Sebastián Angulo / Redacción Quito
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Diego Ordoñez: por innovar en la arquitectura ganó un premio en Inglaterra

A Diego Ordóñez le gusta el ciclismo. Cuando vivía en Quito, hace tres años, solía ir con frecuencia a pasear en el Parque Metropolitano, en el norte. Desde junio del año pasado circula en bicicleta todas las mañanas por las calles de Londres, para ir a su trabajo en Balmond Studio, una firma de arquitectos.

Este quiteño de 34 años de edad es parte del equipo que obtuvo, en marzo de este año, el tercer premio mundial en Innovación en los Holcim Awards.

Este galardón lo otorga la empresa suiza Holcim cada tres años, a través de la Fundación Holcim, para los proyectos que buscan la construcción sostenible.

En el 2009, Ordóñez viajó a Inglaterra para estudiar una maestría en Arquitectura y Urbanismo en la Architectural Association Inc. de Londres (AA). Junto con tres compañeros de este programa de estudios, Povilas Cepaitis (Lituania), Luis Enrique y Carlos Piles (España), hizo una investigación, en el 2010. Por la calidad del trabajo, sus profesores les sugirieron que participaran en el certamen.

El concurso tiene dos instancias. La primera se realizó en el 2011 y convocó a una fase regional, que está dividida en cinco zonas: Europa, Norteamérica, Latinoamérica, África y Oriente Medio, y Asia. Su equipo se hizo acreedor al primer premio en la zona europea.

Mientras que la segunda fase, en la que participan solamente los ganadores de cada una de las cinco regiones, se llevó a cabo en marzo de este año. En esta etapa lograron el tercer puesto y una mención en la categoría de Innovación y Construcción Sostenible.

Los cuatro arquitectos presentaron su iniciativa denominada ‘Cast on Cast’. Este es un sistema de parametrización y método de fabricación, que fue reconocido por el jurado como “una síntesis de ecología e innovación”.

Diego Ordóñez define su proyecto como “una investigación de carácter multidisciplinario, que interrelaciona la arquitectura, las matemáticas, la ingeniería civil y las tecnologías de fabricación digital”.

Pero este logro se comenzó a escribir 18 años atrás. La pasión por el diseño de este arquitecto despertó en la secundaria, cuando cursaba sus estudios en el Colegio Intisana.

Además, la arquitectura lo acompañó desde su infancia debido a que su padre, José Ordóñez, también es arquitecto; esto también influyó al momento de elegir su carrera universitaria.

Su padre comenta que Diego siempre fue muy hábil para hacer maquetas. Cuando era niño hacía instrumentos musicales pequeños, como baterías o pianos con cartón. En alguna ocasión le regaló una de estas manualidades como obsequio de cumpleaños.

Luego de obtener su bachillerato (1995) ingresó a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Quito. En el segundo semestre participó en un concurso nacional de diseño de muebles, en representación de su centro de estudios. El certamen lo organizó la empresa Edimca y ocupó el primer puesto.

Esta experiencia le marcó y le estimuló para adentrarse en el mundo del diseño y buscar nuevas propuestas. Sin embargo, en 1997 hizo un alto en sus estudios para realizar un largo viaje de turismo a EE.UU. En su recorrido aprovechó para apreciar la arquitectura en ese país.

A su regreso, en 1998, retomó sus estudios y en el 2002 obtuvo su título de arquitecto. Pero antes de finalizar la carrera, los estudiantes de esa universidad deben cumplir un programa de labor social, como requisito para graduarse. La participación en este programa (ayuda social) es uno de los recuerdos más gratos que tiene de su vida universitaria.

Bernardo Bustamante fue su compañero de clases. Sostiene que una de las cualidades que admira de Ordóñez es su autocrítica. También recuerda el buen humor que tenía, a pesar de su “seriedad”.

Además, en época de vacaciones, entre junio y agosto, se enrolaba en los programas de ayuda comunitaria que realizaba su centro de estudios. Viajaba a provincias con compañeros y profesores para dictar clases en escuelas rurales o trabajar en la construcción de casas.

Fernando Calle dirigió su tesis de grado que consistía en el diseño de un centro de convenciones, en el sector de Tumbaco (nororiente de Quito). Calle afirma que la tesis estaba muy bien elaborada; resalta su creatividad y sus cualidades para el diseño. También, comenta que era un “joven introvertido y muy respetuoso”.

Diego Ordóñez inició su vida laboral en la empresa de su padre, Ordóñez Arquitectos. Desde que era estudiante universitario trabajaba como dibujante en la compañía. Luego, tras alcanzar su título profesional, ocupó el cargo de arquitecto.

Evelina Peralta, profesora de Taller de Diseño en la universidad y directora de la revista de arquitectura Trama, señala que Ordóñez era un joven de pocas palabras, pero muy expresivo en sus diseños. Lo recuerda como “ un buen estudiante y dedicado a la hora de hacer sus trabajos”.

Ahora, su padre está ansioso de poder ir a la premiación del concurso mundial, que se realizará en Londres, en septiembre. Comenta que no pudo viajar a la premiación de la primera fase, en Italia, por los trámites de la visa, debido a que no le comunicaron con anticipación.

Actualmente, Diego está casado con la quiteña Andrea Lizarralde. Tienen dos hijos: Sofía de 3 años y Felipe de 1.

Su jornada, en Londres, se inicia a las 07:00. Su primera tarea es dejar a sus hijos en la guardería y luego se dirige a su oficina a las 09:30. Su trabajo concluye, generalmente, a las 20:00. Los fines de semana los aprovecha para salir con su familia, visitar los museos y pasear por la ciudad.

Los domingos tiene la costumbre de acudir a una iglesia católica.

El proyecto

Sostenibilidad. La iniciativa es sustentable debido a que reduce espacios a través del uso de geometría compleja. Eso ahorraría materiales.

Aplicación. En el momento, se encuentran en la búsqueda de empresas patrocinadoras para la aplicación en proyectos concretos.