Xavier Montero / Redacción Quito
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En publicidad, el uso del quichua tiene limitantes

El segundo artículo de la Constitución de Montecristi (2008) determinó al quichua y al shuar como idiomas oficiales de relación intercultural en el país.

Por ese motivo, asegura Tomás Nieto, director general de The Nada Producciones, las agencias publicitarias buscan para su oferta de servicios y en el catálogo de colaboradores a traductores, actores, locutores... que dominen ambas lenguas.

The Nada Producciones ha realizado desde el 2008 cinco campañas informativas de entidades públicas que incluyeron anuncios en quichua y shuar. En ese tiempo han advertido limitaciones. “El banco de voces (locutores) es limitado. Los quichuahablantes natos no hablan mucho español y pueden existir problemas al momento de entender nuestros pedidos dentro del estudio de grabación”, explica.

Nieto añade otro aspecto trascendente: la transmisión literal del guión. “Una cuña radial en español -pone como ejemplo- que dura 30 segundos, al llevarla al quichua, puede extenderse hasta los 45 segundos para expresar la misma idea”.

El quichua es una lengua permisiva, prudente y alegórica, que está llena de superlativos y diminutivos, explica Julio Saransig, catedrático de la Universidad Intercultural Amawtay Wasi, en Quito. “Una frase en castellano requiere de más palabras para transmitirla en quichua”, explica el docente, quien ha locutado unas tres cuñas radiales y ha traducido unos 50 ‘scripts’ publicitarios.

Para Saransig, oriundo de Imbabura, existe un reto al trasladar una idea para el público kichwa: algunos parámetros de vida de aquellos pueblos no contemplan conceptos ni palabras literales para términos como explotación de recursos, ganancias, entre otros.

“Existen particularidades en la pronunciación y escritura de un mismo término”, continúa Saransig y cita un ejemplo. La palabra cariño se pronuncia y escribe kuyay entre los quichuahablantes del sur del país. Pero los pueblos del norte la pronuncian como ‘juyay’. “Aquello influye en la credibilidad del mensaje dado”, añade.

Ricardo Meneses, asistente administrativo del centro cultural Kinti Wasi (Casa del Colibrí), ubicado en el sur de Otavalo, explica que la señalética de sus instalaciones está escrita en quichua, inglés y español por dos motivos.

El primero, manifiesta Meneses, es promulgar la apropiación ideológica de este local con los moradores (31 330 personas se autoidentificaron como pertenecientes al pueblo Otavalo en el 2010, según el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos); y el segundo, la promoción turística de la agenda cultural que manejan.

Desde el sector privado, existen casos de entidades financieras que usan el quichua como gancho comercial. Algunos ejemplos son visibles dentro de las 39 entidades del Sistema de Cooperativas de Ahorro y Crédito registradas en la Superintendencia de Bancos con oficinas en ciudades de la Sierra centro.

La Cooperativa Mushuc Ñan (Nuevo Camino), con sede en Salasaca (Tungurahua), prioriza en su papelería informativa de productos y servicios los textos en quichua. Rosa Jerez, representante administrativa de la sucursal de Imbabura, que opera hace tres años, considera que sus clientes se fidelizan al recibir mensajes en su lengua materna.

La voz de Rosa Ainaguano se ha escuchado en una decena de cuñas radiales de campañas informativas para entidades como el Ministerio de Educación. Según ella “la estructura gramatical del quichua: ‘verbo + sujeto + predicado’, permite expresar ideas generales para un público ávido de conocer más sobre su cultura”.