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El tsáchila José Aguavil es el líder del proyecto turístico y cultural Shuyun, que en tsa’fiki significa arcoíris. Foto: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

El tsáchila José Aguavil es el líder del proyecto turístico y cultural Shuyun, que en tsa’fiki significa arcoíris. Foto: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

Shuyun potencia el turismo en la comuna El Poste

4 de septiembre de 2017 10:37

Hace 17 años fue inaugurado el primer centro turístico, en la comuna tsáchila El Poste, llamado Shuyun (arcoíris).

José Aguavil, líder del proyecto, señaló que la idea de un emprendimiento cultural y turístico nació cuando el exvicario Hugo Araujo lo hizo reflexionar. “Él me dijo que por qué yo ya no me pintaba el cabello ni utilizaba la ropa tsáchila”.

Aguavil recuerda que ese comentario rondó su cabeza por más de un mes y empezó a notar que ya nadie en su comuna vestía la indumentaria típica de la etnia.

Así que él y su familia empezaron a retomar las costumbres y tradiciones tsáchilas. En minga construyeron una cabaña y empezaron a elaborar las artesanías con materiales del bosque, como lo hacían los antepasados.

Pero hace 17 años llegó un grupo de extranjeros a la comuna. Al ver que estaban vestidos con chumbillina y el cabello de los hombres estaba pintado de rojo con achiote, ellos se interesaron por esa cultura y decidieron comprar todas las artesanías. “Nos dieron como USD 400, que en esa época era muchísimo”.

Entonces decidieron asesorarse sobre cómo crear un proyecto turístico, en el que se rescate la cultura. Ellos pidieron asesoramiento a los tsáchilas de la comuna Chigüilpe, que ya trabajaban en el museo tsáchila Wapilú.

Al principio, solo construyeron dos cabañas a través de mingas y con materiales del bosque que hay en la comunidad. Unas nueve familias se asociaron en el proyecto y empezaron a aprender a tocar la marimba y a confeccionar la ropa autóctona. Los dos primeros años, los turistas llegaban esporádicamente. Pero, luego empezaron a recibir hasta 500 visitantes al año.

Por eso, hace unos siete años construyeron cabañas para alojar a los turistas. El paquete incluye la experiencia de vivir por un día cómo lo hacen los nativos en la comuna. Además se pueden hacer recorridos por el bosque, rituales de sanación y un momento de recreación con juegos ancestrales y música típica.

Hace un año, construyeron dos cabañas más con pambil y paja toquilla. El más pequeño es un local de artesanías donde se venden desde lanzas hasta pulseras para evitar las malas energías.

En la cabaña principal, en cambio, funciona un restaurante y salón de eventos. Ahí se puede degustar la comida típica de los tsáchilas como el ayampaco, que es un pecados sazonado en una hoja de plátano y cocinado al vapor o en parrillas. También se ofrece gallina criolla y un plato parecido a la tonga manabita, que también es típico de la etnia.

Aguavil señaló que si los turistas solicitan otro tipo de alimentación también pueden elaborarla.
El chamán señaló que en los últimos cinco años, se trabaja con dos grupos de turistas. Un grupo es de extranjeros que buscan netamente conocer la cultura o hacer investigaciones de las plantas nativas o del idioma. Ellos se hospedan por más de una semana y hacen voluntariado en la comuna.

El otro grupo de turistas son los nacionales, que en época de feriado llegan a conocer y por lo general no se hospedan. En temporadas bajas, en cambio, llegan en busca de la medicina ancestral.

En este centro cultural solo los poné (curanderos) certificados por el Consejo Tsáchila realizan esta actividad. “Muchas veces las enfermedades se generan por estrés, aquí tratamos que se relajen”.