Arturo Castillo / Motivador y Prof. De Técnicas Psicorrelajantes
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Trabajador eficiente hasta en la cama

La omnipresencia de la tecnología en la vida cotidiana de millones de personas ha llevado a niveles de dependencia que tienen características patológicas. La gratificación sensorial que provocan ciertos dispositivos electrónicos puede ser inmensa, al punto de desplazar necesidades fundamentales del organismo.

Extensivamente, los trastornos de conducta son cada vez más comunes, especialmente entre los jóvenes, cuya habilidad para comunicarse parece atrofiarse aceleradamente, así como la capacidad para distinguir la realidad de la ficción.

De manera general, la omnipresencia de la tecnología modula cada aspecto de la vida de la actual generación. Concretamente, la vivencia del tiempo ha sufrido un giro radical a causa de la tecnología, que hace que todo transcurra mucho más deprisa, obligando a los individuos a responder con inusitada velocidad, de lo contrario, el tiempo les ‘come’.

Efectivamente, una hora en el contexto de la tecnología moderna pareciera transcurrir en un abrir y cerrar de ojos, mientras que para las generaciones pasadas se trataba de auténticos 60 minutos, que permitían realizar numerosas actividades, y sobraba tiempo.

En el campo del trabajo, ese nuevo tiempo, impuesto por las máquinas, hace que los sujetos actúen con atropello y ansiedad, con escasa prolijidad, pues las tareas están siempre pisándoles los talones. En esas circunstancias, el tiempo asignado por la empresa para el cumplimiento de metas puede no siempre ser objetivo, obligando al trabajador a completar los pendientes en su casa.

Entonces es cuando la omnipresencia de la tecnología ‘auxilia’. Y no hay problema, con los dispositivos móviles, el trabajo puede realizarse ‘cómodamente’ inclusive en cama. Claro, puede que este extraordinario sujeto esté cumpliendo a cabalidad con sus jefes, pero seguramente su relación de pareja está sufriendo un incontrolable deterioro, especialmente si llevar las tareas a la alcoba se vuelve un hábito. Tal ‘eficiencia’, previsiblemente, desembocará en alteraciones de orden sexual, en cansancio crónico y estrés, con su secuela de síntomas psicofísicos.

Si el trabajador no tiene el carácter para establecer una línea divisoria clara entre lo profesional y lo personal, no podrá esperar la compasiva compresión de su empresa. Quizás esté frente a la penosa situación de decidir quién y qué cuentan más en su vida.

Escriba a Arturo Castillo: [email protected]