Europa quiere seguir el ejemplo de otras zonas del mundo, en las que ya existen políticas sobre el uso de fundas plásticas. En la India, desde la semana pasada, están prohibido utilizarlas. Foto: AFP

Europa quiere seguir el ejemplo de otras zonas del mundo, en las que ya existen políticas sobre el uso de fundas plásticas. En la India, desde la semana pasada, están prohibido utilizarlas. Foto: AFP

Agencia EFE
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El comercio minorista quiere decir adiós al plástico

2 de julio de 2018 14:33

Liberar la economía de plásticos de un solo uso se ha convertido en una prioridad de la sostenibilidad en la Unión Europea (UE), donde legisladores, productores y consumidores intentan prescindir de un material tan letal para la biodiversidad marina como cotidiano para los ciudadanos.

El objetivo declarado de la Comisión Europea es que para el 2030 todos los envases de plástico producidos en la Unión Europea estén diseñados para que puedan ser reciclados o reutilizados y evitar que el 50% de los envases de plástico acaben en las diferentes playas europeas.

El comercio minorista, que representa el 11 % del Producto Interno Bruto (PIB) de la UE, funciona como una atalaya desde la que se podrá analizar e impulsar ese viaje colectivo hacia una economía circular donde el reciclaje y la reutilización de los materiales sustituya a la entrada de nuevos componentes en el sistema productivo.

Para poner en común sus inquietudes y experiencias, representantes de la industria del empaquetado, del plástico, grandes comerciantes e instituciones como la Comisión Europea o las Naciones Unidas (ONU), se dieron cita la semana pasada en el Foro de Comercio Minorista para la Sostenibilidad, organizado en Bruselas, Bélgica.

“Los supermercados son un espejo de la sociedad. Se adaptan constantemente a la demanda”, resumió Susanne Czech en nombre de la Mesa Redonda Europea de Comercio Minorista, que agrupa a empresas como El Corte Inglés, Ikea, Mercadona, Lidl o Marks & Spencer.

Todos coinciden en que el desafío medioambiental es enorme y la mentalidad debe cambiar porque si los habitantes del mundo consumieran recursos como los europeos, incluido el plástico, harían falta dos planetas y medio para saciar sus necesidades.

“Es irreversible. Tenemos que alejarnos de un consumo irresponsable de recursos. Toda la cadena de suministro es consciente de este problema”, comentó en ese encuentro la gerente responsabilidad social de la cadena española de supermercados Mercadona, Adela Torres Calatayud.

Su perspectiva, como apuntó el eurocomisario de Medioambiente, Karmenu Vella, es enriquecedora porque “las superficies comerciales pueden influir en la producción y en el consumo”.

Vella indicó que se persigue una transformación económica completa. “Queremos cambiar la forma en la que los plásticos se diseñan, producen, consumen y reciclan en Europa”, agregó el eurocomisario, quien el pasado enero lanzó la primera estrategia sobre plásticos nunca diseñada por la Comunidad Europea.

A ese esquema le siguió en mayo una propuesta legislativa para eliminar objetos como pajitas, bastoncillos o vasos de plástico cuando existan alternativas sostenibles y medidas, junto a obligaciones para los Estados miembros como recuperar el 90 % de las botellas de bebidas de plástico de un solo uso para 2025.

Además, Bruselas baraja instaurar un impuesto al plástico no reciclable que rondaría los 80 céntimos de euro por kilo de plástico incinerado y podría aportar 7.000 millones de euros a las arcas comunitarias entre 2021 y 2027 para compensar, en parte, la pérdida de fondos comunitarios por la salida del Reino Unido de la UE.

Esa tasa, lejos de ser una realidad, se sumaría a la senda de reciclaje marcada por el Ejecutivo comunitario, que ha estipulado que la cota de reciclaje de plástico en la UE en 2030 deberá ser del 55%.

A veces no se trata sólo de reducir los embalajes, sino de empaquetar mejor. Ahí está el ejemplo de Mercadona, que introdujo una tapa de plástico en sus latas de atún para evitar que el pescado quedara reseco y terminase en la basura y agravase otro problema medioambiental de los países ricos: el desperdicio de comida.

En otras ocasiones, las soluciones para reducir el uso innecesario de plástico, sector que emplea a 1,5 millones de personas en 60 000 empresas de la UE, no parecen tan complejas. Juliet Phillips, de Rethink Plastic Alliance subrayó que a menudo es más barato comprar tres pimientos empaquetados juntos que sueltos.

“Si no cambiamos de política, en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar”, suele repetir como un mantra el vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans.