Colaboradores preparan la parafina para la elaboración de un nuevo ítem: velas ecológicas
Sebastián Angulo. Redacción Quito / LÍDERES
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Almon, durante tres décadas sus velas siguen prendidas

En los principios de la década de los ochenta, uno de los sueños para un economista que se graduaba en la universidad era gerenciar una multinacional o un banco de gran prestigio. Para Alfonso Hernández, no. La idea de tener su propia empresa le quitaba el sueño.

Su ímpetu era tan grande que, cuando conoció a Mónica Vivanco -quien se convirtió en su esposa en 1983-, también le contagió su espíritu emprendedor.

El joven matrimonio decidió incursionar en el negocio de las velas. Hernández había trabajado en Paraceras Ecuatorianas, una firma española que distribuía materias primas, como parafina y cera.

Hernández, al conocer cuál era la dinámica del mercado, creyó que el camino para iniciar su empresa era más fácil. Pero no fue así. Luego de invertir unos USD 475 para adquirir moldes y parafina, y aplicar procesos artesanales para elaborar las velas, el negocio fracasó y debió abandonar su proyecto por un año y medio.

El primer intento le dejó una lección: la tecnología en los procesos productivos es clave para fabricar con rapidez y mayor calidad. Por ello, invirtió USD 800 en una máquina para fabricar velas.

Así, en 1985 nació Almon. La marca es el resultado de la fusión de los nombres de la pareja (Alfonso y Mónica). Aunque ellos ya contaban con una línea de producción tecnificada, otro reto fue abrirse mercado y distribuir los ítems.

Entre los recuerdos de Hernández están viajes al Oriente, a la Costa o lugares recónditos de la Sierra, para entregar personalmente los paquetes de velas.

28 años después, el esfuerzo dio sus frutos. Ahora, Almon fabrica 300 000 paquetes de velas al mes en su misma planta donde iniciaron, ubicada en el valle de Los Chillos (suroriente de Quito). Durante estos años han logrado cubrir un cuarta parte del mercado.

En sus casi tres décadas de operaciones, Almon ha buscado renovar constantemente sus productos. Ha probado con materias primas chinas, brasileñas y sus propias mezclas. En la década de 1990 el negocio repuntó debido a los racionamientos energéticos; el consumo de velas por los apagones se intensificó.

Pero Almon también tuvo que enfrentar otro embate, al igual que muchos ecuatorianos, sufrió el congelamiento de sus depósitos en el feriado bancario de 1999 y la dolarización, en el 2000.

Con recortes de personal y presupuesto lograron estabilizar el negocio a mediados del 2001. Gracias al crecimiento y la reinversión, la empresa nuevamente creció en la década pasada.

A pesar de que la época de los apagones terminó en el país, Almon le siguió apostando a las velas. Esta firma se consolidó gracias a la innovación. Las 'velas de apagón' de colores y velas decorativas forman parte de su portafolio.

Actualmente, la segunda generación es responsable de estos cambios: Francisco, Alfonso y Mónica Hernández Vivanco ahora aportan con sus conocimientos para que la empresa se modernice y se promocione en medios digitales.

Leonardo Maldpud es propietario de Leomal, distribuidora de velas. Él comercializa los productos desde hace 22 años. Al mes vende unas 700 cajas; la época de mayor demanda es noviembre, por el Día de los Difuntos. "Es un producto con tradición y calidad", añade. En ello coincide Lenin Morocho, gerente de Súper BM, autoservicio especializado en cocina, hogar y decoración en Santo Domingo de los Tsáchilas.

Los productos Monicandles . Es una nueva línea de la empresa que distribuye velas ornamentles, por medio de una página web.

Los distribuidores.  A escala nacional, cuentan con 13 grandes distribuidores. Desde hace unos 15 años también comercializan menaje de hogar.

El insignia

'Se preocupan del ser humano'

Walter Paucar. Contador

Ingresé a la compañía a los 18 años, como empaquetador de velas. Cuando me incorporé, el gerente tenía un proyecto para los empleados: a más de trabajar, él buscaba que nos formemos.

Por ello, nos dieron la posibilidad de estudiar la secundaria. Gracias a los estudios secundarios pude ascender a asistente de contador. También estudié a distancia contabilidad y fruto de ello ahora soy el contador de toda la compañía.

Trabajar en Almon ha sido muy bueno, porque se preocupan no solo del ámbito profesional, sino también de que crezcamos como personas. Los directivos están preocupados de nuestros ámbitos con el fin de que tengamos bienestar y por ende, buen desempeño.

'No es solo importante ganar un buen sueldo. también nos ofrecen bienestar".