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El Comercio de Lima y AFP (I) Grupo de Diarios América (GDA)
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La situación económica de Brasil atrae la mirada regional

Se considera que un país ha entrado en recesión técnica cuando cumple dos trimestres consecutivos con resultados negativos. El viernes 29 de agosto del 2014, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) reportó que Brasil, la principal economía de América Latina (y la séptima en el mundo), se contrajo en un 0,6% con respecto al primer trimestre y que, en los tres primeros meses del año retrocedió un 0,2%, ingresando oficialmente a su primera recesión desde finales del 2008 e inicios del 2009. En esa época, este país fue golpeado por la crisis financiera internacional.

Aunque el gobierno de Dilma Rousseff ha tratado de señalar al entorno internacional como responsable de los malos resultados, los analistas apuntan a que han sido sus políticas de izquierda las que han reducido la confianza de los consumidores y de las empresas, y han provocado fuertes pérdidas para los inversores financieros.

La economía de Brasil creció en promedio un 4% durante el Gobierno del predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, entre el 2003 y 2010. La expansión en el mandato de Rousseff se encamina a una media de menos de un 2%.

Los datos divulgados por el organismo oficial IBGE confirmaron los temores de los economistas, que ya preveían una contracción en el segundo trimestre a partir de indicadores negativos divulgados previamente y que mostraron una fuerte caída en la producción de la industria y en las ventas del comercio.

La producción de las fábricas sufrió una fuerte caída en junio debido, principalmente, a los numerosos días festivos decretados durante el desarrollo del Mundial de Fútbol, celebrado del 12 de junio al 13 de julio (ver página 14).

Antes del Mundial, la economía ya tenía dificultades por el aumento de la inflación, que redujo el poder adquisitivo de las familias y obligó al organismo emisor a incrementar la tasa básica de interés hasta el 11% anual, su mayor nivel en tres años y medio.

El aumento del costo del dinero, por su parte, redujo las inversiones e hizo caer la confianza de los empresarios a sus niveles más bajos en varios años.

"Brasil creció mucho en los últimos años (...). La impresión de algunos economistas de que Brasil quebró es errónea. Es cierto, la economía se desaceleró, entre otras razones porque el consumo de las familias, que era muy fuerte, paró de crecer, y como el real estaba fuerte empezamos a importar mucho y a viajar al exterior", opinó el analista económico André Perfeito, de la consultora Gradual Investimentos en Sao Paulo.

El gigante sudamericano enfrenta su cuarto año consecutivo de crecimiento moderado. Tras un alza espectacular de 7,5% del PIB en el 2010, Brasil creció 2,7% en el 2011, 1% en el 2012 y alcanzó un 2,5% el año anterior.

"No da para decir que hay recesión técnica. Creo que no se debe hablar de recesión. Aquí es poco (lo que ha caído el PIB) y es poco tiempo, y la economía está moviéndose. Además hay empleo, la masa salarial está creciendo, y el mercado consumidor está expandiéndose". Esta fue la primera reacción que dio el ministro de Hacienda, Guido Mantega.

Pero los indicadores no muestran el mismo optimismo que refleja el Gobierno. A la par de la difusión de las cifras que ponen a este país en recesión, el sector público brasileño registró en julio un déficit fiscal primario de 4 715 millones de reales (USD 2 143,2 millones), el peor resultado para este mes en los últimos 13 años, según el reporte del Banco Central. Fue el tercer mes consecutivo en que Brasil registró un saldo negativo en sus cuentas públicas primarias, que miden la diferencia entre los ingresos y los gastos del Gobierno central.