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El sector de las Mipymes está en pleno crecimiento

Lovisone es una pequeña empresa que desde hace nueve años participa en el segmento de los licores. En este tiempo oferta licor de chocomenta, crema de limón, crema de maracuyá, entre otros.

Paúl Ruiz, administrador de este negocio, comenta que para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) es complicado competir con la gran industria nacional y con los productos importados. La clave es ofrecer calidad, añade Ruiz. Esta factor sumado a una capacidad de negociación con proveedores permite que las ventas de Lovisone crezcan un 18% en lo que va del año.

También sirvió la inversión en maquinaria y la presentación en envases elaborados artesanalmente. El año pasado Lovisone facturó USD 280 000.

Otro ejemplo del crecimiento de las mipymes es el de los helados Dulce Placer, con base en el valle de Los Chillos (oriente de Quito). Este negocio familiar empezó hace dos años con cinco sabores en sus productos y hoy elabora cerca de 160. Su sello es ofrecer sabores típicos de Ecuador, como morocho, rosero quiteño, colada morada, canelazo, trigo...

Ana García, una de las fundadoras de Dulce Placer, cuenta que aprendió a elaborar helados con sabores en Inglaterra. "Al regresar al Ecuador decidí probar con insumos locales. Ahora tenemos tres locales y vendemos un promedio de USD 7 000 al mes".

En la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa de Pichincha (Capeipi) se advierte un panorama favorable para las mipymes. Christian Cisneros, director ejecutivo del gremio, sostiene que desde el 2012 es evidente un crecimiento en ventas y en producción, en distintos sectores como alimentos o metalmecánica.

Este buen momento obedece a la organización jurídica, al hecho de que más personas naturales se convierten en personas jurídicas y a la sustitución de importaciones. Según un censo elaborado por la Capeipi en el 2013, en el que se consultó a 1 367 empresas pequeñas y medianas, el 30% elevó su producción y un 45% mantuvo los niveles del 2012.

Para Cisneros, entre las fortalezas de este sector productivo están la capacidad de adaptarse a escenarios adversos y la calidad en permanente ascenso. Pero también anota desafíos como las dificultades para acceder al crédito, el acceso a tecnologías y no planificar para llegar a los mercados externos.

Según la Novena Encuesta de Coyuntura de la Pequeña y Mediana Industria del Ecuador, realizada por el Observatorio de la Pequeña y Mediana Empresa de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB), las pymes que han logrado incursionar en otros mercados son las de sectores como alimentos, el metalmecánico, vestido y calzado.

Al hablar sobre los mercados externos, la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor) señala en un informe que entre el 2004 y el 2012, el número de mipymes exportadoras pasó de 676 a casi 2 000.

El aporte a la economía nacional es relevante. Según el Censo Nacional Económico del 2010, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), tres de cada cuatro empleos son generados por pequeñas y medianas empresas. Esto significa que, a escala nacional, el 75% de las plazas laborales son generadas por este sector.

En los últimos 30 años, las mipymes han atravesado tres etapas, según Cisneros. Entre 1984 y 1994 se dio un crecimiento sostenido. A partir de 1995 empezó una contracción, que se prolongó hasta el 2005. "Esto ocurrió por la crisis financiera, porque el recurso humano no estaba listo para emprender, la inflación era muy alta y no había estabilidad jurídica". Y desde el 2006 a la fecha, asegura Cisneros, se registra un repunte interesante, con crecimiento sostenido.


El peso en la economía

Negocios que demandan más interacción

Sin micro, pequeñas y medianas empresas el aparato productivo no funciona. Así de contundente es Christian Cisneros, director ejecutivo de la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa de Pichincha (Capeipi), cuando se le pregunta sobre la importancia de este sector en la economía ecuatoriana.

El vocero gremial comenta que no existe un país sin pymes. "Son el motor de la economía". En el segmento de mipymes se incluyen emprendimientos que venden hasta USD 4 millones al año y cuentan con una nómina de hasta 200 trabajadores.

En Ecuador, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en el 2010 se contabilizaban más de 990 000 mipymes. Guayas concentraba el 23% de esas unidades productivas, mientras que Pichincha tenía el 22%. El 55% restante se distribuía en las demás provincias del país.

Cisneros añade un dato más que muestra la relevancia de este segmento: las mipymes representan el 99% del tejido empresarial ecuatoriano. No obstante, existen desafíos como superar la escasa articulación en la cadena de valor de los negocios, la excesiva intermediación, la poca participación en negocios inclusivos con empresas ancla, entre otros.

En el Gobierno también se reconoce el aporte de las mipymes a la economía nacional. El subsecretario de Desarrollo de Mipymes y Artesanías del Ministerio de Industrias, Luis Muñoz, comenta que en las mipymes trabaja el 75% de la población económicamente activa (PEA); es decir, unas 6 millones de personas. El 25% restante está en la gran industria.

Muñoz aporta con más información. El funcionario indica que en el 2013, la facturación registrada en el Servicio de Rentas Internas (SRI), por todo el sector productivo, llegó a los USD 112 000 millones y de esa cifra, unos USD 19 000 millones se generaron en la mipymes. "Es un dato estadístico, pero puede ser engañoso porque la informalidad en el sector de las mipymes es del 77%", ­asegura el Subsecretario.

Muñoz sostiene que es necesario formalizar al sector y que los pequeños y medianos empresarios puedan obtener capacitación, acompañamiento y acceso a crédito financiero.

Wilson Araque, coordinador del Observatorio de la Pyme de la Universidad Andina Simón Bolívar, destaca que las mipymes han recibido un apoyo importante. Al interior del Ministerio de Industrias (Mipro) en los últimos siete años, se crearon varios programas de apoyo al sector. Este investigador añade que falta una mayor articulación del trabajo del Mipro con otros actores públicos como ProEcuador o el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES).

