Manuel Suquilandi, su esposa Juana Guamán y sus hijas Evelin y Jesica administran la empresa. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

Manuel Suquilandi, su esposa Juana Guamán y sus hijas Evelin y Jesica administran la empresa. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

Cristina Marquez
Contenido intercultural
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Los trajes autóctonos son la fortaleza de esta empresa

25 de junio de 2018 10:11

Blusas con coloridos bordados, brillos y escotes, son el producto estrella de Suquilandi’s, una empresa dedicada a la manufactura y comercialización de prendas de las culturas Puruhá, Chibuleo y Otavalo.

Los cuatro integrantes de la familia Suquilandi, oriundos de la comunidad San Francisco de Punín, en Riobamba, diseñan los atuendos y participan en el proceso de manufactura.
Antes se dedicaban a la pastelería y panadería, pero siempre quisieron administrar un negocio de ropa. Manuel Suquilandi es el gerente y fundador de la empresa; él se decidió a cambiar su panadería por un taller textil en 1995.

“Siempre soñé con fabricar ropa porque cuando era niño mi familia era muy pobre y no teníamos dinero para comprarla”, cuenta Suquilandi, de 55 años.

Él obtuvo un crédito para comprar una máquina bordadora y pidió prestadas tres máquinas de costura para iniciar el negocio. Además se capacitó sobre el diseño y confección de atuendos.

El primer reto de la empresa fue posicionar su producto en el mercado local. En esa época los atuendos tradicionales estaban desapareciendo y quienes aún vestían ropa indígena preferían la ropa de Otavalo.

“La ropa de Chimborazo, la nuestra, estaba pasada de moda. Necesitaba de un retoque juvenil para volverla atractiva”, dice Juana Guamán. Ella es la encargada del diseño de las blusas.

Una de las estrategias que aplicó la familia para difundir la vestimenta, fue fabricar uniformes para los coros indígenas de las iglesias evangélicas. Ellos se convirtieron en los clientes más asiduos de la empresa.

En solo unos meses, Suquilandi’s vestía a más de un centenar de mujeres de varias comunidades de Riobamba. La moda, en un inicio se inspiraba en el colorido de la naturaleza, pero en la actualidad las jóvenes prefieren trajes duocromáticos con brillos, lentejuelas y mullos.

“Nos destacamos por la calidad de nuestra ropa y los diseños originales”, cuenta Evelin Suquilandi, quien se encarga del marketing.

Su hermana Jésica, en cambio, se encarga del diseño computarizado de las blusas. “Mi madre es quien tiene las ideas. Ella escoge los colores y yo me ocupo de convertirlos en moldes de computadora que luego se transfieren a las prendas en las máquinas”.

Ahora la iniciativa también comercializa fajas kawiñas, alpargatas, anacos y todos los accesorios del atuendo tradicional de las mujeres puruhaes. Sus diseños se venden en las comunidades, e incluso en las ciudades donde hay migrantes indígenas.

Para quienes están en la costa, por ejemplo, se elaboran blusas con telas ligeras y escotes, para resistir en calor. Mientras que para las nacionalidades de la Sierra, las blusas tienen telas más gruesas. 

A mediano plazo, la familia espera convertirse en exportadores de atuendos típicos. Además, están cerca de presentar su línea masculina, que incluirá camisas.

“La ropa es muy duradera y los precios son accesibles. Además tienen diseños diferentes”, dice María Angélica Gualla, una de las clientes más asiduas.

Las blusas cuestan entre USD 20 y 50, dependiendo de la complejidad del bordado y los accesorios.

“Ahora nuestro sueño es que no solo los indígenas vistan nuestra ropa, sino los extranjeros y mestizos”, dice Suquilandi.