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La firma Nestlé ejecuta en el país el programa Plan cacao, como parte de su estrategia de valor compartido. Con este programa asesora a agricultores que siembran y cosechan cacao. Foto: cortesía Nestlé

La firma Nestlé ejecuta en el país el programa Plan cacao, como parte de su estrategia de valor compartido. Con este programa asesora a agricultores que siembran y cosechan cacao. Foto: cortesía Nestlé

Los planes de responsabilidad social aún no son una prioridad

13 de marzo de 2017 12:53

La responsabilidad social empresarial tiene largo camino por recorrer en el Ecuador. Así lo advierten un informe presentado por la consultora Deloitte y expertos.

El reporte La Responsabilidad Social como modelo de negocio es de los pocos que se presentan sobre esta temática en el país. El documento señala que en el 2016, el 53% de las empresas encuestadas contaban con una estrategia de responsabilidad social. Un año antes, la cifra estaba en el 61%.

Camila Hernández, sénior de Sostenibilidad de Deloitte Ecuador, señala que las cifras no representan un estancamiento, sino una estabilidad en la gestión de responsabilidad social de empresas de los sectores financiero, manufacturero y de servicios. La ejecutiva detalla que en la elaboración del estudio en el 2016 se encuestó en línea a 127 empresas, de las cuales respondieron 97.

El estudio también indica que el 61% de las firmas entrevistadas no tiene un porcentaje anual destinado a proyectos de sostenibilidad y responsabilidad corporativa.

Hernández es optimista y asegura que cada vez hay más empresas que piensan en sostenibilidad, sin importar su tamaño o segmento. “En ese grupo están compañías que dan más de lo que le exige la ley”. Para la representante de Deloitte, el crecimiento de la sostenibilidad va a ser natural en función de las necesidades de cada grupo de interés, de cada empresa y sus impactos en la sociedad.

Según Hernández, uno de los retos más grandes es demostrar que la responsabilidad social no es un gasto, sino una inversión que apoya el modelo de negocios de una empresa. “Cuando se aplican estrategias de responsabilidad social se mitigan riesgos, se genera crecimiento y se gana la confianza de inversionistas, clientes, proveedores y otros grupos vinculados con una compañía”.

Nestlé es una de las empresas que trabajan en el tema. A través de su programa de creación de valor compartido, la firma apoya a agricultores y comunidades. Con el plan cacao, por ejemplo, la firma capacitó a 3 300 agricultores con asistencia técnica y tecnología. El objetivo es mejorar la calidad del cacao, elevar la rentabilidad de las fincas y mejorar las condiciones ambientales de las zonas donde se produce cacao.

En 2016, Nestlé compró a los productores capacitados 15 200 toneladas de cacao; de esa cifra 10 667 toneladas contaban con la certificación en normativa social y ambientalmente responsables.

Otro programa de la empresa es Servicio al Productor de Leche, con el que se promueve sistemas silvopastoriles, piscinas de oxidación, calentadores solares y tanques recolectores de agua lluvia, para una ganadería sostenible. En 2016, se implementaron 21 piscinas de oxidación y 37 calentadores solares.

Para Evangelina Gómez, representante del Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social (Ceres), el tema aún es menor en el país. Esto ocurre, según ella, por desconocimiento del tema. “En el país las empresas con estrategias de responsabilidad social son, principalmente, multinacionales y grandes firmas ecuatorianas. Las primeras operan con estrategias corporativas sobre el tema y las segundas son empresas ecuatorianas que van evolucionando”.

La vocera de Ceres considera que en la mayor parte del tejido empresarial, en el que las mipymes tienen un peso relevante, existe todavía desconocimiento sobre el tema. “Las mipymes, en su mayoría, desconocen los procesos de responsabilidad social. Y esta clase de empresas son las más vulnerables en temas ambientales, de estándares laborales, derechos humanos... Se debe apuntar hacia ellas”.

Por eso Gómez cree que el próximo gobierno tiene una gran oportunidad para promover la responsabilidad social. Ella sugiere mirar lo que pasa en otros países como Chile, por ejemplo, en donde existe un plan nacional con responsabilidades compartidas entre empresas y gobierno.

El buen relacionamiento resulta crucial

En el sector de Tababela, al oriente de Quito, 16 pequeños productores son en la actualidad proveedores de Quiport, la firma que administra el aeropuerto Mariscal Sucre. Ellos son parte de Nuestra Huerta, un programa de responsabilidad social de la firma aeroportuaria.

Estos microempresarios cuentan con cerca de 450 clientes que compran productos como frutilla, pan de quinua, entre otros. El proyecto Nuestra Huerta resultó de un análisis hecho por Quiport en las comunidades circundantes a la terminal aérea. Tras una consultoría realizada en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo se acordó apoyar a los pequeños productores de la zona para desarrollar planes de responsabilidad social. Así arrancó el programa en noviembre del 2015.

