En Vainuz trabajan 20 mujeres con estudios en Agronomía, que se encargan de la polinización de la vainilla y de la cosecha de vainas. Fotos: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

En Vainuz trabajan 20 mujeres con estudios en Agronomía, que se encargan de la polinización de la vainilla y de la cosecha de vainas. Fotos: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

María Victoria Espinosa
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Vainuz produce vainilla en Santo Domingo y ya empezó a exportar

5 de febrero de 2020 12:54

La investigación científica fue la clave para que la empresa Vainuz empezara a producir y exportar vainilla a más de 10 países en Europa, Asia y América.

El proyecto se inició hace 17 años en Santo Domingo de los Tsáchilas, cuando Eduardo Uzcátegui sembró la primera planta de vainilla.

Él recuerda que su amigo George Ester tuvo una plantación de vainilla en el noroccidente de Pichincha. Pero el clima de esa zona no favoreció a las plantas, traídas desde Holanda.

Así que Ester regresó a Europa, pero antes le obsequió una planta de vainilla a Uzcátegui, quien en el 2002 era decano de la Facultad de Agrope­cuaria de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ).

Él sembró la planta en Santo Domingo, que tiene un clima más cálido que el de Mindo. Tras una larga espera (de alrededor de tres años), la planta al fin floreció e inició un proceso de multiplicación de las plantas para poder crear un invernadero y así es­tudiar el cultivo.

Al principio no fue fácil descubrir cómo cultivar vainilla. Por eso, Uzcátegui ha realizado estudios y experimentos para mejorar el proceso de fecundación, floración, entre otros.

Uno de los primeros experimentos consistió en hacer dos sembríos. Unos a la intemperie y otro en un invernadero. Los primeros obtuvieron resultados menos favorables en relación con el rendimiento y calidad.

Así que Uzcátegui decidió invertir en los invernaderos. En la actualidad tiene siete, que cuentan con sistemas de riego, medidores de temperatura, entre otros. Están ubicados en un terreno de 17 000 metros cuadrados, ubicado en la vía hacia la comuna tsáchila Colorados del Búa.

La primera producción se dio en el 2007 y fue de 20 kilos. Pero llegar a eso implicó pérdidas económicas, más de 30 investigaciones sobre la planta, el manejo del cultivo, control de plagas y la capacitación de 20 mujeres, la mayoría con estudios agropecuarios.

La flor de la vainilla es una orquídea, de donde nacen unas vainas. Para que adquieras el olor característico, las vainas deben someterse a un proceso de secado.

La flor de la vainilla es una orquídea, de donde nacen unas vainas. Para que adquieras el olor característico, las vainas deben someterse a un proceso de secado.

Ellas son las encargadas de realizar la fecundación de la planta, a través de un método manual en el que se requiere delicadeza y precisión. “Las mujeres tienen más desarrollada la motricidad fina y por eso son más idóneas para este trabajo manual”.

Tras la primera producción, Uzcátegui inició un plan de difusión para promocionar las vainas secas.

Una de las acciones fue participar en ferias de emprendedores a escala nacional para que las personas conozcan el producto. Los chefs que asistían a esos eventos ya conocían el producto y fueron los primeros clientes.

También se empezó a vender a la escuela de Gastronomía de la USFQ para que los estudiantes aprendieran a trabajar con este producto.

Luego, la Asociación de Chefs del Ecuador también empezó incentivar el uso de la vainilla en los platos de alta cocina, a través de visitas educativas a la planta. “Eso nos fue abriendo un mercado nacional”.

Tomas Contag, del restaurante Muckis en El Tingo, al este de Quito, es uno de los clientes nacionales. Él compra, la vaina a USD 2, para elaborar helados, salsas y platos a la carta. “Es una excelente opción, porque si no tendría que importarla de México”.

Sin embargo, la producción empezó a aumentar en la plantación, pero a escala nacional solo se vendían 5 kilogramos al año. Así que el resto de la producción se almacenaba hasta encontrar compradores. “Guardada puede durar hasta 10 años”.

En cinco años se almacenaron alrededor de 300 kilos de vainilla. Durante ese periodo, la participación en esas ferias era constante. En uno de esos espacios se consiguió -a través de intermediarios - la primera exportación. “En tres meses vendimos todo y dimos la impresión que producimos mucho y no era así”.

Uzcátegui nuevamente recurrió a la ciencia para encontrar un método que permita que la floración se dé en menor tiempo y no a los tres años, como en las primeras plantaciones.

Él afirma que si no se cambiaba esa metodología, el negocio quebraba porque luego de la floración se debe esperar nueve meses más para cosechar las vainas. Ese es el tiempo que tarda el plástico de los viveros en deteriorarse. Ese material equivale al 30% de la inversión de un invernadero de 1 000 metros cuadrados (USD 25 000). Así que se hicieron nuevas pruebas y se descubrió que si se hace una poda al año, la planta igual florece y a los nueve meses puede cosecharse.

En la actualidad se exportan 300 kilos anuales a más de 10 países. Además se exportó por primera vez, 4 000 plantas patentadas a Filipinas.

Las cifras

300 kilos de vainas de vainilla se exportan a EE.UU., Perú, Argentina, Alemania, Filipinas, Taiwán y otros.

20 trabajadoras se encargan del cultivo y cosecha de la vainilla.

7 productos derivados de la vainilla se producen en una planta ubicada en Tabacundo.

1 año tarda la planta en florecer y nueve meses para que esté lista para cosecharse.

2 dólares es el valor en que se vende la vainilla ecuatoriana.

El gerente

Eduardo Uzcátegui 


Ser pioneros no ha sido fácil porque debimos crear nuevos conocimientos para el cultivo y control de plagas sin dejar de ser plantaciones orgánicas. Además, los nuevos productores dependen de nuestros aciertos. Pero es un negocio rentable. En un vivero de 1 000 metros cuadrados se invierten USD 25 000. Pero genera USD 60 000 anuales. En el mundo hay pocas plantaciones, porque el cultivo requiere dedicación.