Redacción Quito
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La ansiedad lleva a postergar el trabajo

Son las 08:30. Lo primero que hace Andrés al llegar a su trabajo, una constructora, es encender su computadora. La primera dirección que teclea es facebook.com. Luego de revisar su perfil, comentar algunos estados de sus amigos decide entrar a YouTube. Mira algunos videos cómicos, luego pasa a unos de sus artistas favoritos. Deja a un lado los videos y se pone al tanto de las noticias, de la política y del deporte.

Ya son las 10:30 y Andrés todavía no ha comenzado con su trabajo del día. Pero decide hacerlo, para tomar fuerzas se prepara un café y se demora 20 minutos. Él es una de las personas que posterga su trabajo, es decir procrastina.

Procrastinar proviene del latín pro: adelante, y crastinus: que se refiere al futuro. Según la Real Academia de la Lengua, significa aplazar o postergar. En cierta medida, todos hemos procrastinado. Pero, ¿qué sucede cuando este problema se agudiza en la jornada de trabajo y afecta en el desempeño laboral? Esteban Prado, psicólogo organizacional, señala que la procrastinación no es un síndrome, sino más bien es un síntoma. El aplazamiento de trabajo y responsabilidades puede ser un indicador de que el entorno laboral no está del todo bien. Podría existir un conflicto en las relaciones con sus jefes o compañeros, falta de motivación, o que al empleado no le gusta el trabajo. Por ello, evadir responsabilidades por medio de excusas es una actitud constante del empleado.

Por esta razón, los procrastinadores suelen ser trabajadores poco comprometidos, que no presentan nuevas propuestas y que su trabajo no posee un valor agregado. Prado recomienda que cuando se presentan estos casos, la persona debe realizarse una autoevaluación y preguntarse si es que le gusta su trabajo, qué le motiva a trabajar en ese lugar y qué es lo que le molesta.

Bryan trabaja en una consultora de marketing. Él también se considera un procrastinador; pero él mira eso como una virtud. “Yo trabajo mejor bajo presión”. Aunque reconoce que el hecho de dejar las obligaciones para último momento, en ocasiones ha puesto en riesgo la entrega de proyectos; sin embargo, la calidad de los mismos no ha disminuido. “Procrastinar es distraerse, esperar para que fluyan las ideas, pero a veces eso puede volverse en un mal hábito si es frecuente”.

Para Lucía González, profesora de Psicología Organizacional de la Pontificia Universidad Católica (PUCE), la procrastinación es producto de la ansiedad, y esta puede ser provocada por el miedo a las actividades que se van a realizar. González sostiene que generalmente este comportamiento se presenta cuando se van a realizar nuevas tareas, como en el cambio de un puesto. El principal efecto, asegura, es la falta de eficiencia que desemboca en trabajos con poca calidad.

La especialista también recomienda que la primera regla para combatir la procrastinación es reconocerla. Posteriormente, analizar qué es lo que produce la ansiedad. En el caso de que el comportamiento sea agudo, se debe acudir a un especialista para analizar la raíz de la ansiedad.

En casos extremos, González asegura que la persona debe cambiar de trabajo para dejar de procrastinar y mejorar su estilo de vida. “Las tareas agradables y la afinidad con el entorno son las herramientas para que el empleado no se distraiga y cumpla con sus obligaciones”.

Las recomendaciones

Limpia tu escritorio.  Al finalizar cada jornada, limpiar el escritorio para que al día siguiente este no sea un motivo de distracción.

Los programas.  Cuando se trabaja en la computadora, mantener abierto solo los programas indispensables.

El descanso.  Dormir lo suficiente, preparar el cuerpo para la siguiente jornada es un punto clave para no procrastinar.

La agenda.  Una de las actividades principales sugeridas para estos casos es trazarse un cronograma de actividades que servirá de guía para no perder el tiempo en la jornada laboral.