Foto: Eduardo Terán / LÍDERES
Santiago Ayala Sarmiento. Redacción Quito / LÍDERES
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Wilson Merino R.: Lo que toca se hace... sonrisas

Una parte de su historia de vida pudo haber sido el guión perfecto para elegir descarriarse. Y hasta pudo ser, en cierta forma, entendible: su madre murió de cáncer cuando él tenía 19 años. Y el año pasado su padre fue asesinado luego de un confuso secuestro.

Pero no. Wilson Merino Rivadeneira decidió mostrarle su sonrisa al destino e intentar contagiarla al mundo. Por eso, no deja de sonreír y hacer sonreír. Aunque claro está, como todo ejecutivo que se enfrenta al mundo, también debe sacar su casta de luchador. Y ahí, no siempre está sonriente, porque, cuando quiere lograr lo que quiere, pelea con todo.

Así fue desde el inicio. Con el dolor a cuestas por la partida de su madre, y obligado a buscar su autosustento, montó una empresa, Get & Go, que regalaba tarjetas promocionales de puntos estratégicos (hoteles, restaurantes, tiendas de compras, etc.). "En ese tiempo era toda una novedad para el mercado ecuatoriano. La gente podía tomar gratis estas tarjetitas y llevárselas. A partir de allí nacieron otras ideas similares", recuerda el marketero Juan Carlos Frei.

La firma estuvo vigente cinco años, desde enero del 2003 hasta el 2008, con un buen prestigio que lo llevó incluso a exportar la marca hacia Perú. Sin embargo, algo no engranaba. Este joven quiteño sentía que ese no era su camino, pese a que el negocio caminaba bien.

Y la noche del 31 de enero del 2003, fue al mar a visitar a su madre (el deseo de ella había sido que sus cenizas fueran regadas en el mar); y en medio del océano tuvo la visión de crear una organización de ayuda contra el cáncer. Así nació la Fundación Cecilia Rivadeneira, en honor al ser que esa noche le susurró a su corazón que emprendiera este reto.

Con pocos recursos para empezar y sin noción de cómo hacerlo, se lanzó. El doctor José Iguiguren, entonces jefe de Oncología en Solca, le abrió las puertas. El día que el joven fue a tocar las puertas de su consultorio llegó con la convicción de sacar el proyecto a como diera lugar. Viendo la determinación, Iguiguren le brindó todo el apoyo.

¿Cómo emprender un proyecto social cuando no se tiene dinero? Simple: el voluntariado. Y empezó improvisando, creando una red con sus amigos, con los amigos de los amigos. Así, ladrillo por ladrillo fue construyendo, desde el 2004, el mayor voluntariado juvenil del país, por donde han pasado más de 8 000 jóvenes.

Y sin recibir un solo centavo de donaciones, la Fundación se ha ido sosteniendo bajo una estructura bautizada como "la cultura del regalo", donde ser autosustentable es la columna vertebral. Los voluntarios dan sus habilidades, sus conocimientos, su trabajo y, a cambio, reciben capacitación u otros beneficios.

En el medio se desarrollan varios productos y servicios que generan recursos, entre ellos la producción y venta de kits lúdicos que incluyen lápices de colores, marcadores, títeres de dedo, etc., capacitación en 'terapias de la risa' y 'clowns' y otros programas que se ejecutan en alianza con terceros.

En este último aspecto, los hechos más relevantes fueron la llegada al país de l famoso 'clown' hospitalario Patch Adams y del lanzamiento de la escuela de fútbol del Real Madrid en el Ecuador, para los hermanos de los niños afectados con cáncer.

La socióloga Daniela Armijos, quien ha hecho seguimiento de las fundaciones en el país, señala que el trabajo realizado por Merino ha sido valioso en cuanto a la incorporación, primero, de los jóvenes, y, segundo, de una idea conceptual de utilizar al payaso como un canalizador de alegría y sanación emocional a los enfermos. "El hecho de que sea autosustentable también le brinda una independencia de posibles presiones externas".

Y eso se evidencia en todo el equipo de trabajo de la Fundación, que no pasan de cinco (en el área administrativa), pero que a través del impulso en redes sociales han logrado insertar el proyecto a nivel mundial. Por eso, ahora, esto que nació como un sueño, se ha convertido en una realidad que es vista con buenos ojos desde afuera.

De hecho, la labor de la Fundación acaba de ser seleccionada como participante para el concurso del Emprendedor Social del Año, que organiza la prestigiosa Fundación Schwab.

Merino, de 31 años, feliz reciente tío, no se ha quedado allí. Durante los últimos cinco años vivió en China, haciéndose un lugar en ese 'caníbal' mundo ejecutivo. Su capacidad para olfatear proyectos que impacten positivamente en la sociedad, le permitió acceder al cargo de Cónsul Comercial de Ecuador en ese país.

Desde su escritorio construyó un innovador proyecto de apoyo a los exportadores ecuatorianos (en especial a los más pequeños) para que logren colocar más productos allá sin incurrir en los altísimos costos de operación. El proyecto reposa en las manos de las principales autoridades del Comercio Exterior.

Y aunque salió de su cargo público, Merino espera haber dado un granito de arena para que muchas personas se beneficien de esta herramienta. Al fin y al cabo, como él dice: "El dinero, la multiplicación de recursos es algo que permite alcanzar un fin colectivo. La mejor paga son la sonrisa y el abrazo de gratitud".

La fundación

La Fundación mantiene alianzas con entes como Children Cancer en Singapur o Make a Wish.

Cada voluntario debe cumplir con cuatro horas de voluntariado/mes.