Mario Sambache, propietario del Complejo Kaersam.  La atención es de lunes a domingo. Foto: Julio Estrella / LÍDERES

Mario Sambache, propietario del Complejo Kaersam. La atención es de lunes a domingo. Foto: Julio Estrella / LÍDERES

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Una cadena de piscinas que opera todo el año, en Quito

16 de julio de 2018 11:32

Salía cansado del trabajo y los únicos sitios que encontraba para desestrarse de forma sana en la noche eran los gimnasios. Buscaba en Quito un área de recreación acuática a la que pudieran asistir ejecutivos, familias, niños, etc.

Mario Sambache no se quedó lamentando e hizo que las cosas sucedan. Con una inversión inicial de USD 200 000 levantó el Complejo Recreacional Kaersam en La Rumiñahui, en el norte de Quito, en un terreno de su propiedad en el que funcionaba otro negocio.

El emprendimiento abrió sus puertas en el 2002 con la idea de ofrecer a la comunidad “un espacio de esparcimiento, relax, salud e integración de la familia”. El centro de recreación acuática tiene un área 2 400 metros cuadrados (m2) y cuenta con piscina, sauna, turco e hidromasaje.

También incluyó alternativas no acuáticas para el público como un gimnasio, aromaterapia y un bar con bebidas y snacks.

Los clientes pueden comprar su entrada individual: USD 9 adultos y 5 niños. También pagar por tarjetas para 10 entradas por USD 75 y USD 70 por el mes. Hay programas para parejas y familias.

Sambache considera que se debe dar un servicio permanente a los clientes por lo que no cierra ningún día del año y abre 13 horas diarias: de 06:30 a 21:30. La idea es que el público, de diferentes edades y condiciones, pueda acceder sin la limitante de un horario.

Uno de los extras de este negocio es que toda la infraestructura es cubierta, por lo que no importa el momento del día ni el clima para acceder a los servicios del lugar.

El propietario mantuvo un único Kaersam por seis años. En el 2008 abrió dos sucursales, luego de arrendar dos instalaciones en el norte de la ciudad; la una está ubicada en Pusuquí y la otra en la sede de la Unión Nacional de Periodistas (UNP), en Iñaquito.

En todas se ofrece los mismos servicios para los clientes. Sin embargo, el complejo de Pusuquí es de mayor tamaño y cuenta con otras áreas como un parque infantil, canchas deportivas, etc.

La cadena ofrece cursos permanentes para bebés desde los tres meses hasta personas de la tercera edad. El plus de la empresa para los clientes que quieren aprender a nadar es que pueden acceder en el horario que cada uno considere, de lunes a domingo; para ello Kaersam tiene 10 instructores que cada año renuevan su certificación y están capacitados.

El complejo, además, cuenta con su propia escuela de natación y ha participado en diferentes competencias, incluso, en aguas abiertas. Madres de nadadores que se han formado en este sitio destacan la calidad deportiva.

Una de ellas es Jenny Flores, quien asegura que a sus tres hijos la escuela les ha generado disciplina en sus vidas. “Somos clientes unos 12 años. La atención es buena y lo importante es que siempre hay limpieza. Vivo cerca y también he usado los servicios”.

Kaersam se ha mantenido firme a pesar de las dificultades económicas que ha enfrentado el país en los últimos años. La estrategia que ha aplicado es la diversificación de servicios; por ejemplo, el sitio ofrece acceso a spa y fiestas infantiles acuáticas.

En estas últimas los niños pueden disfrutar del área húmeda, pero también divertirse en saltarines, inflables, pistas deslizables, cañón de burbujas, espuma, entre otros servicios.

Durante los meses de clase, el negocio ofrece tareas dirigidas y, durante el verano, cursos vacacionales en los tres centros acuáticos, de 07:30 a 19:30, para los niveles básico, medio y avanzado.

Hace un año Sambache hizo una alianza estratégica con la firma Fisioquality, para ofrecer terapia acuática. Yadira Gordón, fisioterapeuta aliada de la firma y coordinadora de terapia en el complejo de Naciones Unidas, dice que usan las propiedades del agua para pacientes en diversos estados.

“Aprovechamos los beneficios en lesiones osteomusculares. En el agua no hay carga en las articulaciones y se genera mayor flujo sanguíneo, lo que ayuda a disminuir procesos inflamatorios y brinda más movimiento. Los pacientes neurológicos mejoran su estado de ánimo. Hacemos ejercicios y técnicas específicas”.

La atención a los pacientes funciona con la misma lógica del complejo, es decir, en los tiempos en los que se acomoden.