Olmedo Cayambe expuso la experiencia de las comunidades del Chimborazo en cinco provincias de Perú, Chile y Bélgica. Trabajó en proyectos de Heifer Ecuador, Trías, etc. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Olmedo Cayambe expuso la experiencia de las comunidades del Chimborazo en cinco provincias de Perú, Chile y Bélgica. Trabajó en proyectos de Heifer Ecuador, Trías, etc. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Cristina Marquez
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Impulsa el turismo y protege el páramo andino

18 de diciembre de 2018 11:02


El entusiasmo se siente en la voz de Olmedo Cayambe cuando recuerda cómo cambió la vida en las comunidades asentadas en las faldas del Chimborazo, cuando incursionaron en el turismo y la crianza de alpacas. Su liderazgo fue clave en el proceso de cambio.

Fue en el 2001. Él tenía solo 20 años, sus estudios secundarios no estaban completos y una oportunidad tocó a su puerta.

La embajada de Canadá promovía un curso de capacitación en turismo comunitario, una materia que en ese entonces era totalmente desconocida en las comunidades. Él, junto a un grupo de 20 jóvenes, estudió durante un año para convertirse en los primeros guías locales nativos.

La idea de vivir en una reserva natural protegida tampoco estaba clara en las comunidades. La gente desconocía que el páramo se estaba deteriorando debido al exceso de borregos que pastaban en esa zona y a las quemas continuas de pajonales que se realizaban frecuentemente para que el ganado se alimente del rebrote.

“El primer conocimiento que recibimos en ese curso fue desgarrador. Nos explicaron que estábamos matando el páramo, cada familia tenía unos 400 borregos, vivíamos del campo y no conocíamos otra forma de subsistir”.

Desde los años 80, la economía de las familias de las 16 comunidades de esa zona dependía de la venta de vellones de borrego, que eran demandados por la industria textil. Pero debido a que no es una especie nativa de la región andina, se estaba destruyendo el delicado ecosistema de páramo.

La primera alternativa a la venta de borregos fue el turismo. La siguiente apareció tres años después, el reemplazo de los borregos por alpacas, una especie de camélido andino cuya crianza es amigable con el medioambiente.

Olmedo fue designado por los jóvenes de la comunidad para liderar el proyecto.
“Lo más difícil fue convencer a los más ancianos. Tuvimos problemas con nuestros abuelos porque no entendían por qué debían cambiar sus rebaños de borregos por animales nuevos, que no sabíamos manejar”, dice Olmedo.

Sin embargo, tras decenas de reuniones, talleres y varios años de prácticas logró instaurar la crianza de alpacas como la principal actividad económica en la zona. El páramo enseguida empezó a recuperar su verdor.

Olmedo se había ganado la confianza de la gente y también se había formado como líder comunitario en los cursos que organizaban organizaciones no gubernamentales. Pero tenía un sueño inconcluso: sus estudios.

En el 2002 logró culminar sus estudios secundarios y lo hizo en dos colegios simultáneamente. A pesar de la oposición de su familia, dos años después decidió dar un paso más e ingresar a la Universidad Nacional de Chimborazo, donde obtuvo el título de ingeniero en ecoturismo.
“En mi comunidad nadie había tenido la oportunidad de estudiar en una universidad. Mi familia pensaba que estaba perdiendo mi tiempo y dinero”, cuenta.

Dividir su tiempo entre su familia, sus funciones como presidente de la comunidad y dirigente de otras dos organizaciones, con sus tareas y clases no fue lo más difícil. El reto más fuerte vino cuando le nombraron presidente de la Corporación de Turismo Comunitario, que a su vez tenía a su cargo una empresa comunitaria que estaba a punto de quebrar.

Puruhá Razurku, una empresa turística que incluía una tienda agroecológica y una caja solidaria, dependía del financiamiento de las ONG, pero cuando el dinero se acabó, nadie sabía cómo sostenerla. Olmedo llegó a la gerencia sin experiencia, pero con los conocimientos que simultáneamente aprendía en la universidad.

Él aplicó una estrategia que implicó alianzas estratégicas con grandes empresas turísticas y una fuerte campaña para empoderar a la gente de su territorio, que ocho años después aún mantiene a flote. La empresa además logró beneficiar directamente a 416 familias que subsisten del turismo e indirectamente a 1 400 familias de las 11 comunidades que forman parte del proyecto.

Ahora Olmedo tiene un nuevo reto. Fue electo presidente de la Asociación de Vicuñeros, un oficio que es nuevo y desconocido.

Por primera vez en 32 años las comunidades aprovecharán las fibras de las vicuñas y el desafío es fortalecer la organización. La asociación ahora tiene 810 socios de tres provincias.
Marcelo Pino, director provincial del Ministerio de Ambiente, lo describe como un gran líder comunitario. “Se esfuerza en promover y proteger los derechos de las comunidades indígenas. Su liderazgo y visión motivó a la gente a unirse a la AsoVicuña”.