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José Jiménez se dedica al tejido del chal de la Chola Cuencana desde hace medio siglo. Aprendió de sus padres. Foto: Xavier Caivinigua para LÍDERES

José Jiménez se dedica al tejido del chal de la Chola Cuencana desde hace medio siglo. Aprendió de sus padres. Foto: Xavier Caivinigua para LÍDERES

El tejido de la macana tiene ruta propia para conocerlo

6 de septiembre de 2017 16:47

Más de 25 artesanos elaboran la macana (chal de la Chola Cuencana) en los pueblos de Bulzhún, San Pedro de los Olivos y Bullcay, en el cantón azuayo de Gualaceo. Ellos preservan la técnica de tejido de esta prenda y muestran su trabajo al turista nacional y extranjero.

Uno de los más reconocidos es José Jiménez, de 58 años, quien aprendió este oficio hace casi cinco décadas. Él ofrece un recorrido por su taller en San Pedro. La visita cuesta USD 1 y la explicación del proceso de elaboración toma más de 30 minutos. En la actualidad, más 30 turistas llegan por semana a esta casona de abobe y techo de teja, cuyo distintivo es una bandera del Ecuador.

Jiménez es el encargado de explicar todo el proceso que se requiere para tejer el chal de la Chola Cuencana y otras prendas y accesorios como ponchos, carteras, bolsos y hasta zapatos para mujer. Todos son elaborados con la misma técnica denominada ikat, que fue declarada como Patrimonio Cultural del Ecuador hace dos años.

A más de los telares, este taller cuenta con tiene un espacio para exhibir las prendas. Los precios oscilan entre los USD 45 y 500 dependiendo del diseño. Por ejemplo, las que tienen el escudo del Ecuador valen desde USD 150.

Este artesano tiene un tablero de madera en el que acomodó cuatro ollas de barro. En su interior hay plantas como alfalfa, retama, entre otras, y el gusano llamado la cochinilla, que se encuentra en el penco. Son tintes naturales para teñir el hilo.

Él explica a los turistas los usos. Del nogal obtiene un café claro y de la planta del añil el azul. La cochinilla sirve para las tonalidades fucsia, rosado o rojo. “Hace un siglo mi abuelo Miguel Ulloa llevaba estas prendas al Perú y practicaba el trueque. Traía velas, panelas, sal… El viaje en mula duraba más de dos meses. Mis padres vendían en el mercado de Gualaceo”, recuerda.

En la actualidad, Jiménez tiene un proyecto para resaltar el tejido de la macana. Se trata de un museo que funcionará desde finales de este año en este taller. Allí, exhibirá fotos de los artesanos que enseñaron este oficio en Gualaceo y cerca de 200 macanas antiguas, que son parte de su colección privada.