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Redacción Sierra Norte
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La agricultura biológica potencia a esta plantación

La industria de aceite de palma está empeñada en la producción amigable con el ambiente. Así se resaltó en la III Conferencia Latinoamericana de Producción Sostenible de Palma, que se realizó hace dos meses en Quito.

En el país, Ales Palma, que es parte de Industrias Ales, incursionó en esta tendencia mundial hace un año y medio, según explica Jorge Troya, gerente de Desarrollo de esta firma.

Industria Ales posee aproximadamente 4 000 hectáreas de palma aceitera en San Lorenzo y Quinindé, Esmeraldas. El producto está destinado a la producción de aceite comestible, que se comercializa en el mercado nacional e internacional.

En la finca de San Lorenzo (3 000 hectáreas de palma) se produce un promedio de 400 toneladas diarias de este fruto. El 20% corresponde a aceite de la fruta; el 5% al interior de la semilla o palmiste; y el 75% restante es el vegetal exprimido, explica Iván Morales, superintendente de la plantación de San Lorenzo, donde existen 942 hectáreas de bosques primarios.

Morales cuenta que en esta plantación se sustituyeron los químicos por productos orgánicos. “Tenemos un departamento de investigación con un laboratorio dedicado a buscar microorganismos que nos ayudan a combatir enfermedades que afectan a las plantaciones”.

Ahora, precisamente, se investigan agentes orgánicos que impidan que la planta se pudra. Este es uno de los problemas más graves que enfrentan los palmicultores, comenta Morales.

La agricultura biológica consiste en recoger del suelo microorganismos beneficiosos, como hongos y bacterias, e incorporarlos al área de cultivo, explica Víctor Lema, jefe del área de Sanidad Vegetal de la plantación de San Lorenzo. “En las fincas de Ales Palma se tomaron muestras de los suelos de cultivo que son muy productivos y poco productivos, y de las reservas de bosques que poseemos”.

Allí se evidenció una serie de cepas que fueron analizadas. En el caso de las bacterias y hongos que destruyen las plagas, por ejemplo, se las reprodujo en los laboratorios y se les restituyó en las plantaciones, comenta Lema.

Para Patricia Chávez, coordinadora académica de la Escuela de Ciencias Agrícolas y Ambientales de la U. Católica de Ibarra, la agricultura biológica permite obtener certificaciones verdes. Estos sellos de calidad implican manejar bien los desechos orgánicos e inorgánicos que genera una empresa y tener un plan de manejo ambiental. “Esos parámetros abren los mercados foráneos especialmente para productos alimenticios”.