Redacción Quito
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Superación personal, disciplina y... negocios

En Quito existen unos 15 centros de entrenamiento exclusivos, para la práctica de artes marciales. Sus instalaciones no son iguales a las de un gimnasio pues no hay pesas y requieren de otros implementos específicos, como colchonetas, golpeadores, armas orientales de práctica y protecciones especialmente diseñados para que los artistas marciales no se lastimen durante el entrenamiento.

La adecuación de estos centros, conocidos con el nombre de 'dojos' por quienes practican algún deporte de contacto, requiere de una inversión que de entre los USD 5 000 y 15 000, dependiendo del espacio disponible.

"Lo más caro son las colchonetas", explica Rafael Janowitzer, dueño del dojo Club IKA ubicado desde la década de 1980 en el Centro Comercial La Y, en el norte de Quito. El dojo de Janowitzer tiene dos plantas, una de 200 m2 y una segunda de 100 m2. Cada plancha de colchoneta, conocida con el nombre de 'tatami', debe tener un grosor de entre 2,5 y 4 cm, para que al caer no duela.

Cada plancha del 'tatami' puede costar de USD 28 a 150 por m2. La adecuación del Club IKA, por ejemplo, requirió de una inversión de USD 8 000 solo en el 'tatami', a esta cifra se suman otros implementos por USD 7 000.

Con esto concuerda Leonardo Arrobo, profesor 3° dan de kempo karate y dueño del Shin Ka Dojo, ubicado en un área comunal del conjunto residencial La Maestranza (norte). Dice que invirtió más de USD 6 000 en la adecuación de su dojo. "Si bien la misión fundamental de las artes marciales no es el comercio, se debe manejar un modelo de negocio, para que se vuelva rentable y no esperar enormes ganancias al inicio", explica.

Para volver rentable el negocio, cada dojo abre las puertas a diferentes clubes que pagan un arriendo o llegan a un acuerdo de beneficios por porcentajes.

En el dojo de Arrobo, por ejemplo, practican ninjutsu, karate y aikido, cada grupo paga una renta de USD 100 mensuales por usar las instalaciones tres veces por semana, en turnos de hora y media por clase. Sumando a esto el ingreso de las clases de karate que dicta Arrobo, sus ingresos en el dojo pueden llegar a los USD 1 500 por mes.

El costo promedio de la mensualidad que cada estudiante paga en las escuelas oscila entre los USD 30 y 60. No existe un target específico, pues hay estudiantes desde los 3 años de edad en adelante.

En el dojo Sei Shin Kan se factura hasta USD 1 500 por mes y también se da apertura a otros clubes, pero manejan un acuerdo de ganancia del 50/50. La mitad de los ingresos se queda con el maestro y la otra mitad son para el dojo.

"Los estudiantes son clientes también, pero ellos no vienen solo por un servicio, buscan las artes marciales por la superación personal, el fortalecimiento físico y la disciplina que se desarrolla con la práctica", asegura Luis Castillo, profesor 4° dan en kendo y vocero del centro Sei Shin Kan.