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¿Son realmente las Mipymes el motor productivo del país?

América Latina emprende mucho, pero la mayoría de estas iniciativas son de escaso crecimiento y dinamismo. Y solo 1 de cada 4 emprendedores tiene un perfil de empresario grande o mediano, el resto se parece más a un trabajador asalariado e, incluso, informal. Ecuador no es ajeno a esta realidad.

Así lo señala el informe Emprendimientos en América Latina del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) presentado el jueves pasado en Quito.

En el país existen pocas empresas grandes y una abrumadora cantidad de micros y pequeñas empresas (ver cuadro de datos). Pero, según el informe de la CAF, solo un cuarto de ellas tiene potencial de crecer, es decir, de innovar y generar más empleo. El resto son trabajadores por cuenta propia especialmente no calificados, con ingresos muy bajos y volátiles, los cuales, según el estudio, probablemente estarían mejor como empleado. Según el análisis, la idea de que las mipymes son las grandes generadoras de empleo es una tesis que debe ser analizada con mayor detalle.

En promedio, las empresas de hasta 10 trabajadores (incluidos aquellos por cuenta propia) concentran el 73% de empleo, empresas que pagan poco y muchas veces son informales, según el estudio de CAF. En EE.UU., en cambio, este segmento solo capta un 23% del empleo.

Estas cifras son coherentes con datos del último reporte del Global Entrepreneurship Monitor- Ecuador (GEM) elaborado por la Espae. Según este, aunque cada vez más personas emprenden, el 69% de ellas no genera puestos de trabajo y la mayoría está en el segmento de comercio que no genera valor agregado.

Luis Quishpi, presidente de la Junta Nacional de Defensa del Artesano, dice que 105 000 talleres artesanales aportan hoy al sector productivo, aunque reconoce que hay un alto grado de informalidad. "La gente se queda en la informalidad para no pagar impuestos, eso hay que corregir", asegura.

Otro problema es la falta de capital de trabajo, de capacitación de la mano de obra y de innovación. Sin ello, los emprendimientos son fácilmente replicables. Este es uno de los principales problemas del país, dice Javier Vaca, director de la Red Financiera Rural. "Cuando quieren acceder a capital y se les exige un proyecto, innovación, ahí se quedan".

Pero existen ejemplos exitosos que han crecido al darles una parte de la cadena de valor. Ello exige capacitación, asociatividad y, muchas veces, una empresa ancla. "Una empresa grande que exija estándares y que compre a todos los que cumplan ese estándar. Estas firmas apoyan con capacitación e incluso financiamiento", señala Vaca.

El estudio de la CAF incluso sugiere focalizar la ayuda estatal y las políticas públicas a los emprendimientos más dinámicos, por lo general los más jóvenes.

  • El desafío es generar más empleo

Emprender un negocio o dar el salto a un emprendimiento más dinámico requiere capital, capacitación e incluso aprender a cerrar una iniciativa.

En el Ecuador el 91,1% de empleadores tiene a su cargo menos de 10 empleados. Un índice preocupante, según el estudio ‘Emprendimientos en América Latina’ del Banco de Desarrollo de América Latina CAF. Por lo general, anota el estudio, se trata de empleos informales o poco dinámicos, es decir, que no generan empleo.

María Ambuludi perteneció por más de 20 años a este segmento. Ella tenía un taller de costura, pero el aumento de la ropa china a inicios de los 2000 la obligó a cerrar. “Para subsistir, vendía helados en las calles”, cuenta. Pero la actividad le dejaba menos de USD 100 mensuales. Hace cuatro años decidió que era hora de emprender. Convenció a otras 14 artesanas para formar una asociación. “Elaboramos juguetes, bolsos, banderas, uniformes, todo lo que es confección”, dice Ambuludi.

Comenta que hoy tiene más de 14 máquinas industriales y han podido contratar tres empleados adicionales, entre ellos un diseñador de modas. La microempresaria cuenta que conseguir capital de trabajo es el mayor desafío. La asociación les ha permitido obtener ayudas para capacitación y otros apoyos. “Hoy requerimos ampliar el taller, pero necesitamos ayuda”.