El proceso es sencillo. Los compradores reciben cada semana un correo electrónico con la oferta de los pequeños productores. Se hacen los pedidos y, para cerrar la operación, se entregan los productos acordados.

Luis Galárraga, gerente de Comunicación de Quiport, asegura que los pequeños productores obtienen la posibilidad de comercializar sus productos en un mercado cautivo como es el aeropuerto. “Esto genera un incremento de sus ingresos familiares, mientras reciben capacitación en áreas como manejo de productos comestibles y emprendimiento”.

Además, dice el vocero de la empresa, quienes son parte del programa mejoran su autoestima, se sienten capaces de alcanzar estándares adecuados de calidad en sus productos y han perdido el temor a iniciar un emprendimiento.

Otro caso de programas de responsabilidad social es Empodérate, que lo maneja Arca Continental en el Ecuador. La firma del sector de alimentos y bebidas capacita a pequeñas empresarias que manejan tiendas de barrio. Según Guillermo Aponte, director general de la compañía, el 60% de las ventas pasa por tiendas de barrio, que son manejadas por mujeres principalmente.

Con el programa Empodérate, se identifica a mujeres líderes de comunidades y se las capacita para mejorar sus negocios y su relación con los clientes. El programa se implementó entre octubre de 2016 y enero de 2017 y trabajó con 1 000 tenderos, 500 de Quito y 500 de Guayaquil.

Según Arca Continental, el trabajo con tenderas es una manera de satisfacer las necesidades de este grupo social y económico para que superen las barreras a las que ellas han estado expuestas, como: poco acceso a información tecnológica, a herramientas de capacitación y superación, así como un limitado acceso a servicios financieros.

Evangelina Gómez, representante del Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social (Ceres), destaca estas y otras iniciativas de sostenibilidad. Esta experta piensa que en el Ecuador hay más conciencia en temas ambientales, en derechos de trabajadores y de bienestar en general.

“Las empresas no son el cuco. Son conformadas para generar riqueza y eso no está mal. Lo malo está en los métodos que algunas usan para lograr ese objetivo y eso hay que revertirlo con programas de responsabilidad social”.

Para Gómez, las debilidades que tiene el tema son dos: desconocimiento de sus beneficios y pensar que es costosa. Según la vocera de Ceres, una estrategia adecuada de sostenibilidad es beneficiosa por donde se la mire. “Si una compañía desarrolla un buen relacionamiento con sus proveedores, por ejemplo, tendrá mejores productos, entregas a tiempo, clientes satisfechos y eso es un beneficio para la empresa”.

El contexto

La responsabilidad social inició como una práctica del segmento industrial, según el reporte de Deloitte. Pero con el tiempo esta práctica se abrió a casi todas las líneas de negocio.
Tener una estrategia de sostenibilidad no está reglamentado en el país, sin embargo el término “voluntario” va migrando hacia un deber ser de las empresas.

Dentro de  las pautas internacionales que facilitan modelos de responsabilidad social, la de mayor aceptación es la ISO26000.

La Iniciativa de  reporte global o Global Reporting Initiative (GRI) creó el primer estándar mundial de lineamientos para la elaboración de memorias de sostenibilidad de las empresas.

Las pymes también se involucran con los temas de sostenibilidad

Las pequeñas y medianas empresas también participan en las prácticas de responsabilidad social. En la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa de Pichincha (Capeipi) ya se cuentan empresas de los sectores de alimentos, textiles y químico que desarrollan programas de sostenibilidad.

Así lo asegura Cristian Cisneros, director ejecutivo de este gremio productivo. Como ejemplo cita el Centro de Producción Más Limpia que opera desde hace siete años. “El cuidado ambiental es uno de los temas que más preocupa a los socios y por eso trabajamos en programas vinculados”.

Cisneros reconoce que no todas las pymes tienen políticas de sostenibilidad, pero las que tienen más experiencia se van convirtiendo en ejemplos para las demás. “Lo primero que promovemos es el cumplimiento de temas legales como tributación o seguridad social, para luego generar empresas sostenibles”.

Camila Hernández, sénior de Sostenibilidad de Deloitte Ecuador, señala que a escala global existen tendencias que promueven el desarrollo local y allí las pymes tienen una participación importante.

La ejecutiva afirma que la sostenibilidad no discrimina por el tamaño empresa. “Por eso micros y pequeñas empresas tratan de dejar de ser un emprendimiento para ser una empresa y en ese camino es importante la sostenibilidad empresarial.

Otra de las preocupaciones de este sector es el presupuesto para responsabilidad social. Al respecto, Hernández asegura que siempre será un tema de análisis. Para las pymes los impactos que tienen en la comunidad son de menor escala, por lo que las iniciativas sostenibles pueden ser más precisas y no implican mayor costo.