Redacción Quito
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En Uyanza van 22 años sin despegarse de las golosinas

Los indígenas viven un sentido de reciprocidad cuando recogen los frutos de la tierra. Ellos retribuyen con las ‘uyanzas’ o regalo de alimentos, a quienes les ayudaron en las cosechas.

De este ejercicio solidario de los pueblos originarios nació el nombre del emprendimiento, que tiene su sede en el centro de Quito, y que elabora productos alimenticios como granola y mote frito, desde inicios de la década de 1990.

Elena Paredes no recuerda la inversión que su hermana Margarita hizo para conformar el negocio familiar. Ella cuenta que en aquellos años, el objetivo del negocio de su pariente fue apoyarse económicamente, con la venta de granola que comercializaba entre amigos y vecinos, para culminar sus estudios de Psicología en la Universidad Católica de Quito.

Hoy, con más de 22 años en el mercado, Uyanza es un negocio que emplea a 18 personas y cuyas ventas alcanzan los USD 22 000 al mes.

Las habitas, chulpi tostado, pan integral, galletas de quinua... de Uyanza se comercializan en las tiendas Camari y Santa María, a escala nacional.

Jorge Cali, del departamento administrativo de la tienda Camari Riobamba (provincia de Chimborazo), explica que los empaques de granola con salvado, germen de trigo, linaza, ajonjolí, semilla de sambo, pasas, y miel de panela, se comercializan hasta 100 unidades al mes, desde hace más de siete años.

En la planta, las bateas con mote frito y maní enconfitado reposan sobre manteles con motivos indígenas. Las baladas acompañan el paciente trabajo de Jimena Andino y Roger Angulo, quienes ostentan el parentesco de prima y ahijado de la fundadora. “Ya le dije que es una empresa familiar”, repite Paredes.

Andino apila los paquetes de granola que se distribuirán a las tiendas. La producción de este compuesto alimenticio alcanza los 10 000 kilogramos cada mes. “Queremos rescatar los valores nutricionales de nuestras tierras. Los ‘snack’ son buena opción para las loncheras”, indica.

Ana Rivas coincide con aquello. Ella es subadministradora del delicatessen Federer ‘Coruña’, en el norte de Quito, y explica que venden hasta 30 paquetes de frutos y semillas, un mix de almendras, macadamias, nueces de castilla, pasas... al mes. “Muchos padres y madres de familia las compran para su hogar”, explica Rivas y aconseja que el negocio estilice más sus diseños en logotipos y empaques.

Angulo se retira los guantes y empieza a recontar los ejemplos de jóvenes en situación de riesgo, que recibieron empleos en este negocio. “Margarita da oportunidades a estos chicos. Su pasión por la psicología le permite apoyarlos desde este aspecto”, manifiesta el colaborador.

María Eugenia Viteri, vendedora de la tienda Camari La Carolina, cuenta que se venden hasta 40 paquetes de granola y barras nutricionales en este local, cada mes. “Nuestros clientes son oficinistas del sector que se preocupan por su alimentación en las jornadas laborales”, añade.