Pablo Brassiolo, uno de los economistas de la CAF a cargo del estudio, dice  que la falta de capital de trabajo es una de las mayores barreras para las mipymes.

Así también lo cree Valentina Goñi. La joven diseñadora elabora trajes de baño en un pequeño taller, en Quito. La acogida de las prendas en el mercado le permitió abrir una tienda en el 2010, junto a otras socias. Comenta que su emprendimiento nació de un proyecto cuando estudiaba Diseño en la Universidad San Francisco de Quito, pero luego perfeccionó gracias a una especialización en Argentina. Empezó sola pero hoy ya dispone de tres empleadas.

Conseguir la inversión inicial fue el primer reto. “Mis padres me apoyaron con USD 10 000”.  Goñi comenta que otra dificultad es conseguir insumos, especialmente telas y forros de calidad. “No hay en el país y tengo que importar de Colombia, Brasil, etc.”

También comenta que si bien las mipymes generan empleo en el país, pero cuando uno ve cuáles son las que generan más crecimiento se puede observar que son las pymes jóvenes y son ellas donde se deberían concentrar los esfuerzos de recursos públicos”, explica. Por ello, cree que las políticas gubernamentales también deben contemplar ayudas para cerrar emprendimientos pocos dinámicos y ayudar a otros con más potencial.

El empresario Juan Jáuregui tuvo que aprender esto solo. Relata que mantuvo por 14 años una florícola. Las crisis económicas del país y problemas con sus compradores le obligaron a cerrar. Pero él está convencido que tardó mucho tiempo en tomar esa decisión. “Eso es algo que deberían enseñarnos en las escuelas de negocios, cuándo ya no es saludables seguir con un emprendimiento”. Hace año y medio abrió una nueva iniciativa, Germinatu, que elabora germinados orgánicos, miniplantas y flores orgánicas para la cocina gourmet. La iniciativa tiene proyección de internacionalización.

  • Mipymes exportadoras crecieron cerca de 4 veces en ocho años

La decisión personal de abrirse mercado es el principal factor que impulsa a las Mipymes a exportar. Así lo consideran catedráticos, empresarios y representantes de gremios privados.

Felipe Ribadeneira, presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor), dijo que a esto se suma el que haya oportunidades para los ítems nacionales no tradicionales, muchos de los cuáles se consideran  exóticos. “Muchas pequeñas unidades de negocios tienen partidas de exportación como pimiento, yuca, arroz, fréjol, quinoa, frutas en conserva y exóticas. Tienen cuatro o cinco hectáreas. No venden de forma local porque la paga es muy baja. En el extranjero encuentran precios más interesantes. Estos empresarios se especializan y se dan a conocer en el mundo”.

Esto lo están viviendo Manuel Zavala y Olivia Ortiz. Ellos son socios propietarios de Selva Dorada, una firma ubicada en la provincia de Morona Santiago, que se dedica a la elaboración de productos hechos en base a cacao como chocolates, nifs  con frutas, jaleas, entre otros. Estos son exportados a Francia y desde allí distribuidos a otros países de Europa. Vende a través de la firma Bouga Cacao, con quien tienen un contrato de 1, 5 toneladas al año (chocolates).

La empresa de Zabala es parte de las 1906 Mipymes que ingresaron al negocio de exportación desde el 2004. En ese año, según ProEcuador, había 676 firmas y en el 2012 estas llegaron a 2 582.

El 50,6% de los productos de exportación de estas empresas, de acuerdo a datos de  Fedexpor, corresponde a bienes no tradicionales. Algunos de los productos que se exportan son flores, frutas tropicales, mangos, conservas de mariscos, sombreros, etc. Otros estudios realizados por entidades como el Observatorio de la Mipyme de la Universidad Andina (UASB), muestran que otras firmas de este tipo que han ingresado a la exportación son de software, fármacos, etc.

