hostería D’Carlos

La familia Vélez se dedica al turismo desde hace 16 años. Ellos son los propietarios de la hostería D’Carlos, ubicada en el kilómetro 7 de la vía Santo Domingo - San Miguel de los Bancos. Foto: Juan Carlos Pérez / LÍDERES

María Victoria Espinosa (I)
redacción@revistalideres.ec
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Esta hostería se consolida gracias a la unidad familiar

21 de June de 2015 15:57

El terreno donde hoy funciona la hostería D’Carlos era un potrero ubicado en la vía Santo Domingo - Las Mercedes.

Pero Carlos Vélez se planteó convertir ese sitio en uno de los primeros balnearios del cantón. Él recuerda que desde que tenía 10 años quiso emprender un negocio turístico. Pero el sueño se cumplió en 1999, cuando adquirió un lote de 6 000 m2, en 6 millones de sucres (USD 240, en la época).

Dice que esos eran sus únicos ahorros y no le alcanzaba para adecuar el lugar. Sin embargo, se propuso una fecha para inaugurar la primera ‘salsoteca de campo’: 18 de diciembre de 1999. Vendió la radio de su taxi para levantar un techo con paja toquilla y caña guadúa. Ese lugar serviría como una pista de baile. “Un club de fútbol me prestó las sillas, alquilé un discomóvil y abrí mi negocio”.

Recuerda que cientos de personas asistieron ese día y uno de los motivos para atraer al público fue que en Santo Domingo no había espacios para bailar, jugar fútbol y bañarse en el río. Para el primer aniversario se le ocurrió llevar al artista lojano Máximo Escaleras. Allí identificó una nueva puerta para el emprendimiento, porque en este cantón tampoco se organizaban conciertos a menudo.

Desde entonces, la ‘salsoteca’ se convirtió en balneario. Allí se construyó una piscina (hoy suman cuatro) y se organizaban presentaciones de artistas internacionales, sobre todo de Colombia.

Pero según Vélez, para que un negocio progrese se debe innovar. Hace cinco años, los conciertos dejaron de ser rentables, así que el negocio familiar empezó a perfilarse como una hostería.

Por ello, este emprendedor adquirió una hectárea de terreno a los costados del negocio, para construir una piscina de tilapias, desarrollar áreas ecológicas, edificar 14 habitaciones, colocar un sauna y habilitar un ‘hidromasaje natural’. Este último se ha convertido en un atractivo del lugar.

Para Édgar Quimbo, de la operadora Blue Planet Ecuador, esos nuevos servicios hicieron que la hostería D’Carlos fuera considerada un atractivo para ofertar al turismo internacional. “Los extranjeros, por lo general, buscan lugares donde descansar y estar en contacto con la naturaleza”.

En la actualidad, D’Carlos tiene clientes fijos de Alemania, Estados Unidos, Polonia, entre otros. Más de 10 000 personas visitan anualmente este negocio familiar.

El quiteño José Carranco es uno de ellos. Cada año se hospeda con su familia en temporada de vacaciones escolares (julio-agosto). “Tienen lugares para niños y adultos; realizan concursos divertidos y podemos visitar a los tsáchilas”.

Para que la estancia sea divertida, Vélez diseñó una ruta en forma de zigzag en el bosque. “El turista ingresa por un sendero y debe atravesar obstáculos. Al terminar, sale por otra ruta y piensa que el bosque es inmenso, pero tiene menos de una hectárea”.

Pero estas ideas no las ha planteado solo. Sus hijos Miguel, Roberto, Génesis y su esposa María Mendieta son sus consejeros. Ellos siguieron carreras afines al turismo y se encargan de la publicidad y los paquetes de servicios.

De hecho, en los últimos años han impulsado los paquetes empresariales y también para personas con discapacidad y de la tercera edad. “Adecuamos caminos y habitaciones específicas para que ellos se sientan cómodos”.

Roberto Vélez asegura que uno de sus logros fue haber calificado para que empresas como Despegar.com oferten la hostería, en la que se ha invertido USD 400 000.

Para el presidente de la Cámara provincial de Turismo, Lizardo Suárez, la hostería D’Carlos se ha posicionado en Santo Domingo gracias a la calidad del servicio y la innovación. “Cada mes ofrecen algo nuevo. Desde una estatua hasta un platillo o un sendero. Eso marca la diferencia”.

INSIGNIA


‘He fusionado la teoría con la experiencia’

Miguel Vélez. Administrador

Desde hace 16 años trabajo con mi familia en este negocio. Empecé ayudándole a mi padre a limpiar mesas, atender a los clientes, cobrar, etc. Ahora me desempeño como administrador.

Esta experiencia me ha ayudado en varios ámbitos de mi vida. Por ejemplo, ahora que estudio marketing puedo complementar la teoría con la práctica.

Este negocio me ha ayudado a reinventarme cada día. Por ejemplo cuando tenemos grupos con alguna discapacidad nos esforzamos más para que se diviertan. De hecho, hemos modificado varios espacios para que se sientan cómodos. Una de las fortalezas de trabajar en turismo es que permite que el negocio innove cada día. Por ello siempre estamos pendientes de las tendencias mundiales y de cómo podemos adaptarlas a la hostería.

Trabajar con la familia es aún más gratificante, porque nos volvemos un solo equipo y miramos hacia un objetivo común. Además, siempre buscamos la forma de hacer sentir bien a los turistas.