Arturo Castillo (O) Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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Informalidad laboral: los jóvenes la sufren

El trabajo es la forma más común de abuso y explotación entre los seres humanos. Se trata de hábitos arcaicos, tan profundamente enraizados que no solo han pervivido hasta el tiempo presente, sino que se han legitimado como sustentos vitales del statu quo.

Obviamente, no es un problema de legislaciones, el asunto más bien radica en la visión utilitarista del ser humano. Es justamente el utilitarismo el que convierte a los trabajadores en objetos, en herramientas, cuyo valor radica en su capacidad productiva, sin ninguna posibilidad de reflexión y disfrute de sus quehaceres. Despojados de su 'alma laboral', los sujetos aceptan sumisamente regímenes no solo injustos sino degradantes.

Este es el contexto en el que los jóvenes deben insertarse laboralmente. Su credulidad, la inexperiencia, el deseo de salir adelante, les convierte en presas fáciles del abuso y la informalidad.

Generalmente, las presiones económicas, la limitada demanda ocupacional, la creciente competencia, influyen en las decisiones de los jóvenes, que no tienen más remedio que adaptarse a las injusticias y a la explotación.

La explotación dentro de los parámetros de la ley es tan dañina como aquella que ocurre subterráneamente. Un mecanismo que permite establecer relaciones equitativas, respetuosas y de auténtica posibilidad de desarrollo profesional es la creación de bolsas de empleo en los centros de educación superior. Entonces, la relación es vis a vis, de institución a institución, sin la asimetría habitual, que coloca a los jóvenes en situaciones de indefensión.

Aquel es un marco de confianza y seriedad, que tiene como ingrediente adicional el compromiso mutuo de auspiciar el éxito de los candidatos, mediante evaluaciones periódicas, con seguimientos de sus avances. Lamentablemente, esta posibilidad se restringe al mercado laboral formal.

En cambio, las llamadas 'pasantías', los 'períodos de prueba', los 'trabajos temporales', suelen tener el ingrediente común de la ambigüedad intencional. La fuerza laboral joven, barata, libre de ataduras legales, constituye un mercado negro, cuyas cifras difícilmente pueden establecerse.

El mensaje explícito para los jóvenes es que el abuso no es del todo reprochable, que solo es cuestión de percepciones.

[email protected] 'El utilitarismo  convierte al trabajador en objeto, cuyo valor radica en su capacidad productiva, sin ninguna posibilidad'