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Cerca de 30 voluntarios de GM se movilizaron a Tabuchila para la construcción de las viviendas y pozos. Foto: cortesía General Motors

Cerca de 30 voluntarios de GM se movilizaron a Tabuchila para la construcción de las viviendas y pozos. Foto: cortesía General Motors

La reactivación de Tabuchila unió a los trabajadores

6 de junio de 2017 18:53

Un equipo con la camiseta puesta, con energía y entusiasmo viajó a Tabuchila, una comunidad ubicada a unos 10 minutos de Canoa (Manabí). Su objetivo: apoyar a la reconstrucción de esta localidad afectada por el terremoto de abril del 2016.

Los integrantes de este equipo, un grupo de voluntarios de la empresa ensambladora de vehículos General Motors (GM), Fundación Excelsior y otras entidades, juntaron sus fuerzas para levantar y reactivar esta comunidad costera.

Después del terremoto, la Fundación Excelsior recorrió la zona afectada para ayudar, de primera mano, a los pobladores. Agua, vituallas y alimentos fueron parte de la ayuda inicial de la fundación.

Luego se unió con GM para llevar a cabo el programa de reconstrucción y reactivación de la comunidad, de unos 500 habitantes.

La primera ayuda del grupo estuvo encaminada a la reconstrucción de 30 viviendas con materiales resistentes y amigables con la naturaleza, como los pallets reciclados desde la planta de ensamblaje de vehículos.

Para ello, los voluntarios de la firma se movilizaron hacia la zona para construir estas casas. Además, se dio trabajo a 36 personas de Tabuchila y a 85 pequeños proveedores de Manabí, quienes también participaron en las obras.

La empresa y la fundación, además, ayudaron en la apertura de pozos y de un sistema de conducción construido para llevar agua a la comunidad para consumo personal y para el riego de las plantaciones, explica Felipe Terán, voluntario y gerente de Posventa de General Motors.

Para él, la experiencia del voluntariado despertó sus deseos de ayudar a las demás personas. “El voluntariado me cambió la vida; es un sentimiento inexplicable, ya que cuando ayudamos a abrir los pozos entendimos que ese era su sueño más anhelado ”.

El costo de las casas osciló entre USD 7 000 y USD 10 000. Los beneficiarios tuvieron que cancelar el 10% del costo de la casa y el resto lo cubrió la empresa. Por ejemplo, si la casa costó USD 10 000, la familia debía pagar USD 1 000.

“Se les dieron facilidades de pago y el dinero va a un fondo para la comunidad”, afirma Marith Cruz, coordinadora de Responsabilidad Social de GM.

El entusiasmo del grupo de voluntarios fue tal, que Tabuchila ya es parte de la empresa. El grupo de voluntarios llevó regalos a los niños y alimentos a las familias en diciembre pasado, por las festividades navideñas y de fin de año.

Los trabajadores, incluso, utilizaron sus días libres para ir a la zona y convivir con las personas.

Cristina Ordóñez, del departamento de Comunicación de la Empresa y voluntaria, describe a la experiencia como positiva, ya que cambió la vida tanto de los comuneros como de los voluntarios. “El voluntariado se activó y generó más compromiso de quienes trabajamos en la empresa”.

El proyecto incluye la reactivación económica de la zona. La preparación de mermeladas es uno de los emprendimientos que apoyará la empresa.