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El sombrero de paja toquilla autóctono se confecciona en el poblado de La Pile, en el cantón Montecristi, en la provincia de Manabí. Foto: Katherine Delgado para LÍDERES

El sombrero de paja toquilla autóctono se confecciona en el poblado de La Pile, en el cantón Montecristi, en la provincia de Manabí. Foto: Katherine Delgado para LÍDERES

La Pile mantiene la tradición del sombrero de toquilla

3 de julio de 2017 16:46


El sitio La Pile, en el cantón Montecristi, es una meca de tejedores del sombrero de paja toquilla manabita.

En cada vivienda se encuentra un espacio destinado para desarrollar esta destreza artesanal del montuvio de esta provincia.

Es una costumbre que está ligada a la actividad agrícola de este grupo étnico, que tiene al campo como su aliado para surtirse de la materia prima necesaria para esas creaciones artesanales.

El poblado se encuentra a un costado de la Ruta del Spondylus y a 45 minutos de Manta.
Está rodeado de montañas y de una espesa vegetación entre la que sobresale la toquilla.
Ahí Fidel Espinal aprendió a cultivar y cosechar esa planta que resalta por sus finas hojas de color verde. Pero este habitante sabe que para elaborar un sombrero únicamente necesita del cogollo.

Este debe pasar por un proceso de cocinado y secado para que adquiera esa característica de hilo amarillo delgado, que resalta en los sombreros.

Espinal tiene 40 años en el arte y explica que La Pile es popular en varias latitudes del país y del mundo por que ahí se confecciona el sombrero más fino y original.

Los hombres y mujeres del poblado aprendieron a elaborar este accesorio para mantener la tradición del montuvio, que utiliza los sombreros para protegerse del sol y diferenciarse de otras personas.

En las áreas de las viviendas, destinadas para la sala, es común observar taburetes de madera y las hormas que sirven para moldear los sombreros.

El día a día de los miembros del hogar transcurre entre esos maderos y los diminutos hilos que ellos entrelazan con los dedos de la mano hasta que la pieza tome esa forma redonda donde cabe la cabeza de una persona.

Lo hacen recostados sobre los taburetes, en una posición que necesariamente amerita poner el pecho sobre el madero y con la cabeza casi fija hacia el piso.

Ana Delgado explica que permanecer por largas horas en esa posición provoca mareos y dolores en las articulaciones.

Por eso hacen pausas cada media hora, pero dice que es un esfuerzo que al final del día es valorado por los visitantes que llegan al poblado en busca de un sombrero autóctono.
Los venden hasta en USD 150 y uno de los atractivos para enganchar al turista es enseñarles en el mismo instante cómo se logran los acabados.

Delgado cuenta que las familias tienen modelos semielaborados, es decir con los hilos de la circunferencia que protege parte de la cara sin procesar.

Así enseñan al visitante, por ejemplo, que es el modelo originario del montuvio. Que no necesita el acabado de los que actualmente se elaboran.

Esto porque los montuvios antepasados procuraban proteger su cabeza de las inclemencias del sol, antes que por una moda.

Esta explicación se cuenta como una leyenda a los estudiantes del Centro de Formación Artesanal de La Pile.

El lugar se construyó en el 2012 para mantener la tradición del sombrero de toquilla. Actualmente 15 jóvenes del pueblo tecnifican sus conocimientos.