Antonio Loya y Wendy Escobar acompañan a un grupo de abuelitos a los que brindan sus servicios en la casa hogar Mi Amigo Divino, que funciona en Capelo, al oriente de Quito. Foto: Valeria Heredia / LÍDERES

Antonio Loya y Wendy Escobar acompañan a un grupo de abuelitos a los que brindan sus servicios en la casa hogar Mi Amigo Divino, que funciona en Capelo, al oriente de Quito. Foto: Valeria Heredia / LÍDERES

Valeria Heredia  (I) 
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El cuidado de los abuelos es una idea que crece con amor

30 de agosto de 2016 09:15

La música nacional alegra a los adultos mayores de la casa hogar Mi Amigo Divino. Unos aplauden, otros cantan y, los más alegres, bailan al son de la música. Esta es una de las actividades que se realiza en este centro de atención para el adulto mayor, ubicado en el valle de Los Chillos, Quito.

Sus dueños son los esposos Antonio Loya y Wendy Escobar. Siete años atrás, ellos empezaron con el sueño de tener un espacio para la atención de los ‘abues’, como les llaman cariñosamente.

Wendy es psicóloga y trabajaba con niños. Pero decidió montar una casa hogar para brindar amor y compañía a las personas.

La primera casa que abrieron se localizó en San Rafael (cantón Rumiñahui). Era pequeña y tenía una capacidad para 13 personas. “Tuvimos mayor acogida por el servicio y abrimos más casas”.

Hoy atienden a 93 adultos mayores, distribuidos en cinco casas. El servicio creció y la pareja abrió una casa cada año y medio.

Adecuar una casa hogar representó un reto para esta pareja de esposos, ya que debían cumplir con ciertas normas de seguridad y de comodidad para los residentes.

Por ejemplo, las gradas cuentan con seguridad para que los abuelitos suban a los dormitorios con tranquilidad. Las habitaciones cuentan con la indumentaria necesaria para que estén cómodos.

La inversión alcanzó los USD 30 000. El rubro cubrió equi­pamiento e infraestructura.
“Tra­tamos de que sea una casa más no un centro hospitalario”, señala Antonio.
En el centro hay una serie de talleres para que las personas pasen días agradables. Las dos terapistas físicas se encargan de que los ‘abuelitos’ estén en movimiento. Es decir, que hagan ejercicios para mantener activos los músculos.

Además, tienen la terapia cognitiva, de la que se encarga Wendy. “No descuidamos la parte emocional, cognitiva del cerebro, ya que es importante que se mantengan las funciones el mayor tiempo. Así la memoria no se pierde tan rápido”.

En estos centros trabajan 28 personas de forma directa y dos indirectos; el personal se encarga de la movilización y la doctora valora a los residentes de este hogar.

Las experiencias y las anécdotas afloran cada día. Antonio recuerda con agrado la historia de una ‘abuelita’ que padecía de alzhéimer. Ella no se acordaba de su nombre, ni de su vida en español. Pero sí en inglés. Así que tuvieron que comunicarse de esta forma con ella. “Fue sorprendente”.

Por cada residente se cobra USD 550 al mes. El monto incluye todas las atenciones.
Una de las ventajas de esta casa hogar es que hay los denominados abuelitos becados. Son personas que no tienen las posibilidades de cancelar el monto. “Les tenemos aquí sin pagar ni un solo centavo. Se trata de personas que estaban en la calle o que les abandonaron”, afirma Loya.

Otro de los servicios que ofrece Mi Amigo Divino es la guardería, que incluye movilización puerta a puerta. Está dedicada a personas que no quieren desprenderse de sus familiares pero no pueden cuidarlas en la mañana o tarde. “Hacen actividades lúdicas. Están acompañados y regresan a sus casas”. Hay 12 personas.

Una de las partes más difíciles es que hay personas que no regresan por sus familiares. “Poco a poco se olvidan que tienen a los abuelitos aquí y no vuelven. Hay varios casos”. Otra situación difíciles es el fallecimiento. “Nos preparamos en ese tema cada día, porque es parte de la vida”.

El buen trato y el afecto son importantes

Gaby Espín trabaja en las casas hogar Mi Amigo Divino

"Trabajo cuatro años en el centro y es una experiencia increíble. Creo que Dios nos puso en este lugar para cuidar a los abuelitos y darles mucho amor, porque hay personas que vienen en circunstancias de soledad.

Los adultos mayores son personas especiales, ya que podemos aprender muchas cosas de ellos, de cada una de sus experiencias. Eso sí, es necesario saber cuidarlos. Además, hay que tratarlos con mucho respeto.

En mis cuatro años de trabajo he logrado rescatar varias anécdotas. Una que recuerdo es la historia de los novios: doña Magdalena y el señor Valladares. El señor tiene 90 años y le gustó la señora, que tenía 60 años. Los dos empezaron a conversar con frecuencia y ahora caminan de la mano y se cuidan.

Hay varias estrategias que utilizo, como la paciencia, el amor y la solidaridad. Lo que más me gusta es leerles cuentos, hacerles armar rompecabezas y más. Uno de mis aportes es mejorar el cuidado a los abuelitos".