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Foto: cortesía Red de Guardianes de la Semilla La Red de Guardianes de la Semilla es una plataforma vinculada a la agricultura ecológica. Está en 15 provincias del país y trabajan con los campesinos en capacitación.

La Red de Guardianes de la Semilla es una plataforma vinculada a la agricultura ecológica. Está en 15 provincias del país y trabajan con los campesinos en capacitación. Foto: Cortesía Red de Guardianes de la Semilla

Las semillas pasan por una transición

13 de octubre de 2016 07:35

La producción de semillas en Ecuador, desde el 2013 hasta el 2015, presentó un incremento del 76% según datos del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap).

El incremento se dio porque esta entidad estatal produjo semilla certificada de arroz, maíz suave, maíz duro, papa y fréjol a través de programas en los que se incentivaron mejores prácticas de producción agrícola.

No obstante, la proyección en producción para este año -en relación al 2015- se reducirá en un 39,5%. Esto porque el Iniap se enfocará en mejorar el rendimiento de las semillas básicas y registradas, señala Juan Manuel Domínguez, director general del Iniap.

En el país -de acuerdo con la Ley de Semillas vigente- se producen las siguientes categorías de semillas: genética, básica, registrada, certificada y común. En esta clasificación se toma en cuenta el origen, la calidad y la generación a la que correspondan.

Las tres primeras categorías (genética, básica, registrada) son gestionadas por el Iniap y personas naturales y jurídicas autorizadas por el Ministerio de Agricultura (Magap); mientras que las semillas certificadas tiene un fin comercial con miras a obtener mayor rendimiento. Son utilizadas, principalmente por la agroindustria.

Según Domínguez, los agricultores que usan las semillas genéticas, básicas y registradas han aumentado su productividad en un 48% entre 2013 y 2015.

En los últimos cinco años el Magap desarrolló programas para mejorar el sistema de producción de semillas. La entrega de kits, que incluyen agroquímicos y fertilizantes, más las capacitaciones a agricultores denominados “semillaristas” ayudó a mejorar las técnicas de producción. El programa llamado Plan Semilla acoge a 45 asociaciones a escala nacional y agricultores individuales. El Magap invierte en el plan entre USD 25 y 30 millones al año.

Javier Ponce, ministro de Agricultura, explica que este año para el cultivo de invierno de maíz duro y arroz, se planteará la introducción de insumos orgánicos: “es la primera experiencia de vinculación entre insumos orgánicos con algunos químicos”.

Pese a que el país ha mejorado la capacidad de producción de semillas, todavía se importan hortalizas y maíz duro, desde México, Brasil y Bolivia.

Pero la producción de semillas con la ayuda de agroquímicos no es la única opción en el país. Esto porque la producción agroecológica -que se refiere al tratamiento de semillas sin uso de pesticidas o químicos- también es una práctica común en el campo.

La Red de Guardianes de la Semilla trabaja en el país desde el 2002. En 15 provincias del país, su principal labor es conectar la producción agroecológica de semillas, que se refiere al tratamiento de cultivo sin químicos, con las familias del campo, explica Javier Carrera, coordinador de Gestión Social de la organización.

Aunque la red no lleva un censo específico de producción, calculan que unas 100 familias trabajan con ellos hasta la fecha.

En su tarea la red toma en cuenta las semillas con referencia de 5 100 especies. Estas se derivan a decenas o cientos de propiedades distintas: “por ejemplo puede haber diferentes variedades de semillas de plantas medicinales, hortalizas, maíz, arroz entre otros”, dice Carrera.

En las ‘chacras’ o parcelas de tierra de los campesinos o familias, que optan por la agricultura ecológica, el rendimiento de la semilla no se guía en función de una producción masiva, sino por la calidad del alimento en base a nutrientes y vitaminas.

El proceso de producción de semilla puede durar hasta cuatro años, período en el que se selecciona el insumo hasta obtener algunas variedades, con características como óptima resistencia, y calidad.

Además, el valor agregado de la producción agroecológica es que con esta práctica en la que no se utilizan insumos químicos, las semillas se adaptan a los microclimas de sus territorios. También se rescatan semillas que están desapareciendo, como la jícama (una raíz que produce un alimento similar al nabo), menciona Javier Carrera.

Pero las semillas en el Ecuador también están en medio de un debate. En el 2012, la Conferencia Plurinacional e Intercultural de Soberanía Alimentaria (Copisa) presentó un proyecto de ley, que a la fecha está en consulta prelegislativa. Los puntos fuertes del proyecto son la obligatoriedad de semillas certificadas, o el ingreso de este insumo transgénico, entre otros. Ana Bravo, investigadora social de la Universidad Andina Simón Bolívar, indica que estos puntos deben debatirse con el sector de los campesinos.

El Magap en cambio tiene sus observaciones. Por un lado, asegura que se fortalecerá la soberanía alimentaria, en miras al desarrollo de la agroecología. Pero también le preocupa la llegada de semillas transgénicas para el consumo humano. La opción es trabajar en más investigación.