placeholder
Las prendas se caracterizan por los colores vivos que se utilizan. Tienen una conexión con la naturaleza que rodea a las comunidades indígenas. Foto: Archivo LÍDERES

Las prendas se caracterizan por los colores vivos que se utilizan. Tienen una conexión con la naturaleza que rodea a las comunidades indígenas. Foto: Archivo LÍDERES

Las shigras se venden en una feria de Ambato

11 de septiembre de 2017 15:33

La esquina de las calles Tomás Sevilla y Juan Benigno Vela, en el centro ambateño, se llena de colorido y de bullicio todos los lunes, desde las 07:00. Ahí se concentran mujeres indígenas y campesinos de Simiatug y Cuatro Esquinas, en Bolívar, y Atahualpa, Quisapincha, Salasaka y Chibuleo, en Tungurahua.

Ellos están ahí para vender sus artesanías en la Feria de las Shigras. A las 07:30, todo está listo para la comercialización de estas artesanías que utilizan las jóvenes de las comunidades indígenas de Quisapincha, Salasaka, Chibuleo, Pilahuín y Tomabela.

Vestidas con anacos, bayetas, blusas blancas y sombrero de paño, las mujeres ofertan estos pequeños bolsos que son tejidos con cabuya y tienen decoraciones con figuras como rombos, rayos...

Carmen Silligana es una de las mujeres indígenas que acude, cada mes, a este sitio para vender las shigras que elabora en ese lapso. En promedio son dos bolsos grandes y dos pequeños; los cuatro fueron decorados con colores vivos. La mujer de 65 años ha tejido shigras durante 50 años. Lo hace en su taller en la comuna Putugleo Grande de la parroquia Quisapincha, a 25 minutos de Ambato.

Celia Chimborazo, de la parroquia Simiatug, en Bolívar, cuenta que requiere de unas dos horas al día para elaborar esta prenda. Para adornar las shigras, ella usa morados, azules, verdes, rosados, amarillos, cafés y más para adornar las shigras que confecciona. Cada color que se usa tiene vinculación con la naturaleza, la tierra y los animales. Cuenta que usa cabuya y une las puntadas hasta que sea una tela delgada. Ella aprendió el tejido de su madre cuando tenía 13 años.

Uno de los compradores fue Manuel Chipantiza. Él compra las shigras para guardar cebada, trigo, hasta papas y ocas. Cuando no los usa, los pone en un madero que tiene en el tumbado en su vivienda ubicada en la comunidad de Pungoloma, a 40 minutos al suroeste de Ambato. Otras personas también usan estas prendas para transportar las habas, choclo y mellocos cocinados para alimentarse cuando hay mingas o fiestas.

Incluso, en la actualidad, en el campo se emplean como medida para el intercambio de productos. En las ciudades es una prenda preferida por las estudiantes universitarias y secundarias.

Hay otras personas que compran las prendas con el objetivo de mejorar y ampliar los acabados, como Pedro Caiza. “Cosemos los filos con cuero para que las shigras se vean más elegantes. Las venden en la feria de Otavalo.