Arturo Castillo. Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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La vocación, ¿es una sola y definitiva?

La forma en la que los seres humanos planifican sus vidas, da la impresión de que lo tienen todo bajo control. En sus mentes lógicas no caben el azar, las coincidencias o las casualidades. Debe haber, en definitiva, una explicación racional para todo.

Confían en su habilidad para elegir, aunque en la generalidad de los casos, muchas de esas elecciones les dejen con sentimientos de culpa, inseguridad e impotencia.

Concretamente, un asunto crucial como es la profesión, está muchas veces dejado al azar. La razón: falta de una auténtica vocación que ayude a elegir. Los extraños cursos de la vida, las coincidencias y las casualidades, que se niegan como factores que modulan el destino personal, suelen colocar a los sujetos en circunstancias que jamás imaginaron.

Los cambios de profesión, los felices hallazgos de vocaciones que terminan por configurar historias de éxito, de realización plena de los potenciales, hay que reconocer, suelen ser producto de hechos fortuitos. La fórmula consiste en identificar las oportunidades favorables y atreverse a tomarlas, con osadía, pero también dejándose llevar por la intuición, por las corazonadas.

Ello no significa que las decisiones razonadas, los cálculos de la mente lógica, no contribuyan a dar esos vuelcos vocacionales que cambian radicalmente a los individuos. Lo que sucede es que solo la escucha profunda, el sentir del corazón, tienen ese poder alquímico, transformador, la fuerza para arriesgarlo todo en función del "nuevo amor".

Desgraciadamente, el común de los sujetos mide esos saltos cualitativos con los logros cuantitativos. Sin embargo, no siempre es así.

Puede ocurrir, por ejemplo, que el canje justo para abrazar la nueva vocación consista en obtener menos ganancias, en sacrificar el estatus.

En esto consiste el mayor obstáculo para abandonar el aburrimiento, la desidia y el vacío que experimentan cotidianamente en el trabajo muchas personas. Detestan lo que hacen, pero jamás se arriesgarían a un limbo ocupacional.

A la postre, la genuina decisión del cambio puede llegar a cubrir plenamente las expectativas económicas. Entonces materia y espíritu habrán alcanzado un maravilloso equilibrio.

La frase
"Los extraños cursos que tiene la vida suelen colocar a los sujetos en circunstancias que jamás imaginaron".