Estas firmas generan, en promedio, 35 empleos fijos y dos ocasionales. Así mismo, muchas se constituyen a través de la asociatividad y permiten mejorar las condiciones de vida de familias, particularmente de las zonas campesinas. Este es el caso de Fundación Familia y Mujer Andina (Fundamyf), que abarca 141 comunidades que tienen mayores ingresos mensuales gracias a la producción de quinua. El cereal se industrializa y se fabrica más de 40 productos. El 80% de la ventas al exterior van a EE.UU.

La apertura de este mercado, sumado al boom de la demanda de productos orgánicos en el mundo, les permitió crecer. Ahora, sin embargo, les genera complicaciones debido a al pérdida de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas, que permitía el ingreso de ítems con cero aranceles al mercado estadounidense.

En la empresa creen que es necesaria la firma de acuerdos comerciales para afianzarse en mercados. Precisamente, la fata de estos convenios es uno de los problemas que frenan las exportaciones de las Mipymes, según la UASB. Así mismo se suman otros como a falta de financiamiento y de apoyo gubernamental.

Esto es lo que requieren firmas como Jambi Kiwa, industrializadora y exportadora de sobres de plantas aromáticas. Esta empresa requiere apoyo para enfrentar un problema de contaminación de sus productos en campo por agua.

  • Los trámites frenan los emprendimientos

El emprendimiento en el país va en aumento, sin embargo existen limitantes que frenan o acortan los pequeños negocios. La ausencia de apoyo financiero es la principal causa.

Engorrosos trámites burocráticos, falta de financiamiento y asesoría para emprender y hacer que las micro, pequeñas y medianas empresas perduren, son los principales limitantes para de desarrollo de emprendimientos.

El último informe del Global Entrepreneurship Monitor- Ecuador (GEM) elaborado por la Espae, señala que uno de cada cuatro adultos había iniciado los trámites para iniciar un negocio. Sin embargo, estos no superaban los 42 meses de antigüedad.

Shirley Campoverde, gerente comercial de Soyas AW indica que entre las dificultadas que tiene como emprendedora está el acceso al crédito. “Obtener financiamiento es casi imposible, llevo al menos cinco años tratando de obtener uno (privado o público) y no ha sido posible”. Es el crédito personal lo que ha permitido que el negocio familiar crezca.

Soyas AW nació hace diez años como un pequeño negocio, hoy vende unas 40 000 botellas de soya al mes, en Guayaquil. Hace año y medio Campoverde notó que necesitaba un camión para sus entregas del producto. Trató de obtener un crédito, pero la tasa era del 20%, algo que no podía pagar.

Javier Vaca, director de la Red Financiera Rural, cree que para crecer e innovar no es suficiente el microcrédito. “Es necesario créditos asociativos y más flexibles y de largo plazo destinados a la innovación tecnológica de las mipymes”. Cree que el microcrédito es más de subsistencia o para capital de trabajo.

Obtener los permisos para comercializar los productos es otro problema. Sacar el registro sanitario le tomó tres meses a Campoverde. Lo mismo le sucedió a Guillermo Guerrero, propietario del emprendimiento de cerveza artesanal, Porteña. Él esperó 13 meses para que el Municipio de Guayaquil le otorgue el certificado de Uso de Suelo, pues la naturaleza de su negocio no estaba definida en la normativa. Con las normas de calidad Inen tuvo una traba similar. “Las normas no eran claras para la cerveza artesanal, solo tenía disposiciones especificas para la industrial”, dice.

Comprar la materia prima a los proveedores directos es otra de las dificultades. “Por ejemplo, no podía comprar azúcar a los ingenios directamente por que era una empresa pequeña, y esto me obligaba a pagar unos USD 6 más por cada quintal de azúcar”, indica.

Para afrontar la falta de financiamiento, David Molina, secretario técnico del Ministerio Coordinador de la Producción, dijo que está elaborando un Fondo de Garantías con la Corporación Financiera Nacional (CFN). Este permitirá a los microempresarios acceder a créditos en la banca privada, especialmente aquellos que no disponen de garantías. El fondo estará listo hasta fines de año.