El Parque Yasuní está dentro de la Reserva de la Biósfera Yasuní, declarada así en 1980 por la Unesco. Foto: archivo / LÍDERES

El Parque Yasuní está dentro de la Reserva de la Biósfera Yasuní, declarada así en 1980 por la Unesco. Foto: archivo / LÍDERES

Agencia EFE
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La investigación que explora el Yasuní

13 de julio de 2017 16:08

A 270 kilómetros de Quito, en lo más profundo de la Amazonía ecuatoriana, el Parque Nacional Yasuní acuna una de las mayores reservas de especies de todo el planeta, una parte de cuya biodiversidad sale a la luz en un nuevo libro fruto de dos décadas de investigaciones.

Ubicado en la región oriental del país, con severas restricciones de acceso para proteger este exclusivo entorno, el Yasuní es hogar de un millón de especies, según los expertos. “El 80 % de las especies del Parque todavía no tienen ni nombre científico (...) y aún hay mucho por hacer”, asegura Kelly Swing, director de la Estación de Biodiversidad Tiputini (EBT), que comenzó sus trabajos a mediados de la década del 90.

Coautor del libro Los secretos del Yasuní, que se presentó la semana pasada, recuerda que en el mundo hay alrededor de nueve millones de especies, es decir que el Parque alberga a “casi el 10 % de todas las especies del planeta”.

Con esa publicación, en la que se compilan investigaciones de 30 biólogos de todo el mundo, los expertos quieren llevar a la sociedad los datos más emblemáticos de la riqueza de la Amazonía ecuatoriana.

David Romo, codirector con Swing de la EBT, dependiente de la Universidad San Francisco de Quito, indica que uno de los grandes problemas con el que se encuentran es que el conocimiento científico tarda “demasiado” en llegar a la gente.

Por ello, la publicación de 345 páginas, con textos, fotos y mapas, se ha hecho “con un lenguaje muy suave”, pero sin sacrificar la calidad de la información.

El Parque Yasuní está dentro de la Reserva da la Biósfera Yasuní, declarada como tal en 1980 por la Unesco, y es allí donde el EBT distribuirá su texto en colegios, de forma que indígenas kichwa, waorani, shuar y colonos puedan conocer más sobre su riqueza.

Con una inversión de USD 12 000 de la Cooperación alemana (GIZ) y USD 3 000 de la Universidad, el libro -editado en conjunto con el Ministerio de Ambiente- se repartirá también gratuitamente entre las comunidades locales para apoyar el turismo comunitario y reforzar científicamente los conocimientos ancestrales de esa zona. “Este es tal vez su aporte más grande, porque estamos desvelando los secretos del Yasuní a la gente que vive allí”, subraya.

En uno de los proyectos del EBT, los investigadores siguieron a través de cámaras las actividades de monos, osos hormigueros, ocelotes, jaguares, tapires y pumas, así como de otros muchos animales de un Parque que se extiende por un millón de hectáreas.

“Gracias a las cámaras podemos extrapolar información que nos permitiría aseverar que somos el país con la mayor concentración de jaguares por kilómetro cuadrado”, explicó.

El libro refleja asimismo el resultado del seguimiento hecho a plantas, murciélagos, chinches saltarines, felinos del Yasuní, aves, insectos, tortugas, anfibios y reptiles, así como las observaciones preliminares sobre la ictiofauna amazónica de Ecuador.

Una vida reflejada con fotografías y mapas a todo color, y acompañada de un análisis sobre los retos para su conservación.

Romo asegura que el manejo del petróleo es uno de los “problemas” que afronta el Yasuní. “Tenemos la oportunidad o la responsabilidad de salvaguardar la décima parte de todas las especies del planeta”, advierte Swing.

El investigador destaca que ni siquiera se conocen aún todas las “bondades” que estas especies podrían tener “para los humanos”, porque, se ha operado en una nube de ignorancia.
Swing recuerda que más del 60% de todos los fármacos usados en el mundo tienen sus orígenes en plantas y que en el Yasuní hay “miles de especies de plantas” de las que se han estudiado sólo 2% con fines terapéuticos. Catalogar todas las especies del Parque es ahora el gran reto científico. Una realidad para la que se necesitarían “miles de científicos” y que, a juicio de Swing, acabaría reflejando la verdadera “riqueza de la biodiversidad”.