Tras un año de la declaratoria de la pandemia, las familias sacan lecciones de la crisis. Foto: Freepik.es

Tras un año de la declaratoria de la pandemia, las familias sacan lecciones de la crisis. Foto: Freepik.es

Eco. Wilson Araque J. (O)
Especial para Revista LÍDERES
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Los aprendizajes derivados de la pandemia

19 de marzo de 2021 15:38

La pandemia, desde el 17 de marzo de 2020, se ha convertido en un laboratorio de aprendizaje multiespacial basado en la ocurrencia obligatoria de vivencias individuales y colectivas. Siendo, precisamente, uno de esos espacios el de la economía familiar, en donde, las familias, producto del confinamiento, la cuarentena dura, el teletrabajo y la teleducación total o parcial; han vivido, en medio de errores y aciertos, una serie de experiencias que, bien procesadas y aprendidas, se convierten en fuentes poderosas de conocimiento para el ejercicio futuro de buenas prácticas financieras.

Por ejemplo, lo que varias veces se ha repetido, la pandemia ha enseñado que la construcción preventiva -en épocas de tranquilidad financiera- de fondos de ahorro y contratación de seguros de salud y vida, para solventar necesidades imprevistas producto del accionamiento de amenazas externas tipo covid-19, se vuelven una prioridad que, luego de la vivencia real de los últimos doce meses, deberá estar presente en los ejercicios de planificación financiera de las familias.

Otro aprendizaje es la continuidad que se debería hacer sobre el uso futuro de formas asociativas para la adquisición de alimentos que, en los primeros meses de 2020, fueron puestas en acción con fuerza al interior, sobre todo, de condominios de viviendas.

Con esta práctica cooperativa, al final, se pudo palpar que sí es posible unirse entre vecinos cuando hay un objetivo común. En este caso, las compras en asociación que, en última instancia, además de facilitar el acceso a productos para la sobrevivencia humana, también hicieron ver que se pueden lograr ahorros financieros significativos cuando las adquisiciones de bienes y/o servicios son realizadas de forma conjunta y no solo individual como, quizá, era lo tradicional que se hacía en épocas prepandémicas.

Ahora, yendo a otro espacio de experiencias pandémicas, como producto de la disponibilidad de tiempo -cuando se vivieron los momentos duros del encierro de la cuarentena- muchas personas experimentaron que, en diversos temas del conocimiento, sí es posible autoaprender.

Surgiendo, así, una buena ventana para estimular -con un enfoque y alcance de autoaprendizaje- programas de educación financiera, en donde, desde la óptica de la buena gestión de la economía familiar, las familias sigan desarrollando capacidades para tomar decisiones sobre el manejo eficaz, eficiente y ético de los ingresos, gastos, ahorros, inversiones y posibilidades de endeudamiento cuando las circunstancias ameriten.

Finalmente, el gran aprendizaje ha sido el aceleramiento del proceso de digitalización electrónica de las transacciones comerciales y financieras que, cotidianamente, las familias realizan para satisfacer sus necesidades básicas.

De ahí, no es raro que, luego de un año de pandemia por el covid-19, el teléfono celular pasó a ser el sitio en donde, centralizadamente, está el banco, las empresas de servicios básicos, el hospital, el laboratorio de exámenes médicos, el supermercado, la farmacia y todas las demás aplicaciones empresariales que, pensando en la disminución del contagio por aglomeración humana, han buscado facilitar la vida de las personas y las familias mediante soluciones que, sin salir de casa, les permita comprar bienes y/o servicios.

Y, con ello, cuando se realiza el balance entre costos y beneficios, sí existe un beneficio al consumidor, ya que, además de disminuirle la posibilidad de contagio, también le genera ahorros -de todo tipo- al evitar la movilidad física entre un sitio y otro.