Xavier Montero / Redacción Quito
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La depresión se trata con la ayuda de la empresa

Era marzo del 2009 y Jorge permaneció tres días recluido en su departamento. Atravesaba una crisis emocional derivada de una pérdida familiar.

En esos tres días no contestó unas 40 llamadas de sus compañeros de oficina. Él trabajaba en una entidad bancaria de Quito. Dos meses después del sepelio de su esposa e hija decidió dejar los antidepresivos. “Mis jefes me permitían acudir al tratamiento sicológico. Es difícil porque la gente no sabe cómo tratarte en esos casos. Por otro lado, no quería causar ‘lástima’ en mi entorno”, cuenta.

El apoyo moral de los mandos gerenciales es vital en este tipo de situaciones. Así lo considera Óscar Aguirre, gerente internacional de la consultora en desarrollo empresarial Desempre. Hoy, las empresas deben pensar en un plan de acción en estas situaciones ajenas a su voluntad, asegura este ejecutivo.

Para Aguirre, no se trata de ventilar los problemas personales de los colaboradores en cada junta directiva. No obstante, considera importante establecer una guía de acción en estos casos. “Pueden complementarse con los análisis del departamento de RR.HH.”.

Para Gabriel Recalde, director del Observatorio de la Política Laboral de la Universidad Internacional SEK, el empleador debe tomar partido siempre y cuando cuente con la colaboración del empleado. “Es indispensable un diagnóstico médico, público o privado”.

Aquello, manifiesta Recalde, asegura el compromiso del colaborador en culminar el tratamiento médico. El no hacerlo podría ser causal de visto bueno.

Recalde comenta que este tipo de padecimientos sicológicos no están contemplados en la normativa laboral. Sin embargo, en el numeral 24 del Artículo 42 del Código del Trabajo se obliga a que cada empresa con más de 100 empleados contrate los servicios de un trabajador social. Este profesional puede encargarse del seguimiento de depresiones en los empleados de una compañía.

“La depresión (ajena a cuestiones del mismo trabajo), es un tema delicado dentro de las oficinas”, opina la psicóloga Karina Naranjo. Una opción valida en esta situación, añade, es permitir a un colaborador cambiar de ambiente.

A tres años de su tragedia, Jorge C. regresa a Quito cada dos meses. Hoy trabaja para una sucursal del banco en el sur del país; conformó una nueva familia.

Víctor Maldonado, gerente de RR.HH. de la firma SiCobra, cuenta que en la firma se presentan cada mes hasta dos casos relacionados con este padecimiento. Los cuadros son analizados por un equipo de médicos ocupacionales, sicólogos, trabajador social...

Cuadro

Una enfermedad. El rendimiento puede afectarse por la inestabilidad emocional.
El diagnóstico. Es necesario contar con un diagnóstico médico.
El seguimiento. El apoyo hacia el colaborador debe evaluarse con el compromiso del mismo para curarse.