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Las hermanas Karina (izq.) y Tatiana Riera (centro) junto con su madre Carmen Cortez, instalaron la cafetería con sazón esmeraldeña. Foto: Francisco Espinoza para LÍDERES

Las hermanas Karina (izq.) y Tatiana Riera (centro) junto con su madre Carmen Cortez, instalaron la cafetería con sazón esmeraldeña. Foto: Francisco Espinoza para LÍDERES

El Verdecito cautiva a Ibarra con el toque de la sazón esmeraldeña

12 de junio de 2017 17:05

El patacón loco es uno de los platos recientes en la carta de la Cafetería El Verdecito, en Ibarra. Este bocadillo es una especie de tortilla de plátano verde, previamente frita y aplanada, que va acompañado de carne, pollo, queso y guacamole.

Esa es una de las delicias inspiradas en la gastronomía esmeraldeña con la que Carmen Cortez y sus hijas, Karina y Tatiana Riera, cautivan a los ibarreños.

Dos décadas antes, Cortez se había mudado de su natal San Lorenzo hasta la capital de Imbabura, para buscar un futuro mejor para sus hijas. En su memoria traía recetas de comidas típicas de la ‘Provincia Verde’, que le cautivaron durante su niñez. Pero, ni siquiera sospechaba que eso sería la llave para instalar el negocio familiar.

Antes de abrir este establecimiento, la carismática matrona, de amplia sonrisa, trabajó en una fábrica de libros, que luego cerró sus puertas. Tras perder su empleo y ante la necesidad de mantener el hogar montó laCafetería El Verdecito, que funciona desde hace nueve años en la avenida Jaime Roldós, en el norte de la urbe, junto a la residencia de la familia.

La iniciativa empezó tras una sugerencia que les hizo Irene Riera, familiar de las emprendedoras, tras saborear unas exquisitas empanadas a la usanza esmeraldeña.

Esa fue la semilla de esta micro-empresa, que se especializa en diferentes platillos que tienen como base el plátano verde. Incluso, los saberes de la gastronomía afroesmeraldeña inspiraron la tesis de ingeniera en contabilidad, con la que se graduó Karina Riera, en la Universidad Técnica del Norte.

La innovación ha permitido un crecimiento constante de comensales. En el menú ahora resaltan manjares nuevos como pizza, hamburguesa y bolón de verde, señala Karina, administradora del establecimiento.

Los bocadillos tienen nombres picarescos como bolón ‘arrecho’, bolón con sombrero y bolón cobijado. El primero, que lleva carne de cerdo, tocineta y queso, está inspirado en el plato esmeraldeño ‘tapao arrecho’, que es un caldo de carnes rojas y pescado.

Sin embargo, la especialidad de la casa son las empanadas de verde que pueden ir rellenas de queso, pollo, camarón o concha. Las dos últimas, agrega Carmen Cortez, las implementó para dar más alternativas a los golosos.

Al inicio hacían solo de queso o pollo. Vendían entre 10 a 15 unidades diarias. Pero, en cuatro meses el local cobró fama, comenta Tatiana Riera, socia del emprendimiento y abogada de profesión.

Ahora ofertan entre 250 y 300 empanadas cada día. Los precios de estas delicias crocantes fluctúan entre USD 1,25 a 1,75.

La mayoría de clientes ha quedado cautivado con la sazón de El Verdecito, como el quiteño Juan Pillalaza, que llegó respondiendo a una recomendación. “Los productos tienen el mismo sabor que los preparados en la Costa”.

Aunque la microempresa creció no han perdido el trato personalizado con la gente. Este negocio que comenzó con dos mesas, en un pequeño salón, ahora se amplió a 17 mesas en dos plantas, que siempre están repletas. En la infraestructura y equipamiento han invertido USD 15 000. Los recursos provienen de varios créditos.

Por ahora, el plátano verde llega desde Santo Domingo de los Tsáchilas. En cuatro meses obtendrá la primera cosecha de su finca.

Otros datos:
Atención. El Verdecito abre de lunes a sábado, desde las 17:00 hasta las 21:00.
Ampliación. Las emprendedoras analizan instalar una sucursal y ampliar el horario.
Registro.  En el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual se tramita la marca.
Producción. En San Lorenzo, en una finca de su propiedad, empezaron a cultivar el verde.