Para Araque, también es necesaria una mayor interacción entre las empresas de diferente tamaño. Solo así el sector podrá enfrentar el cambio de Matriz Productiva, la sustitución de importaciones y los acuerdos comerciales.

Aporte en exportaciones

Crecimiento. El número de mipymes exportadoras pasó de 676 en el 2004 a 2 000 en el 2012, según Fedexpor.

Participación. En los últimos 10 años, las mipymes exportadoras abarcaron el 23,8% del total de envíos de bienes no petroleros del Ecuador.

Mercados. A la Unión Europea (UE) llega el 23,6% de las exportaciones de mipymes. A EE.UU. se va el 24,6%. El porcentaje restante se divide entre otros destinos como la CAN y Asia.

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Las certificaciones

Con sellos de calidad se dan los primeros pasos

Las certificaciones y los sellos de calidad empiezan a ser parte de las prioridades de las mipymes. Datos de la Capeipi señalan que el 33% de empresas del sector metalmecánico, el 30% del químico y el 14% del alimenticio cuentan con normas ISO u otras que permiten estandarizar los procesos.

Alberto Carrión, ejecutivo de Systems & Services Certification (SGS del Ecuador), cuenta que en el país las empresas pequeñas todavía no están acostumbradas a buscar certificaciones. En SGS, alrededor de 200 pymes han obtenido un sello ISO. De estas, unas 100 son empresas de Quito y 50 de Guayaquil; el resto proviene de otras ciudades del país.

Las empresas grandes que exportan son las que más buscan certificaciones, porque en el exterior el ISO suele ser obligatorio. "Las empresas pequeñas no lo ven como necesario, porque no es una regla, no se exige y creen que es difícil, por la inversión que deben hacer para ­implementar los cambios que se requieran", cuenta Carrión.

De las certificaciones que otorga SGS, a la que más aplican las pymes es la ISO 9001, que certifica los sistemas de gestión de la calidad en los procesos productivos.

Labiza, empresa que se dedica a la producción y comercialización de arroz con sede en Guayaquil, se ha enfocado en obtener certificados que hablen de la calidad de sus productos.

Hace cinco años, la empresa fundada en 1991 obtuvo su primera certifica­ción, la ISO 9001 que otorga Bureau Veritas y este año están en proceso de obtener dos­ ­certificaciones más: la BPM (Buenas Prácticas de Manufactura) y la del Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP). "Para nosotros es importante tener esto, porque certifica la inocuidad en los alimentos, le asegura al consumidor que son alimentos sanos, bien hechos, y que no afecten a la salud", destaca Jorge García, gerente de Marketing de Labiza.

Otras certificaciones en las que se empiezan a fijar los microempresarios son la ISO 14001, para la gestión ambiental de la empresa; y la Ohsas, vinculada con la seguridad y salud ocupacional.

A las certificaciones anteriores se suman las que exigen las autoridades nacionales. El Ministerio de Relaciones Laborales solicita que las empresas que tengan 10 o más trabajadores, deben contar con un Reglamento de Higiene y Seguridad en el Trabajo. El 64% de las empresas sí cuenta con un reglamento; mientras que el 33% no, debido al poco personal que labora en su organización, según la información de la Capeipi.


El desarrollo

El 14% de las pymes en el Ecuador investiga e innova sus procesos

Con una inversión superior a los USD 500 000, la empresa cuencana Lenical, que fabrica zapatos para hombre, innovó y mejoró su proceso productivo e instalaciones. También, instaló una planta para elaborar suelas para no depender de los proveedores y diferenciarse de la competencia.

Su gerente general, Lenin Nivelo, adquirió nueva tecnología para aumentar la producción y para solventar la falta de mano de obra calificada en la región. Con ello, el número de unidades fabricadas subió de 80 a más de 200 pares al día.

Esta empresa que vende en todo el Ecuador, principalmente en la Sierra Norte, también incursionó en la fabricación de zapatos con suelas elaboradas con cauchos de vehículos. De los 92 modelos, uno se produce con esta opción casual o de estilo urbano, y está enfocado al segmento socioeconómico medio alto, que aprecia más la conservación del ambiente, comenta Nivelo.

De esta última opción vende 80 pares al mes y debido al proceso artesanal para producir las suelas el costo es mayor y se ubica en USD 45. Las otras alternativas valen 32,75, más impuestos.

La innovación de Lenical es un paso importante, pero al hablar del sector de mipymes a escala nacional, todavía hay retos que enfrentar.

Para Christian Cisneros, director ejecutivo de la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa de Pichincha, hay que avanzar en investigación y desarrollo. El dirigente cita datos del censo efectuado en el 2013: allí se indica que el 14% de pymes del país hace innovación. "Estos procesos no son permanentes y responden siempre a la necesidad de mercado. Las mipymes tienen pocos equipos de investigación y desarrollo. Ese es uno de los retos para mejorar calidad y producción".

Diana Pazmiño, cofundadora de Metier, una empresa que se dedica a diseñar y elaborar sombreros de paja toquilla, sostiene que han innovado este tipo de artesanías. Este emprendimiento desarrolló lo que Pazmiño llama un sombrero de paja toquilla urbano de ala corta.

El diseño le abrió paso a Metier en nichos que demandan alta costura, como EE.UU. y Europa. Sus productos se han exhibido en el Wellington Equestrian Festival, en Florida; el US Open de Polo, en Palm Beach; el Mercedes Benz Fashion Week, en Miami... Esta firma trabaja en la producción de sus sombreros con artesanos de Manabí y Azuay; a cada evento internacional puede llevar entre 300 y 700 sombreros.

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