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Arturo Castillo. (O) Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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Vacaciones: quizás el año entrante

En general, las empresas son poco perceptivas respecto del estado de ánimo, nivel de energía, conexión intelectual y emocional con que sus empleados desempeñan las tareas. Desconocen, consecuentemente, métodos que ayuden a elevar y mantener el tono emocional, la actitud mental y la fortaleza física que se necesitan para un desempeño laboral óptimo.

No es de extrañar, entonces, que el llamado 'burn out' constituya uno de los mayores problemas empresariales. Es que las organizaciones no entienden la incidencia de los ritmos, de los ciclos, de los picos de rendimiento y descenso de la productividad.

En tiempos modernos las compañías cuentan con el recurso tecnológico, con la incondicionalidad de las máquinas, que producen más en menos tiempo.

Es quizá por ello que muchas empresas pierden la perspectiva del trabajo humano, al considerar a sus colaboradores máquinas inteligentes, de las que se espera un alto rendimiento, aun a costa de su bienestar.

A diferencia de las máquinas, los seres humanos están obligados a parar, a restituir la energía perdida, a repararse física y mentalmente, a riesgo de colapsar, de enfermar irremediablemente. De ahí que las pausas sean absolutamente necesarias.

Sin embargo, muchas empresas manejan las vacaciones de sus trabajadores como un trámite administrativo cualquiera, para llenar una exigencia legal.

Pasa con alguna frecuencia que las compañías posponen el descanso de los trabajadores 'indispensables', concediéndoles uno que otro día, con cuentagotas. Las razones son de diverso orden: proyectos a medio camino, falta de personal capacitado para dar continuidad a procesos; jefes que se sienten perdidos si alguno de sus subalternos llega a ausentarse.

A la postre, el perjuicio es individual y empresarial. El sujeto experimenta agobio y saturación, la rutina obstruye su creatividad. La organización ve comprometido el clima laboral con situaciones conflictivas, emociones desbordadas, estrés colectivo; ánimo de sabotaje, constantes errores, olvidos 'involuntarios'.

Las firmas deben instar a los trabajadores a que se acojan a su receso anual. No deben caer en la tentación de canjear las vacaciones por dinero, aunque sus colaboradores estén dispuestos. La plata no les devolverá el entusiasmo para trabajar.