fax que llegaban hasta administrar plantas de flores. "Ascendí en la empresa, mis jefes valoraban mi trabajo, pero llegué a un techo profesional y siempre había tenido ganas de salir del Ecuador", cuenta con un leve acento italiano en una entrevista realizada vía Skype.

María Antonieta Puyol, excompañera de universidad y de oficina en Malima, recuerda a Rivera con mucho afecto. En la época de las aulas universitaria Rivera era una estudiante dedicada, "era el tractor que me empujaba a mí y a otros compañeros".

Puyol añade que su amiga es una mujer muy luchadora que no huye de ningún desafío. También, recuerda que Rivera aprendió mucho en Malima, en especial en temas de exportaciones y cosechas. "Ahora hablamos con frecuencia, estuve en su boda que fue en Uzhupud (al este de Cuenca). La considero como un miembro más de mi familia".

El primer destino que Rivera tenía en mente era Miami, pero no lo pudo concretar porque no recibió la visa. "Me quedé, como dicen en mi tierra, con los churos hechos", comenta entre risas.

Para entonces ya había renunciado a su puesto en Malima. Se animó a escribirle a Florimex, un cliente de la empresa cuencana con una idea: presentarse y ponerse a las órdenes. Tomó un vuelo a Italia, se entrevistó con uno de los ejecutivos de esta desaparecida multinacional y, para su sorpresa, fue contratada.

Rivera recuerda que no sabía italiano. Pensaba que era una lengua parecida al castellano, pero ya en el vuelo hacia el país europeo vio lo complicado que resultaba leerlo y escucharlo. Tampoco se desanimó y empezó una nueva aventura.

En Florimex sus tareas fueron diversas. Fue la encargada de mejorar los sistemas de control de calidad de las flores que llegaban desde distintos países del planeta. Asimismo, colaboró para mejorar los sistemas de distribución, la organización de los envíos a supermercados, así como en el área de comercio exterior. Rivera admite que los ocho años en Malima fueron un respaldo enorme para cumplir las funciones que le delegaban en Florimex.

En la firma italiana estuvo dos años y medio. 'Pía' pensaba en regresar a Ecuador e intentar nuevamente trabajar en EE.UU. Pero sus planes cambiaron cuando conoció al italiano que hoy es su esposo. "Por casualidad tuve que atender el teléfono de un compañero de trabajo. Hablamos unos minutos, a los pocos días nos conocimos personalmente, nos enamoramos y nos casamos".

Con el matrimonio llegaron nuevos desafíos. Rivera renunció a Florimex, viajó a Ecuador con su esposo y, en otro giro del destino se encontró con Juan Carlos Cevallos, un proveedor de flores ecuatoriano, que le planteó un reto: "¿Por qué no te dedicas a importar flores por tu cuenta? Ya tienes experiencia en el negocio", fueron las palabras.

Cevallos, representante de la firma Galápagos Flores, con plantaciones en Tabacundo (norte de Pichincha) recuerda el desafío que le transmitió a Rivera. "La conozco desde hace unos 20 años y sé que tenía y tiene el potencial para el comercio". Cevallos la describe como una mujer dedicada, muy profesional y con mucho sentido del humor, "lo que es importante para los negocios".

Rivera tuvo dudas. No tenía capital, ni sabía por dónde empezar. Pero Cevallos insistió y le dijo que cuando hay ideas y personas con capacidades, el dinero termina siendo secundario.

Era mediados del 2002 y para octubre de ese mismo año, Rivera inscribía ante las autoridades italianas su primera empresa Rivaimportexpor.

Empezó a buscar proveedores, fincas en Ecuador, empresas de carga... Las importaciones iniciales eran de rosas y gypsoifilias, en su mayoría.

Como todo emprendimiento, los primeros negocios fueron difíciles, con envíos que llegaban incompletos, entre otros inconvenientes. "Pero seguí adelante y en el 2003 facturé unos 200 000 euros" (USD 256 000).

El emprendimiento creció y se convirtió en sociedad limitada. Así nació lo que hoy es la importadora Joyflor, empresa que tiene seis empleados, más un grupo de colaboradores externos. "Importamos y vendemos a mayoristas".

El 80% de las flores viene desde Ecuador. El 20% restante llega de países como Tailandia, Israel y otros. Diego Ucrós, gerente de Emihana, una de las empresas que provee de rosas blancas y rojas a Joyflor desde hace siete años, comenta que Rivera es una persona con una persistencia y optimismo. "Es una trabajadora incansable, que ha sabido combinar su vida profesional con su vida familiar. Realmente creo que es ejemplo de lo que se puede lograr cuando se trabaja para un objetivo determinado".

Rivera es consciente que Italia continúa en crisis económica y que el negocio de las flores puede enfrentar tiempos difíciles en el futuro. Por eso, desde hace tres años, también es distribuidora de los chocolates Pacari. Santiago Peralta, fundador de la empresa, recuerda que conoció a 'Pía' hace unos tres años en una feria internacional de productos ecuatorianos. "Con su experiencia en el mercado europeo se le ha hecho fácil posicionar a Pacari. Es una de las mejores distribuidoras que tenemos en Europa". Así, Rivera continúa pensando y haciendo negocios en Milán, Italia.


Formación profesional en gestión de empresas

Formación.  Estudió Administración de Empresas en la Universidad del Azuay.

Su familia. Tiene dos hijos. Su esposo es italiano y administra un negocio propio.

Sus principios. Se define como una mujer luchadora, honesta, a la que no le gusta pelearse con nadie. Tiene 43 años.

"Miro el futuro siempre y tengo miles de proyectos e ideas en la cabeza. No pienso a dónde llegaré, no se si eso es un defecto o una virtud".